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dijous, 29 de gener del 2015

Telebasura ¿Es lo que la gente quiere ver?

Artículo del periodista mexicano Raúl Luengas publicado en Publicoscopia

"Es lo que la gente quiere ver" o "es lo que la gente quiere escuchar", aseguran reiteradamente "periodistas" y "profesionales" de la comunicación para justifican así el reinado aborrecible de contenidos putrefactos en la mayoría de los medios en los que suele asumirse que las audiencias están compuesta por idiotas. Cierto que en nuestra sociedad globalizada, dominada por el insaciable apetito de consumo y entretenimiento, hay signos inequívocos de un colapso de la inteligencia, pero no como el resultado de un proceso espontáneo, sino como efecto inevitable de una sociedad, cuyos miembros y cuya noción de ciudadanía, ha sido intencionalmente moldeada y rebajada al nivel de simples consumidores. Claro ejemplo de esto fue cuando después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, el presidente George W Bush, en lugar de mostrarse como estadista capaz de propiciar una profunda reflexión de proyecto de nación, desde la experiencia colectiva de dolor generada por esa aborrecible tragedia provocada, Bush exhortó al pueblo estadounidense a ir a las tiendas "a comprar más", además de haber respondido a los ataques con guerras e invasiones ilegales e inmorales como la de Irak, cuyo país no tenía nada que ver con los hechos de septiembre once.

El escritor estadounidense Morris Berman describe así el problema en una de sus agudas publicaciones sobre la sociedad estadounidense: "Para una población estupidizada, perdida, la 'democracia' no será más que el derecho a comprar, o a elegir entre Wendy's y Burger King, o a ver CNN y pensar que este 'infotenimiento' dirigido constituye en verdad las noticias. Como dije, la hegemonía corporativa, el triunfo de la democracia/consumista global basada en el modelo estadounidense, es el colapso de la civilización".

Un artículo publicado en The New York Times en 1995, reveló los resultados de una encuesta mostrando que el 40 por ciento de los adultos estadounidenses (unos 70 millones de personas) no sabía que Alemania fue su enemigo en la Segunda Guerra Mundial. Otra encuesta de 1998 realizada por el National Constitution Center reveló que sólo el 41 por ciento de los adolescentes estadounidenses pudo nombrar tres ramas del gobierno, pero el 59 por ciento pudo decir sin problemas los nombre de los Tres Chiflados. Según Berman, existe de hecho una gran "hostilidad hacia la inteligencia" y hasta una "celebración de la ignorancia", reflejada en la televisión o en películas como Forrest Gump, en la que "un idiota bienintencionado es convertido en héroe".

Pero mi punto es que el innegable colapso de la inteligencia y la estupidización de la sociedad de masas, es el resultado de un proceso inducido por intereses materializados en planes y programas educativos orientados finalmente hacia el consumo. Educación que operan al servicio del poder corporativo mundial y a favor de la guerra corporativa declarada contra la diversidad, la creatividad, la verdad, la imaginación y contra el pensamiento crítico. Guerra llevada a cabo por los medios de comunicación con sus diarios y persistentes bombardeos de frivolidades, de exaltación de la moda como eje de conducta, de espectáculo nefasto, de propaganda, de entretenimiento disfrazado de noticia, y cuya victoria final es la colonización mercantil y política de las conciencias. Colonización que garantiza súbditos dóciles de lo que Gilles Lipovetsky llama en su libro "El imperio de lo efímero", en el que la regla de oro es la superficialidad y donde la vida deja de ser un viaje para convertirla en vertiginosa carrera hacia el vacío.

