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dimarts, 7 de juny del 2016

Los cuerpos de las mujeres son violados sistemáticamente y transportados como una mercancía hacia Europa

Artículo de Helena Maleno Garzón, periodista, investigadora experta en migraciones y trata de seres humanos y miembro del colectivo Ca-Minando Fronteras. Ha sido publicado en la Revista Pueblos.

Adolescentes y niñas de Douala Camerún. Foto de Helena Maleno
El neoliberalismo económico ha colocado a las mujeres, adolescentes y niñas migrantes y refugiadas en nichos laborales específicos vinculados a su cuerpo, sobre todo a la industria de los cuidados y al mercado sexual.

La demanda de estos servicios baratos desde Europa es posible gracias a la “cosificación” del ser humano, que transita como una mercancía más en muchas de las fronteras del mundo, entre ellas la del Sur, la del Mediterráneo. Por otro lado, la situación de violencia que genera la desigualdad y la pobreza es tan grande, que en algunas zonas de origen de las mujeres, adolescentes y niñas migrantes y refugiadas, el cuerpo de ellas se convierte en una oportunidad de éxito en el proyecto migratorio y por ende de desarrollo para la familia y la comunidad.
Ofrecer el cuerpo de las mujeres, sobre todo de las más vulnerables en un mercado transnacional, definido por los flujos migratorios y sus controles, es una realidad invisibilizada pero cada vez más presente en nuestras fronteras.
Mary no consigue expresar cuánto tiempo pasó en su camino hacia Europa, pero sí tiene momentos grabados como si fuesen cicatrices. Dice que muchas veces se siente enferma y sobre todo que tiene ese dolor constante por todo el cuerpo, que ningún medicamento ha logrado aliviar.
Nuestra frontera Sur lleva más de una década siendo redefinida a través de la militarización y el control, como un espacio donde no se aplican las leyes, ni convenciones internacionales y donde el discurso de seguridad se ha establecido como un imperativo.
De las discusiones sobre la migración como “problema”, las políticas han pasado a definir la frontera como un espacio de conflicto, y como en las “guerras” todo es posible, este discurso ha permitido la existencia de una zona de excepción para los marcos legales que garantizan los derechos humanos.
En estos contextos de militarización, el sistema de dominación patriarcal, ya sea a través de las comunidades migrantes, en las sociedades de tránsito y acogida, en las redes de trata o en las propias fuerzas de seguridad y control, se refuerza, haciendo más profundas las desigualdades de género. Y así se llega a la violación sexual sistemática que como componente endémico de todos los conflictos, también es usado en la frontera como un arma más.
Que otros usen el cuerpo de las mujeres, niñas y adolescentes, es vendido por pasadores, maridos, tratantes, autoridades, como una eficaz estrategia migratoria. Que otros usen el cuerpo de las mujeres, niñas y adolescentes, es visto por muchas de ellas como un sacrificio necesario para el triunfo del proyecto migratorio, y para el desarrollo posterior de un proyecto colectivo, que incluye a la familia, la comunidad y a las generaciones venideras.
Mary vivía en una zona rural. No ha estudiado porque es la mayor de  cinco hermanos, no sabe leer, ni escribir, ni contar. Su concepto del tiempo se diluye porque no conoce los días de la semana, ni los meses. Mary, por el contrario, está hypersexualizada, y ha aprendido que si otros usan su cuerpo, ella tiene muchas más oportunidades de sobrevivir.
Odiaba su vida en África, sobre todo los abusos de su padrastro. Finalmente un día le anunciaron un matrimonio con un señor del pueblo de al lado, de cincuenta años. Mary tenía once en aquel momento.
La casa más bonita de su pueblo, construida en ladrillo, pertenece a Mammy Joey, que vive en Francia. Mammy ayuda a las chicas a viajar a Europa a través de su primo, Mary quería que su suerte cambiase y poder viajar también.
Las mujeres, niñas y adolescentes migrantes y refugiadas son empujadas sobre todo por la pobreza, los conflictos bélicos, y la búsqueda de un acceso a derechos fundamentales, y huyen de una desigualdad de género institucionalizada. La desigualdad en sus países de origen, representada por la violencia intrafamiliar y sociopolítica, ha marcado sus vidas y sus decisiones migratorias.
Muchas de ellas fueron madres antes de salir de su país, incluso tuvieron sus hijos siendo niñas o adolescentes, sufrieron violencia sexual, a muchas otras se les practicó la ablación genital.
Mary consiguió salir de su pueblo, el primo de Mammy Joey le dio una “oportunidad” a ella y a otras cinco niñas más. El primo le contó que Mammy Joey también comenzó como ellas, que otra Mammy la hizo viajar, y que por eso había prosperado.
El camino fue muy difícil para Mary, sólo con 12 años, el primo la violó a ella y a las otras. Les explicó que era la forma de sobrevivir y las enseñó a practicar el sexo oral. A partir de ese momento Mary entendió que su cuerpo y el de todas las mujeres de ese camino servía para no morir. En el desierto daba igual la nacionalidad, incluso en Argelia Mary vio cómo se compraban también niñas y mujeres blancas. Sus compañeras le contaron que las chicas venían de Siria, donde había una guerra terrible. Mary tenía mucha pena por ellas porque escuchaba cosas horribles sobre las guerras.
La cronología de muchas mujeres, niñas y adolescentes durante el tránsito migratorio no se escenifica a través del tiempo o del espacio, sino de relatos que nos presentan vulneraciones de derechos humanos. Muchos de estos discursos se construyen en tercera persona, a través del cuerpo de otras mujeres, como una estrategia de resiliencia.
Transportadas en rutas utilizadas por el tráfico de drogas y el armamento, sus cuerpos son una tercera mercancía. Las situaciones de inseguridad de estos tránsitos, incluso con presencia de conflictos bélicos, hacen que las mujeres no tengan posibilidad de denunciar la violencia en los sistemas legales de los países. Ellas son consideradas en primer lugar como “clandestinas”, “putas”, “negras”, “pobres” y se las expulsa del sistema de acceso a derechos.
A ellas no se les permite existir salvo en esa construcción paralela donde transitan las personas migrantes. Por ello, esa violencia institucional tiene en las víctimas un peso igual o incluso mayor que otras violencias, como aquellas que se suceden dentro de las comunidades migrantes, las de los pasadores, o incluso las de las redes de trata.
En las narraciones de ellas tiene más dolor la violación de un soldado, o una devolución en caliente, porque significa la invisibilidad ante aquellos que deberían protegerlas. Las mujeres, niñas y adolescentes, hablan de amenazas, encierros, insultos, secuestros, pero también de palizas, latigazos o castigos. Sobre todo explican una terrible y sistemática violencia sexual ejercida por todos los hombres, sea cual fuere su procedencia o posición dentro de la sociedad. Desde los compañeros migrantes hasta los militares que controlan las fronteras, el uso de la violación es un instrumento de poder ejercido contra mujeres, niñas y adolescentes. Violencias que en la mayoría de los casos se suceden con total impunidad.
Mary ha olvidado los nombres de los lugares por los que transcurrió su trayecto migratorio. Sólo algunos quedan en su memoria, no puede creer cuando ve un mapa lo lejos que está su casa, y la fuerza que ha tenido hasta llegar a su destino.

