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divendres, 6 de març del 2015
Lecciones de la Historia II
El Holocausto judío -palabra de origen griego que significa “sacrificio por fuego”- ha sido profusamente investigado y abundantemente documentado por la disciplina histórica y por la teología. Pero, paradójicamente, no ha sido analizado por la sociología, que lo ha interpretado como un suceso marginal desconectado del sistema de conductas y normas de la sociedad moderna occidental, paradigma de sociedad civilizada, de manera que no lo considera un producto de ésta y, por lo tanto, no cree necesario revisarla.
No obstante, esta interpretación del genocidio gestado en el corazón de Europa en pleno siglo xx entra en clara contradicción con el análisis del sociólogo Sigmunt Bauman, según el cual, el Holocausto es un producto del sistema social moderno, sin cuyo principal elemento, la racionalidad, no hubiera podido darse. El plan de exterminio del pueblo judío, una vez diseñado, actuó de acuerdo con los principios de eficacia y eficiencia y se sirvió de la burocracia y del modelo capitalista de producción para la consecución de sus fines.
Bauman denuncia en su ensayo Modernidad y Holocausto -en el que se basa el siguiente artículo- la autocomplaciente interpretación de estos hechos llevada a cabo por la sociología, cuya inquietante consecuencia es que no se hayan establecido los mecanismos necesarios para evitar que se repitan hechos similares, en la creencia de que estos sucesos son excepcionales y pertenecen a un tiempo y a un movimiento político -el nacionalsocialismo- ya extinguidos, por lo que no pueden volver a darse.
Sin embargo, lo que pone en cuestión el sistema social moderno es precisamente el hecho de que este suceso tuviera lugar en una cultura y una sociedad avanzadas desde el punto de vista del proceso civilizatorio, al tiempo que esta pretendida excepcionalidad histórica no se sostiene porque ignora otros sucesos de igual índole como los acontecidos en los Gulags soviéticos o en Hiroshima y Nagasaki.
Fuente fotografía: http://www.pikaramagazine.com/2013/06/el-infierno-no-contado-de-las-prisioneras-de-auschwitz/#
dijous, 12 de febrer del 2015
¿Ciencias económicas? ¿Por qué la economía no es una ciencia?
"¿Qué es una ciencia? Sin embarcarme en difíciles discusiones espistemológicas, se podría sostener que la ciencia es una forma de conciencia libre de dogmas, que es capaz de extrapolar leyes generales de la observación de fenómenos empíricos y, consecuentemente, está en disposición de prever cosas sobre aquello que sucederá en un futuro, y que es capaz de entender, finalmente, ese tipo de mutaciones que Thomas Kuhn llamó cambio de paradigma. Por cuanto sé, ese tipo de discurso al que se conoce como "economía" no responde a tal definición. Ante todo, los economistas están anclados en nociones dogmáticas como crecimiento, competencia, producto interior bruto, etc. Dicen que la realidad social no funcionaría si, por casualidad, no respondiera a tales principios. En segundo lugar, son incapaces de extraer leyes de la observación de la realidad, dado que quieren que la realidad se armonice absolutamente con aquello que para ellos son las leyes económicas. En consecuencia, son incapaces de prever cosa alguna, como la experiencia ha demostrado en los últimos tres o cuatro años En fin, no pueden comprender lo que acontece cuando el paradigma social está cambiando y su matriz de referencia conceptual debería ser redefinida.
Ni en las facultades de economía y ni en las escuelas de negocio se enseña y se aprende algo como la Física, la Química o la Astronomía, algo que merezca el nombre de conocimiento cientifico y conceptualice un campo específico de la realidad. Se estudia y se aprende más bien una tecnología, un conjunto de instrumentos, procedimientos, protocolos pragmáticos, que terminan por someter la realidad social a perspectivas de finalidad práctica: provecho, acumulación, poder. La realidad económica no existe, y el resultado es un proceso de modulación técnica, de sumisión y explotación.
El discurso teórico que sostiene la tecnología económica puede ser definido como una ideología en el sentido propuesto por Marx, quien no era economista, pero sí un crítico de la economía política. La ideología es, en efecto, una tecnología destinada a sostener objetivos específicos, tanto políticos como económicos. Nada tengo contra la tecnología, quede bien claro, ni tampoco contra la tecnología económica. Pienso, no obstante, que, como todas las tecnologías, no es autorreflexiva y, en consecuencia, es incapaz de desarrollar una autovaloración teórica y de redefinirse en función de los cambios de paradigma. "
La Sublevación:
El futuro después del final de la economía
La ciencia económica no es una ciencia
Fuente fotografía: https://www.unican.es/WebUC/Internet/Noticias_y_novedades/historico/2009/4trimestre/20091029+e.htm