Una de las más grandes mentiras del negocio de los medios de comunicación es aquella que sostiene que "a la gente se le da sólo lo que pide". Ocurre en realidad que las audiencias, muy particularmente las de la televisión, sin excluir a las otras, han sido larga, progresiva y convenientemente condicionadas a consumir sin objetar los contenidos nada inocentes del paisaje luminoso de imágenes y sonidos que aparece todos los días en sus pantallas. Digo nada inocentes porque los contenidos de dicho paisaje son portadores, acarreadores y reproductores de la ideología que domina al mundo, esa que cambia la famosa frase del filósofo francés René Descartes: "Pienso luego existo", por "consumo luego existo". Ideología que se regocija de que millones de personas en el planeta hayan convertido sus vidas en una experiencia virtual, pasando mucho más tiempo frente a cualquier tipo de pantalla que interactuando con otros seres humanos, sin importarle en lo más mínimo estudios como el publicado por la American Medical Association que advierte sobre factores de alto riesgo para adolescentes, tales como el desarrollo de enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2, entre otros, por exponerse diariamente a algún tipo de pantalla.

Grave si tomamos en cuenta que millones de niños en el mundo pasan más tiempo viendo televisión o algún tipo de pantalla que en la escuela. En promedio, un niño de 7 años de edad en países europeos, según reporta el doctor Aric Sigman de la British Psychological Society, habrá visto ya algún tipo de pantalla por más de un año entero, mientras que a los 18 años de edad, un joven europeo habrá pasado cuatro años completos, de 24 horas cada día, frente a alguna pantalla.

Estamos por lo tanto no sólo ante un problema meramente cultural de exposición a contenidos basura con evidente carga ideológica, sino ante el tiempo de exposición a algún tipo de pantalla convertido en delicado asunto médico; una vez demostrados, afirma el doctor Sigman, los significativos y medibles cambios biológicos en los cuerpos y en los cerebros de las personas afectadas. Volviendo a aquellos que hacen gala de ignorancia sincera o de estupidez concienzuda, muchos de los cuales ocupan cargos de influencia en importantes medios de comunicación y quienes afirman que la basura mediática que le dan a sus audiencias es para "darle a la gente lo que quiere", les comparto una entre muchas experiencias personales en los medios que me llena de satisfacción.

Era enero de 2005 cuando vi una nota en Los Ángeles Times sobre el gran cantante de ópera mexicano Rolando Villazón: The voice to watch, anunciando la prestación de Villazón en Los Ángeles junto a la hermosa y gran cantante rusa Anna Netrebko en la puesta en escena de la ópera Romeo y Julieta. Corrí a la oficina de mi director de noticias para platicarle sobre quién era Rolando, cómo se convirtió en cantante y por qué el LA Times le dedicaba un importante espacio. Mi director pareció estar "a punto de un ataque de nervios" al tiempo que me decía: "¿Qué? ¿Opera durante Sweeps? (Sweeps es cuando se hace la medición de audiencia para efectos publicitarios)

Para no hacer el cuento largo, mi director accedió con incredulidad a que hiciera el reportaje y a que este pasara al aire justo durante los famosos y sacrosantos Sweeps. Resultó que la medición de la audiencia no sólo no desplomó, sino que los ratings del programa subieron, la gente me contactaba para mayor información y cuando salía de haber presenciado Romeo y Julieta, la noche de la presentación, tres diferentes familias latinas me abordaron diciendo que "nunca habían estado en una opera y me agradecían mucho por haberles motivado a asistir".

Mucho influyó la manera de armar el reportaje en el que Rolando le canta a Anna un fragmento de la famosa canción de Consuelito Veázquez, Bésame Mucho y donde ambos artistas se mostraron carismáticos y muy humanos.

Mentira que la telebasura nuestra de cada día sea lo que la gente quiere ver. Se trata más bien de la manipulación consciente de los hábitos organizados de las masas y de la fabricación de la llamada "opinión pública" como efectivo método de control social: "Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país", escribió Edward Berneys, considerado en Estados Unidos el padre de las relaciones públicas. Y agrega en su libro titulado Propaganda: "Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas, son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar".

divendres, 9 de gener del 2015

El fin de la televisión de masas: hacia una sociedad controlada

Artículo de Ignacio Ramonet publicado en Le Monde Diplomatique

La televisión sigue cambiando rápidamente. Esencialmente por las nuevas prácticas de acceso a los contenidos audiovisuales que observamos sobre todo entre las jóvenes generaciones. Todos los estudios realizados sobre las nuevas prácticas de uso de la televisión en Estados Unidos y en Europa indican un cambio acelerado. Los jóvenes televidentes pasan del consumo “lineal” de TV hacia un consumo en “diferido” y “a la carta” en una “segunda pantalla” (ordenador, tablet, smartphone). De receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, “productores-difusores”, o productores-consumidores (prosumers).