dilluns, 11 de gener del 2016

"El problema no está en los misóginos radicales, que son pocos y aburridos, sino en los indiferentes de izquierdas, que son muchos y graciosos"

Artículo  Jule Goikoetxea, doctora en filosofía e investigadora, publicado en su web
Se nos educa para que sintamos mucho más ciertas violencias y degradaciones que otras, más la muerte de un ser humano que de una mosca, más la violencia contra los hombres, sobre todo si son gudaris, políticos y/o ricos, que contra las mujeres, sobre todo si no son gudaris, políticas y/o ricas. Se haga con intención o no, el discurso patriarcal es dominante en todas las instituciones y todos los medios, no hay más que ver la cantidad de espacio que se le da a dichas muertes y sufrimientos, y la cantidad (y calidad) que se le ofrece a ESO que mata a 700 mujeres por década, a ESO que explota y degrada sistemáticamente, en bonanza y en crisis, a la mitad de la población.
Es sarcasmo izquierdoso, tan informal como institucionalizado, tan socializado que aquellos que lo llevan a cabo ni siquiera lo identifican como tal. Es violencia de la buena, esa que se reproduce sin intención, esa que invisibiliza, desprestigia e infravalora a las mujeres sin estrategia androcéntrica explícita, basta con que los jefes de redacción, los líderes de opinión, políticos y profesionales actúen con total normalidad, ya que es esa SU normalidad la que reproduce la violencia.
Una violencia, simbólica y material, que si no se confronta conscientemente y a diario, con esfuerzo y persistencia, seguirá su curso durante miles de años más, con la misma normalidad con la que entras en cualquier diccionario digital para buscar un sinónimo pongamos de “coqueta” y te encuentras con que además de que todos te reenvían a “coqueto”, porque como todo el mundo sabe la O va antes que la A en el orden alfabético, te describe como “frívola, vanidosa, provocadora” mientras que “coqueto” es algo agradable, mono, acogedor. Y si, frívola, vanidosa y provocadora, introduces la palabra “golfa”, te redirige a “golfo: pillo, sinvergüenza, granuja” para a continuación insultarte de nuevo, científicamente, por supuesto, como “golfa: prostituta, ramera, fulana”. Y puedo seguir siendo científicamente clasificada en la zona más perversa de la historia de la humanidad durante prácticamente todo el orden alfabético de la A a la Z, Z de Zorro: astuto, pícaro, sagaz, pero Z de Zorra: prostituta, ramera, fulana, puta.
La violencia contra las mujeres se enseña en la calle, en las paradas de autobús, en los libros de texto, en la familia, la escuela, la tele, la prensa, los diccionarios y el puesto de trabajo, de forma totalmente democrática. La violencia simbólica y material contra las mujeres se reproduce a sus anchas mediante el sistema sanitario, judicial, legislativo, educativo, productivo… “700 mujeres asesinadas en el estado español en los últimos 10 años”. Y la gente se lleva las manos a la cabeza, mientras proliferan las cuentas en las redes sociales justificando estas muertes (del tipo @muerenpocas) y mientras el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (y recalco: Sanidad e Igualdad), se felicita cada vez que cierra una de esas cuentas; cuentas cuyos propietarios tienen un perfil “abyecto y miserable” dicen desde el Ministerio. Sí, un perfil abyecto y miserable, pero en libertad. Igual que aquellos perfiles que en libertad y legalidad pagan a las mujeres un 23% menos que a los hombres por el mismo trabajo. Igual que los perfiles que consienten que sus parejas, mujeres, trabajen 2 horas más de media al día que ellos en trabajos no remunerados. Perfiles que a su vez se llevan las manos a la cabeza ante las estadísticas de muerte que si no fueran solo de mujeres, se considerarían cifras propias de un conflicto, además de político, armado, y en toda regla.
Pero de nada sirve sentirse indignado y llevarse las manos a la cabeza. La indignación sin activismo es como la pena cristiana, que reproduce la pobreza para poder seguir sintiendo pena. Los gestos de sorpresa e indignación no son prácticas, son gestos que no hacen más que untar vaselina por todo el circuito de la reproducción patriarcal, de la misoginia material y simbólica pasando por la misoginia analógica y digital. La misma cara de sorpresa que pone el cura católico cuando alguien peca. El problema no es el Papa, el problema son los creyentes. El problema es estructural no sólo porque se reproduce mediante el Estado, los medios, las instituciones, sino porque son los indiferentes estructurales los que pueblan y dirigen las instituciones, el Estado, el sistema educativo, los medios… Los y las indiferentes estructurales son aquellas personas que han democratizado la violencia contra las mujeres. En especial todos aquellos demócratas que se llevan las manos a la cabeza mientras sin mover el culo de su epistemológico asiento presidencial (sea en el despacho, en el taller, en la familia, en actividades de ocio) se indignan con sus párpados y sin desatarse los zapatos mientras tachan de exageradas, poco rigurosas y subjetivas (versus objetivas) las prácticas, críticas y posturas feministas (y radicales) de sus compañeras y compañeros.

dissabte, 23 d’agost del 2014

"El silencio y la espera no son neutrales… Si no se hace algo para acabar con la violencia de género que ya ocurre, se está haciendo para que continúe." miguel lorente acosta

Artículo de Miguel Lorente Acosta publicado su blog AUTOPSIA

El autor es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada, Médico Forense por oposición (1988), Especialista de Medicina Legal y Forense, y  Máster en Bioética y Derecho por la Universidad de Barcelona. Actualmente es Profesor Titular del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Universidad de Granada.

Experto en el estudio de la violencia interpersonal, y muy especialmente en el de la violencia de género. Ha publicado más de 80 trabajos en revistas nacionales e internacionales de ciencias forenses, y ha colaborado con diferentes Gobiernos y organismos internacionales en materia de violencia contra las mujeres, entre ellos con la Organización Mundial de la Salud para el desarrollo de un “Protocolo  de actuación médico-legal para la atención a las víctimas de violencia sexual” .

También ha publicado libros sobre el tema, entre ellos “Violencia contra la mujer: Maltrato, violación y acoso”, “Mi marido me pega lo normal”, “El rompecabezas: Anatomía del maltratador” y “Los nuevos hombres nuevos”.

Su experiencia y formación lo han llevado a ocupar cargos de responsabilidad dentro de la Administración española. Fue Director  del Instituto de Medicina Legal de Granada (desde julio de 2003 hasta abril de 2008), Director de General de Asistencia Jurídica a Víctimas de Violencia de la Junta de Andalucía (desde diciembre de 2006 a Abril de 2008), y Delegado del Gobierno para la Violencia de Género del gobierno de España desde abril de 2008 a diciembre de 2011.
 Curriculum publicado en EL DIARIO.ES

Tiene que producirse la violación de una mujer para que se hable de las agresiones sexuales que se producen en España; tienen que cometerse, no ya el homicidio de una mujer, sino varios cercanos, para que se plantee un debate sobre la violencia de género en el seno de las relaciones de pareja; tiene que darse la circunstancia de que uno de los homicidios se haya cometido tras una denuncia y con una medida de protección en vigor, para preguntarse públicamente qué tipo de protección se da a las mujeres que denuncian este tipo de violencia; un maltratador tiene que asesinar a su hijo o a su hija para debatir cómo abordar el tema del régimen de visitas y la custodia tras las separaciones de las parejas donde ha existido violencia de género…   Y mientras tanto silencio. 
 
Silencio como si no pasara nada, como si todo estuviera controlado, como si el simple deseo de que no exista la violencia de género fuese la principal medida y acción para que no se produzca… Pero la realidad no es esa.

Y no lo es porque el silencio es el principal argumento de quienes buscan mantener y perpetuar la violencia sobre la culpa de las “malas mujeres” merecedoras de lo que les ocurre, y porque junto a ese silencio sobre la realidad están las palabras que buscan reforzar las ideas que el machismo ha situado como parte de la normalidad de la cultura y de la convivencia social… Es el mensaje de que las mujeres son “malas y perversas” por definición, y la argumentación práctica, ya nada de teoría, en cada palabra sobre las “denuncias falsas”, la provocación, la instrumentalización de su condición de mujer para arrebatarle los hijos a los hombres y echarlos de la casa…

El silencio y la espera no son neutrales… Si no se hace algo para acabar con la violencia de género que ya ocurre, se está haciendo para que continúe. Así de terrible, pero así de simple.

Por eso sorprende que ante cada nuevo “accidente” de la realidad, como ha ocurrido ahora con la violación cometida en Málaga, los argumentos hayan girado alrededor de las tres ideas tradicionales que aparecen en violencia de género:
  1. Por un lado la normalidad, bajo el razonamiento de que son más de 1000 violaciones las que se producen al añ Una normalidad que se llega a utilizar como “justificación jurídica” cuando en una sentencia del Tribunal Supremo se dice que 35 violaciones hacían la situación normal.
  2. Por otro, situar la responsabilidad sobre las mujeres que sufren las agresiones y las violaciones. Son ellas, se dice, las que deben hacer algo para evitarlas, y al mismo tiempo no se dice ni se hace lo suficiente contra los agresores y violadores, ni se manda mensaje alguno hacia los hombres que llevan o pueden llevar a cabo esta violencia. Una responsabilidad en las víctimas que luego es traducida al lenguaje coloquial como “culpabilidad” por haber hecho algo (provocación, flirtear, acudir a determinados lugares, dejarse acompañ..), o por no haber hecho nada (no ir acompañada, no haber vestido adecuadamente, no haber tomado medidas…)
  3. Y en tercer lugar está la idea del agresor como “chivo expiatorio”. Siempre hay, y ha habido, agresores en todas las manifestaciones de la violencia de género que han sido detenidos, y que se muestran públicamente como escarnio de lo sucedido y como purificación del ambiente. Son como el agua bendita que viene a lavar el escenario y las conciencias para que todo se entienda como ese accidente de la excepcionalidad, en lugar como la rutina de una normalidad que se intenta aparcar en el rincón de la infrecuencia para restarle trascendencia y, sobre todo, significado. Para que cada hombre detenido pague por todos los violentos que no son detenidos, por muchos otros hombres que se plantean la violencia como opción si se dan las circunstancias, y por todos los que callan o hablan desde el posmachismo. No olvidemos que según el Eurobarómetro de la UE (2010), un 15% de la población europea considera que la violencia sexual “no es grave” .
Vivimos una verdadera “feria de violaciones” de Derechos Humanos en las mujeres a través de las diferentes formas de violencia de género… Una feria donde el elemento común es la impunidad, una impunidad respaldada por el silencio y por las palabras que intentan culpabilizar a las mujeres o desviar la atención diciendo que hablar de “hombres violentos” es criminalizar a los hombres.
La realidad es objetiva. Según el último informe de la OMS (2013) sobre prevalencia de la violencia de género, en Europa el 5.2% de las mujeres sufrirán a lo largo de su vida una agresión sexual por un hombre diferente a su pareja.

El resultado de la respuesta social e institucional también dice mucho sobre esta cultura machista que arroja la piedra de la violencia de género y luego oculta la mano. Estudios internacionales, como el de Johnson, Ollus y Nevala (2008), indican que se denuncia menos del 20% de la violencia de género, de ellos un 1-7% son investigados, y de estos sólo terminan en condenas entre el 1 y el 5%. O lo que es los mismo, más del 99.9% de los hombres violentos que atacan a las mujeres terminan impunes en esta “feria de violencia” contra las mujeres y contra una sociedad democrática a la que impiden alcanzar la Igualdad.

Basta ya de silencios y de palabras para que las mujeres “hagan algo”. Basta ya de festejar las detenciones puntales sin hacer lo suficiente contra las causas que dan lugar a que exista la violencia de género. Hay que dirigirse a los hombres para que renuncien al machismo, para que se incorporen a la Igualdad, para que aprendan a convivir en paz y sin privilegios… Y hay que trabajar para erradicar la desigualdad de nuestra sociedad, y señalar a los responsables de esta situación: a los agresores, a su cómplices en el silencio y a sus aliados con las palabras.

NO ES NO.TAMBIÉN EN MÁLAGA: BEATRIZ GIMENO CONTRA LA BARBARIE MACHISTA

Uno de los mitos más persistentes del patriarcado es aquel que describe la sexualidad masculina como una potente fuerza de la naturaleza, como un torrente que arrolla todo lo que se encuentre a su paso, como una fuerza que una vez puesta en marcha es difícil de detener. Según el mito, si una mujer no quiere mantener relaciones sexuales, lo mejor que puede hacer es no provocar al monstruo; no poner en marcha esa maquinaria, no abrir las compuertas del torrente. Es una sexualidad que algunas feministas han descrito usando la metáfora de “sexualidad hidráulica”. El patriarcado nos presenta a los hombres como a personas que, llegadas a un momento en la excitación sexual, ya no pueden parar. De ahí todos los mitos preventivos de la violación que siguen a la orden del día: no les provoques, no te expongas, no pongas en marcha la maquinaria. Lo que en definitiva quiere decir esto es que como un hombre tenga una erección y como la mujer haya colaborado en provocar esa erección…luego que no se queje. Llega un momento en el que él ya no tiene la culpa. Pero naturalmente que la tiene, la erección es una reacción involuntaria, lo que un hombre haga con su cuerpo es algo de lo que es enteramente responsable, en cualquier momento. Una erección no daña a nadie, es el violador o el abusador el que daña a la víctima.

Me extraña que si la chica presuntamente violada de Málaga tuvo sexo consentido, como dicen ellos, fuera encontrada por la policía desorientada y llorando. Me extraña que la jueza archivara la denuncia tan rápido, sin practicar ninguna prueba forense ni psicológica a la chica. Es posible que ella estuviese tonteando con los chicos, como afirman los testigos. Eso no es un delito, eso no implica nada, eso no la obliga a nada, eso no anula su libertad, eso ni siquiera es moralmente reprobable; tontear no quiere decir obligatoriamente que ella quisiese ir más allá. Volvemos al hombre-torrente. Nosotras también nos excitamos sexualmente; nosotras también, a veces, nos quedamos con las ganas; nosotras también podemos equivocar las señales. Pero nosotras sabemos que si  nos dicen que no, es que no tenemos permiso y ahí se acaba la cuestión. Lo que se les enseña a ellos, por el contrario, es que nosotras somos responsables de una parte de su propio comportamiento sexual.

Puede que ella quisiera tener sexo con uno, pero no con otro. Puede que la grabación del móvil la mostrara teniendo sexo consentido con uno. Eso no quiere decir que el otro no la violara. Puede que tuviera sexo consentido con los dos, eso no quiere decir que los otros que miraban no la agredieran sexualmente de otra manera. ¿Muestra la grabación del video toda la secuencia de lo que allí ocurrió o muestra sólo que hubo un momento en el que la chica tuvo sexo consentido? Ese momento no puede invalidar el resto de lo que pasó. Puede que la chica estuviera teniendo sexo consentido y de repente aquello ya no le gustara, que se arrepintiera,  y que decidiera que ya no quería más. Si cualquiera de ellos siguió cuando ella quiso parar,  eso es, al menos, un delito contra la libertad sexual de ella.

Es muy posible que la jueza, el fiscal, desde luego los chicos implicados, tengan en su cabeza el mito machista de que para que haya algún tipo de abuso sexual tiene que haber una negativa que se manifiesta desde el principio hasta el final, tiene que haber resistencia y tiene que haber fuerza por parte del agresor. Los delitos contra la libertad sexual penalizan el contacto sexual sin que exista consentimiento, no hace falta fuerza, basta un “no”. Porque en cualquier caso, en cualquier momento, en cualquier situación en que se produzca,  no es siempre no. La falta de pruebas no es óbice para no comenzar el procedimiento porque, como señala la jurisprudencia el testimonio de la víctima basta como prueba; de lo contrario las violaciones y delitos contra la libertad sexual quedarían siempre impunes. El único requisito es que el testimonio de la víctima sea verosímil y coherente. No parece que la jueza haya encargado los exámenes necesarios para ver si era un testimonio verosímil. En principio no parece que la chica tenga ningún motivo para mentir. El informe médico indica que la chica sufrió importantes daños; el sexo fuerte puede ser consentido, naturalmente, pero todo parece indicar que ella se sintió violada y que por tanto, fue violada. En algún momento quiso parar, en algún momento debió decir no. Y no siempre es no.

Si al final resultara (yo no lo creo) que la chica tiene algún motivo oculto para tratar de hacer daño a alguno de los acusados o a todos (parece que ni siquiera se conocían) entonces nos encontraríamos ante una rareza. La alegría con la que en los círculos neomachistas se han lanzado como cuervos a hacer de lo que sería una rara excepción algo supuestamente corriente; las inmundas declaraciones del inmundo Alcalde de Valladolid sacando ventaja machista de lo que es un delito especialmente doloroso para la víctima.., todo ello sólo demuestra la terrible pervivencia de otro mito machista del que no nos libramos: el de las denuncias falsas. La realidad es que en las agresiones sexuales, en el maltrato, no hay apenas denuncias falsas. Que sobre una realidad inexistente se haya levantado un mito que tanta gente está dispuesta a creer y que una mentira mil veces repetida se haya terminado convirtiendo en un arma efectiva contra nuestros esfuerzos en la lucha contra la violencia de género,  sólo demuestra lo poco que los poderes públicos están dispuestos a hacer en esta cuestión. Que seamos las feministas las que tengamos que demostrar constantemente que las denuncias falsas son mucho menos del 0.5 del total según el propio Consejo General de Poder Judicial, demuestra lo poco que les importa a estas instituciones supuestamente democráticas la igualdad e,  incluso, con el gobierno del PP, lo poco que les importa nuestra dignidad. Que el Gobierno, la desaparecida ministra de Igualdad (sic) y todas las instituciones, no hayan tomado la palabra para despejar las mentiras que circulan sobre las denuncias falsas, que existan grupos de neomachistas organizados alrededor de este asunto y tengan cabida en partidos y asociaciones democráticas, que el alcalde de una ciudad importante como es Valladolid haga esas declaraciones que ha hecho León de la Riva convirtiendo a las víctimas en agresoras y no se le obligue a dimitir… Todo esto demuestra el retroceso que estamos viviendo en este país.  Las denuncias falsas son como las Meigas: nadie las ha visto pero mucha gente piensa que debe haberlas y mucha gente quiere que las haya.

Lo cierto es que sabemos que hay una ofensiva neoliberal contra la democracia y los derechos sociales, y el feminismo es un pilar tanto de aquella como de estos. Sin igualdad entre mujeres y hombres no hay ni democracia ni derechos. Y las resistencias que estamos encontrando y que parecen crecer, auspiciadas por el ambiente que está imponiendo el PP, así como por su inacción en esta cuestión de la violencia machista,  se deben a que el neoliberalismo tiene su política económica y su política social, pero tiene también su propia política sexual, y no es la feminista precisamente.

Article publicat a EL DIARIO.ES 

Font fotografia. http://tegulariusbis.blogspot.es/1333037880/el-hebdomadario-vengador-anno-iv-n-mero-terno/ 

dimarts, 19 d’agost del 2014

Contra la violación, lo mejor (no) es esconderse

Artículo de Beatriz Gimeno publicado en EL DIARIO.ES

¿El Ministerio del Interior prefiere hacer lo que han hecho siempre las instituciones patriarcales para evitar las violaciones, esto es, recomendar a las mujeres que se queden en casa, que no se hagan visibles, que no vayan solas, que no vistan de aquella manera?

El Ministerio del Interior ofrece en su web unos consejos antiviolación a las mujeres que deben parecerse mucho a los que se daban a los posibles blancos de ETA para evitar que les mataran: "Cambie de itinerario cada cierto tiempo; cierre las ventanillas de su casa; no pasee de noche por calles solitarias, ni sola ni acompañada; antes de aparcar su coche mire alrededor por si ve personas sospechas..." . Aquel que recomendaba a concejales o políticos vascos que miraran los bajos de su coche antes de subirse al mismo, se parece mucho a este otro: "Antes de subir a su vehículo observe su interior. Podría encontrarse algún intruso agazapado en la parte trasera". La enorme diferencia entre aquellos consejos y estos es que en el caso de las personas amenazadas por el terrorismo todo el mundo percibía la situación como lo que era y el Ministerio del Interior, además de consejos, perseguía con todos los medios a su alcance al grupo terrorista. Era una amenaza cierta, real, y para salvar la vida las personas amenazadas tenían que renunciar a una parte muy importante de su libertad. Pero, además de estos consejos, todas las instituciones del Estado estaban volcadas en la lucha contra ETA.

Pero, ¿qué grupo terrorista nos amenaza a las mujeres para que no podamos aparcar nuestro coche sin mirar alrededor? ¿Los hombres en general? ¿Hay una plaga de violadores? ¿Han aumentado las violaciones tanto como para que ninguna mujer pueda ir a su trabajo si no es siguiendo una logística antiatentados? ¿O quizá el Ministerio del Interior prefiere hacer lo que han hecho siempre las instituciones patriarcales para evitar las violaciones, esto es, recomendar a las mujeres que se queden en casa, que no se hagan visibles, que no vayan solas, que no vistan de aquella manera? Esta vieja estrategia patriarcal no pretende evitar las violaciones, sino que pretende atemorizar a las mujeres para que no se adueñen del espacio público en la misma medida que los hombres, para que no se sientan seguras; en última instancia es una estrategia para que si al final en todo caso la violación se produce siempre se pueda culpar a la mujer por haber hecho lo que no debía e incluso –si hacemos caso al Ministerio del Interior– por no haber hecho lo que debía, es decir, renunciar a su libertad.

Violar está muy mal sí, pero nosotras siempre habremos hecho algo mal, algo que habrá hecho que la vida del violador esté echada a perder, como demuestra el twit enviado por la Unión Federal de Policías equiparando a víctima y violadores. ¿Alguien se imagina esto mismo en cualquier otro delito?





















. 5 jóvenes detenidos #abuso sexual a una joven en la #feria. Vida marcada para todos (víctima y delincuentes) pic.twitter.com/sJpDcZNqzK
11:24 - 17 de ago. de 2014 


Violar está muy mal sí, pero nosotras siempre habremos hecho algo mal, algo que habrá hecho que la vida del violador esté echada a perder, como demuestra el twit enviado por la Unión Federal de Policías equiparando a víctima y violadores. ¿Alguien se imagina esto mismo en cualquier otro delito?

Los intentos para responsabilizar a las mujeres de sus violaciones son muchos y son muy antiguos. La violación es un instrumento usado por unos cuantos contra unas cuantas desde siempre, pero que sirve para aterrorizar a todas, para que se comporten, para que renuncien a ser libres e iguales. Es lo que siempre puede pasar si usas tu libertad, si ocupas el espacio, si sales de noche… Lo que siempre puede pasar y de lo que tú tendrás parte de culpa. Tu vida quedará marcada y, de paso, la de los pobres chicos.

Naturalmente que hay violaciones y abusos sexuales y todas sabemos lo que hay que hacer para protegernos, es de las primeras cosas que se le dice a una chica en realidad. Una chica escucha esa amenaza desde que pone un pie sola en la calle siendo una adolescente. Qué riesgo quiere asumir, a qué libertad renunciar, es algo que todas tendremos que manejar a lo largo de nuestra vida. Por eso, como esa amenaza pende siempre sobre nuestras vidas y es un signo de desigualdad al mismo tiempo que una herramienta para perpetuarla, las instituciones que de verdad quieran combatir las violaciones lo que tienen que hacer es combatir radicalmente y en todas las instancias la desigualdad, empoderar a las chicas para que no tengan miedo y sepan defenderse; contribuir a que la sociedad entera considere a los violadores como delincuentes peligrosos a los que toda la sociedad tiene que combatir.

Es posible, por último, que sí, que estemos asistiendo a un repunte de la violencia machista. Este repunte se manifiesta en los delitos relacionados con el género, pero también en una mayor visibilidad y en una mayor impunidad social de los comportamientos y de las opiniones machistas. De este repunte, qué duda cabe, tienen la culpa los propios machistas, pero desde luego también tienen cierta responsabilidad estas instituciones que han renunciado a denunciarlo y a luchar contra la desigualdad. Nuestras instituciones, no sólo las políticas, son culpables de inacción en la lucha contra el maltrato, de la renuncia a la educación en igualdad, del no combate contra los comportamientos machistas de los personajes públicos o de la permisividad ante la glorificación mediática de la violencia sexual, incluida la violación.

Contra la violación castigo penal a los violadores, castigo social a todos los que los amparan, combate en todos los órdenes contra el machismo y apuesta absoluta y decidida por la igualdad. Y ninguna renuncia más por nuestra parte: ni a la libertad, ni a la noche, ni a la ocupación del espacio público, ni a la diversión… a nada, a nada más. El miedo no protege de nada, al contrario, el miedo nos hará más vulnerables. 

dissabte, 9 d’agost del 2014

¿Para cuándo una manifestación de indignados contra la violencia machista? La violencia contra las mujeres es cosa de hombres






Publicado en AraInfo

Los hombres tienen la palabra, pero no porque todos sean violentos. No es esa la cuestión. La violencia de género es un problema social y cultural que afecta de manera global a la humanidad. Forma parte de la construcción social de la masculinidad y de ese sistema que la sostiene: el patriarcado. No vamos a erradicar la violencia contra las mujeres si no contamos con ellos.
 
Por ello desde Feminicidio.net lanzan una campaña de sensibilización junto a Alianza por la Solidaridad para crear espacios de diálogo, reflexión y acción colectiva entre hombres y mujeres, que permitan acercarnos a un cambio de mentalidad. Si la violencia contra las mujeres es estructural, entonces empecemos por deconstruir y cuestionar aquello que sostiene nuestras acciones y nuestra manera de estar en el mundo, el lenguaje y la palabra.

Feminicidio | Graciela Atencio | Ellos tienen la palabra. Y por eso, en esta campaña les preguntamos a los hombres: ¿Qué le dirías a un hombre que no le importa la violencia contra las mujeres? ¿Por qué la violencia contra las mujeres es cosa de hombres?

Son hombres los que cometen más del 95 por ciento de todos los crímenes en el mundo. ¿Qué tenemos que hacer mujeres y hombres para que los hombres dejen de ejercer esa violencia?

Poner el foco en los hombres con este tema también nos permite sacar el cuerpo de las mujeres del imaginario patriarcal en el que se nos ve estáticas, rotas, derrotadas, aniquiladas,…, Casi todas las campañas publicitarias sobre violencia de género están centradas en las mujeres, la mayoría de las veces se nos trata como víctimas o se nos revictimiza. La mayoría de las veces no tienen perspectiva feminista.

Las grandes campañas de sensibilización reproducen esta imagen y este mensaje de mujer víctima-hombre maltratador y victimario invisible. Las agencias publicitarias no cuentan entre sus filas con creativos o creativas que utilicen el discurso feminista, ni contratan o se dejan asesorar por activistas o personas especializadas en la materia, o simplemente satisfacen el deseo o intereses de “clientes”, muchos de ellos pertenecientes a instituciones del Estado, alineados con la naturalización de la violencia de género y negados a renunciar al discurso hegemónico patriarcal.

También es cierto que muchas de las campañas institucionales de sensibilización no funcionan. No, si se centran en la propaganda política del gobierno de turno. No, si se preocupan más por el merchandising y se derrochan miles y miles de euros en camisetas, bolígrafos, tazas,…, con estrategias propias de la venta de una mercancía o del lanzamiento de una marca. No, si los mensajes no van acompañados de herramientas educativas y recursos pedagógicos que puedan ser utilizados por profesionales que trabajan en violencia de género y una ciudadanía activa que asuma la aspiración de promover la sociedad del buen trato.

Esta propuesta se inscribe en la dinámica publicitaria que vemos en grandes medios y con códigos y registros convencionales en lo visual y estético pero con una intención conceptual que subvierte el orden simbólico del imaginario patriarcal: la violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres es un problema que tienen que asumir los hombres desde su construcción de género.

Esta propuesta hace un llamado a las instituciones y a la ciudadanía: no hacen falta grandes presupuestos ni grandes recursos para realizar campañas de prevención de la violencia de género. Lo que hace falta es debatir y dialogar sobre cómo construir una sociedad igualitaria y no violenta, voluntad política, compromiso, acciones contundentes y transformadoras de la realidad, y que cada una y uno de nosotros se involucre y se convierta en un nodo del cambio. Podemos construir un nuevo modelo de Estado ciudadano. ¿Te animas?

La campaña durará un año. Empezamos por compartir un video y los carteles con testimonios de siete hombres que miran de frente. Hombres que saben lo que quieren. Hombres comprometidos con un cambio de mentalidad social. Hombres que hablan claro y le dicen a otros hombres que la violencia contra las mujeres es cosa de hombres.

dijous, 20 de febrer del 2014

LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES: UN ASUNTO DE HOMBRES

Jackson T. Katz, cineasta, escritor, educador y activista contra la violencia sexual, es co-fundador de Mentors in Violence Prevention, programa educativo en materia de género que analiza la construcción de la masculinidad e intenta conseguir que los hombres rompan su silencio y se involucren activamente en la lucha contra los abusos sexuales y psicológicos cometidos contra las mujeres, lxs niñxs y lxs jóvenes. 

Desde hace 20 años. MVP forma a jóvenes mujeres y hombres para asumir roles de liderazgo en sus escuelas y comunidades desde la igualdad de género y el empoderamiento y, así, luchar contra la violencia sexista. También ha trabajado con asociaciones deportivas y con el ejército de EEUU. Es autor de los libros The macho paradox: Why Some Men Hurt Women and and How All Men Can Help y de The leading man: Presidential Campaigns and the Politics of Manhood, así como de diversos videos educativos como Tough guise: violence, media and the crisis in masculinity
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dissabte, 22 de juny del 2013

PROSTITUCIÓN Y VIOLENCIA DE GÉNERO


Considerar que las prostitutas son personas cuyo destino es ser víctimas de la violencia masculina es lo que el machismo ha venido defendiendo desde siempre para mantenerlas en su estatus de opresión.

Artículo escrito por Beatriz Gimeno publicado en EL DIARIO.ES

Hace unas semanas dos prostitutas fueron asesinadas en Bilbao. Nadie dudaría que estas dos mujeres han sido víctimas de un asesinato machista y, sin embargo, no se las contabilizará como víctimas de violencia de género, no se las considerará como tales y por tanto al asesino tampoco se le considerará autor de un delito castigado con una pena agravada. A partir de la aprobación de la ley integral contra la violencia de género se ha producido la perversión de considerar que sólo es violencia de género la que se produce en el ámbito familiar, y no toda. La realidad es que, según los datos de www.feminicidio.net, única organización que contabiliza como feminicidio los asesinatos de prostitutas, entre 2010 y 2012 fueron asesinadas 19 mujeres que se dedicaban a la prostitución, aunque podrían ser más dada la invisibilización que sufren estas personas.

Una prostituta es una mujer socialmente invisible. Su muerte no va a ser objeto de la atención de los medios de comunicación a no ser que se pueda explotar el amarillismo y el morbo. Es posible que su desaparición pase inadvertida por un tiempo (o siempre) por que nadie la denuncie (como ha ocurrido en este caso con Jenni). Si su desaparición se denuncia, es entonces posible que la policía no sienta la misma presión para encontrar al asesino; es también posible que los jueces no sientan la misma presión para imponer una pena ejemplar. Lo más probable es que nadie proteste públicamente por su asesinato, que ningún político salga a concentrarse o a guardar un minuto de silencio por esas víctimas; en todo caso las instituciones guardarán silencio.

Si el caso del asesino de Bilbao ha suscitado una importante atención mediática se ha debido a su proyección pública, a que ha sido convertido en un personaje por los medios y por él mismo, así como a la posibilidad de que se tratara de un asesino en serie. Los medios han explotado esa faceta del personaje, pero en pocas informaciones hemos podido leer que se trataba de un asesino machista. Es decir, las víctimas han sido asesinadas porque eran mujeres dentro de un determinado sistema de dominación (y, además, en este caso eran inmigrantes. Recordemos en este sentido que antes de matar a Ada y a Jenni el asesino tuvo relación con prostitutas españolas a las que no mató. Es decir, el asesino era consciente de que las prostitutas inmigrantes eran víctimas más desasistidas).

Los asesinatos machistas contra prostitutas suelen producirse con un ensañamiento y una crueldad extraordinaria porque este tipo de violencia es el epítome del machismo, porque los asesinos vuelcan en estos crímenes toda su fantasía de dominio y porque, además, las víctimas son mujeres especialmente vulnerables debido a su previa estigmatización social. Es frecuente que sean torturadas, descuartizadas, quemadas… y aun así estos crímenes suelen dar lugar a condenas relativamente livianas para los culpables (12 años de media) al no aplicarse ningún tipo de pena agravada sino, por el contrario, aplicar a veces atenuantes ilegítimos que tienden a quitar importancia a este tipo de violencia.

El hecho de que las prostitutas no sean consideradas víctimas de la violencia de género tiene consecuencias importantes además de las obvias de la invisibilización. Impide que puedan acceder a la protección que se brinda a estas víctimas, impide que puedan utilizar los recursos materiales que el Estado pone a su disposición, impide también que los agresores sufran el agravamiento de las penas por sus crímenes. Si no parece caber ninguna duda acerca de que se trata de violencia machista, ¿por qué no son consideradas como tal? Hay varias razones que interactúan ellas de manera compleja. Una parte del feminismo considera que la prostitución es siempre, y en todo caso y en todas las circunstancias, violencia; toda la prostitución, todos sus aspectos, en todo momento, y que por tanto no se puede parcelar esta violencia en más o menos, en una más legítima o aceptable y otra menos. Para este sector del feminismo cualquier acercamiento a la prostitución que no sea desde la condena en bloque y sin matices es lo mismo que legitimarla. La prostitución es esclavitud, y dentro de ésta no hay distintos niveles de violencia.

Hay otro sector del abolicionismo que opina que la prostitución es siempre una institución de desigualdad, que su función no es otra que legitimar y reforzar esta desigualdad y que es por tanto una institución siempre inaceptable. Este sector considera, no obstante, que la prostitución no es necesariamente siempre más violenta que otras instituciones patriarcales o capitalistas; y que en todo caso hay diferentes niveles de violencia. Considerar que la prostitución siempre es violencia puede llegar a impedir que se produzca ningún tipo de protección efectiva contra la violencia extrema que en muchas ocasiones sufren estas mujeres. Creo que esta posición puede alejar del abolicionismo a personas que consideran que en nombre de un fin legítimo, la abolición de la prostitución, se escatiman los medios para hacer más vivibles las vidas de estas mujeres, para protegerlas, para apoyarlas en lo posible, para reivindicar sus derechos, sus vidas y su memoria, así como para castigar a sus maltratadores o asesinos. Hay mucha violencia dentro de la prostitución, desde luego, pero si todo es violencia entonces nada lo es.

Considerar que las prostitutas son personas cuyo destino es ser víctimas de la violencia masculina es lo que el machismo ha venido defendiendo desde siempre para mantenerlas en su estatus de opresión. Si cualquier acto de prostitución es una violación, ¿una prostituta no puede ser violada? Si la prostitución es siempre violencia, ¿una prostituta no pude denunciar maltrato y esperar recibir la misma consideración, apoyo y ayuda por parte de las instituciones que recibe cualquier otra mujer? ¿Es lo mismo un cliente que te pegue una paliza que otro que no? ¿Se merecen ellas lo que les pase por ponerse en esa situación? Recordemos que, tradicionalmente, una prostituta no podía denunciar una violación o una paliza porque la policía, los jueces y la sociedad consideraban que eso era parte de su “trabajo”. Aun ahora hay sentencias judiciales que parecen seguir considerando que, efectivamente, una prostituta no puede esperar otra cosa que recibir violencia.

Otra de las razones para no incluir a las prostitutas dentro de las medidas específicas contra la violencia de género es que, efectivamente, considerar la violencia que hay en la prostitución como violencia machista supondría para las instituciones asumir la obligación de entablar un combate real y sin cuartel contra las mafias y los proxenetas, contra toda la prostitución forzada. Un combate real, y no el simulacro de combate que ahora se está llevando a cabo. Lo cierto es que el Estado  -y por supuesto la sociedad- convive con normalidad con la existencia de prostitución forzada, con situaciones de esclavitud y, por supuesto, con la existencia de grandes dosis de violencia contra estas mujeres. Sigue habiendo un “nosotras” y un “ellas” en cuanto a la violencia que toleramos o condenamos. No sólo la prostitución forzada o en condiciones de extrema explotación está a la vista de todo el mundo y casi normalizada, no sólo convivimos con ella con toda naturalidad, sino que, en ocasiones, esta violencia es ejercida por las propias instituciones, como por ejemplo la policía. ¿Cómo van las instituciones a condenar la violencia que sufren las prostitutas si en muchas ocasiones es la misma policía la que la ejerce? No son pocas las ciudades en las que la policía persigue o acosa a las prostitutas para echarlas de la calle utilizando medios violentos como persecuciones desde los coches patrullas, detenciones indiscriminadas e injustificadas, uso de sprays, etc... El objetivo de estas acciones es echar a las mujeres de la calle, no el de detener a los proxenetas ni molestar a los clientes. Barcelona es un ejemplo de esta violencia institucional contra las mujeres que ejercen la prostitución. El otro problema es el origen de muchas de estas mujeres. La mayoría son inmigrantes sin papeles y en este caso el objetivo del Estado es expulsarlas, no protegerlas. ¿Cómo podríamos denunciar la violencia que sufren las inmigrantes sin papeles en prostitución sin cuestionar la violencia institucional que el estado ejerce contra la inmigración ilegal?

Estoy convencida de que la lucha feminista contra la institución de la prostitución pasa por conseguir un cambio social, sexual, cultural, pero que tiene que pasar por la solidaridad activa y el respeto absoluto hacia las mujeres que la ejercen, por ofrecer la mayor protección posible a las que lo necesiten y lo demanden, por considerarlas sujetos de derechos y dueñas de sus vidas. La deshumanización de estas mujeres es parte del funcionamiento de la institución prostitucional, es parte también de una determinada construcción de la sexualidad, es parte del estigma social que sufren y es parte de la violencia extrema que también sufren a veces. Romper la dicotomía entre ellas y nosotras es una manera no sólo de luchar contra el machismo, sino también de luchar contra la prostitución misma basada en la dicotomía entre mujeres buenas y malas y en la cosificación de estas últimas. Hacer efectiva la calificación de violencia de género para la violencia que sufren las prostitutas es una herramienta imprescindible en la lucha por la igualdad de todas.

Font fotografia:  http://www.mujerhoy.com/Corazon/Famosos-VIP/Jamie-Foxx-conra-prostitucion-666393022012.html

divendres, 31 de maig del 2013

VIOLENCIA MACHISTA, VIOLENCIA PATRIARCAL

Hemos vivido una semana negra en la que la violencia machista ha asesinado a cuatro mujeres. Sabemos que la lucha contra esta violencia no forma parte de las preocupaciones del PP, que seguramente cree que no merece la pena dedicar dinero a esto. Cuando la ministra llamó a estos asesinatos "violencia doméstica", estaba formulando toda una declaración de principios y marcando el camino a seguir: es una violencia que debe volver a formar parte de lo privado y como tal dejar de ser objeto del debate y la preocupación pública. En el mismo sentido va el anteproyecto de reforma del Código Penal diseñado por el ministro de Justicia, que parece que elimina el concepto de violencia de género. 

Por el contrario, le debemos a Zapatero (y a algunas de sus ministras) el haber puesto en el debate público la violencia machista; el haber contribuido a sacar de las catacumbas de lo privado una violencia, que es ideológica y política y que se ha llevado por delante las vidas de miles de mujeres. Durante la etapa socialista se nombró, se legisló, se destinaron fondos, se implementaron políticas adecuadas, se contribuyó al cambio social frente a este fenómeno; es decir, se combatió y, sobre todo, se ofreció cobertura y apoyo a las víctimas y a sus hijos e hijas, ofreciéndoles la posibilidad de escapar de la violencia.

Todo lo hecho por los gobiernos socialistas era necesario y justo, el camino abierto es el camino por el que habremos de seguir en cuanto podamos, pero aun así es necesario saber que no es suficiente y que los asesinatos de mujeres a manos de hombres con los que tenían o habían tenido relación sexual y/o sentimental seguirán produciéndose. 

Esto será así mientras sigamos pensando que la violencia machista puede combatirse sin poner nombre y combatir al sistema que ha creado y que mantiene la desigualdad: el patriarcado; que existe de la misma manera que existe el capitalismo aunque a menudo nos hagan pensar que no, que esta forma cultural de organizarnos y construirnos como hombres y mujeres es natural. No lo es; y por eso no basta con incorporar a las mujeres al trabajo asalariado o a la educación, con que sean ministras o estén en igual número en los consejos de administración. Eso es muy importante, pero no es lo único. Tendemos a olvidar que los países nórdicos, pioneros en poner en marcha políticas específicas de lucha contra la violencia de género, siguen siendo países con índices muy altos de asesinatos por violencia machista y en delitos sexuales.

Porque para eliminar la violencia machista tenemos que cambiar radicalmente los mecanismos sobre los que se levanta nuestra cultura en lo que hace al sexo/ género, la manera en que nos construimos como mujeres y como hombres desde la infancia, la manera en que nos relacionamos, el valor que se nos asigna a unas y otros culturalmente. Es decir, mientras sigamos siendo irreductiblemente diferentes, no podremos ser iguales. Porque la diferencia de género es, sobre todo, diferencia de valor. Lo que estamos consiguiendo las feministas es igualarnos en las leyes y en las oportunidades sociales, pero no avanzamos al mismo ritmo (e incluso retrocedemos) en la deconstrucción de lo simbólico, es decir, en lo que nos construye subjetivamente y como seres sociales. Mientras sigamos pensando que de los pares activo/pasiva; inteligente/intuitiva; fuerte/dulce; proveedor/maternal; promiscuo/fiel; valiente/tímida, agresivo/pacífica... (y otros mil que nos inventemos), la primera parte es propia de los hombres y la segunda de las mujeres, no iremos bien.

Y no vamos bien porque, como ocurre siempre que un grupo social busca un cambio que es contrario a los presupuestos básicos sobre los que una determinada sociedad se funda –en este caso la desigualdad de género–, y a los intereses del grupo social privilegiado –en este caso los varones–, la resistencia social es enorme. Quien sea maestra, profesor o madre/padre sabe muy bien el enorme retroceso sufrido en la última década entre los niños/as y adolescentes.

Sí, hemos conseguido enormes avances, pero las escuelas infantiles viven una invasión de rosa: niñas vestidas de rosa y todo tipo de artilugios rosas, desde carteras, bolígrafos a bicicletas, que diferencian a los niñas de los niños antes de que puedan decir una sola palabra ni expresen ningún deseo propio. Y después las adolescentes, aunque no vistan de rosa piensan en rosa y siguen soñando con el príncipe azul, una idea del amor romántico omnipresente en el que ellas ocupan un lugar completamente diferente del de los chicos y que la cultura popular estimula constantemente. Príncipes que salvan princesas y no princesas que salvan príncipes ni, sobre todo, que se salvan a sí mismas. El amor romántico impregna la cultura popular y la satura de significados de desigualdad, de pasividad femenina, de sacrificios que ellas hacen por amor, incluso contra sí mismas. 

Esa es la educación sentimental que tienen, porque la educación sexual la reciben exclusivamente del porno al que chicos y chicas están sobreexpuestos a edades muy tempranas; y nunca antes los chicos y las chicas habían tenido una idea tan distorsionada (y machista) del sexo, absolutamente ligado a imágenes de dominación masculina y sumisión femenina. Para ellos y ellas, la pornografía es la realidad de la sexualidad, el modelo ideal de relación. Y en todo caso estamos todo el tiempo sometidos a una persistente y omnipresente cultura audiovisual que en su mayor parte, es sexista y misógina. Nunca antes el cuerpo de las mujeres ha estado tan presente y tan sexualizado al mismo tiempo; nunca antes hemos estado sometidas a tantas presiones para que lo arreglemos, lo cincelemos, lo convirtamos en un objeto sexual "normalizado"; para que seamos madres a toda costa, para que seamos "femeninas" a toda costa, para que nos enamoramos como es debido, para que no vivamos ni nos atrevamos a imaginarnos solas y emocionalmente independientes.

Para, en estas condiciones, provocar un cambio real sin prohibir y censurar, que no suele dar buen resultado y además es imposible, lo que hay que hacer es educar. Ofrecer a los niños y las niñas y a los y las adolescentes un currículum agresivo y potente en educación sexual, en valores, en igualdad que contrarreste y combata los valores culturales dominantes. La universidad de Midddlesex acaba de publicar un estudio en el que asegura que la única manera de contrarrestar la influencia del porno entre chicos y chicas es ofrecerles educación sexual veraz, especialmente en lo que se refiere a los placeres y deseos de las chicas, permanentemente invisibilizados en la pornografía mayoritaria. Sin cuestionar por completo el sistema, es imposible atajar la violencia contra las mujeres porque es como tratar de taponar un géiser con un dedo.

Article de Beatriz Gimeno publicat a EL DIARIO.ES
Font fotografía: http://www.evefem.com/