En los primeros años de la televisión, el comportamiento tradicional del telespectador era mirar los programas directamente en la pantalla de su televisor de salón, manteniéndose a menudo fiel a una misma (y casi única) cadena. Con el tiempo todo eso cambió. Y llegó la era digital. En la televisión analógica ya no cabían más cadenas y no existía posibilidad física para añadir nuevos canales, porque un bloque de frecuencia de seis megahercios equivale a una sola señal, un solo canal. Pero con la digitalización, el espectro radioeléctrico se fracciona y se optimiza. Por cada frecuencia de 6 MHz, en vez de una sola cadena, se pueden ahora transmitir hasta seis u ocho señales, y se multiplica de ese modo la cantidad de canales. Donde antes, en una zona había siete, ocho o diez canales, ahora hay cincuenta, sesenta, setenta o centenares de canales digitales...

Esa explosión del número de cadenas disponibles, particularmente por cable y satélite, dejó obsoleta la fidelidad del telespectador a un canal de preferencia y suprimió la linealidad. Como en el restaurante, se abandonó la fórmula del menú único para consumir platos a la carta, simplemente zapeando con el mando a distancia entre la nueva multitud de canales.

La invención de la Web –hace 25 años– favoreció el desarrollo de Internet y el surgimiento de lo que llamamos la “sociedad conectada” mediante toda clase de links y enlaces, desde el correo electrónico hasta las diferentes redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) y mensajerías de texto y de imagen (WhatsApp, Instagram, etc.). La multiplicación de las nuevas pantallas, ahora nómadas (ordenadores portátiles, tablets, smartphones), ha cambiado totalmente las reglas del juego.

La televisión está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido individualmente, a través de diversas plataformas, de forma diferida y personalizada.

Esta forma diferida se alimenta en particular en los sitios de replay de los propios canales de televisión, que permiten, vía Internet, un acceso no lineal a los programas. Estamos presenciando el surgimiento de un público que conoce los programas y las emisiones pero no conoce forzosamente la parrilla, ni siquiera el canal de difusión al que pertenecen esos programas originalmente.

A esta oferta, ya muy abundante, se le suman ahora los canales online de la Galaxia Internet. Por ejemplo, las decenas de cadenas que YouTube difunde, o los sitios de vídeo alquilados a la carta. Hasta el punto de que ya no sabemos siquiera lo que la palabra televisión significa. Reed Hastings, director de Netflix, el gigante estadounidense del vídeo en línea (con más de 50 millones de suscriptores), declaró recientemente que "la televisión lineal habrá desaparecido en veinte años porque todos los programas estarán disponibles en Internet". Es posible, pero no es seguro.

También están desapareciendo los propios televisores. En los aviones de la compañía aérea American Airlines, por ejemplo, los pasajeros de clase ejecutiva ya no disponen de pantallas de televisión, ni individuales, ni colectivas. Ahora, a cada viajero se le entrega una tablet para que él mismo se haga su propio programa y se instale con el dispositivo como mejor le convenga (acostado, por ejemplo). En Norvegian Air Shuttle van más lejos, no hay pantallas de televisión en el avión, ni tampoco entregan tablets, pero el avión posee wi-fi y la empresa parte del principio de que cada viajero lleva una pantalla (un ordenador portátil, o tablet, o smartphone) y que basta pues con que se conecte, en vuelo, al sitio web de la Norvegian para ver películas, o series, o emisiones de televisión, o leer los periódicos (que ya no se reparten...).

Jeffrey Cole, un profesor estadounidense de la Universidad UCLA, experto en medios en Internet y redes sociales, confirma que la televisión se verá cada vez más por la Red. Nos dice: “En la sociedad conectada la television sobrevivirá, pero disminuirá su protagonismo social; mientras que las industrias cinematográfica y musical podrían desvanecerse”.

Sin embargo Jeffrey Cole es mucho más optimista que el patrón de Netflix, ya que afirma que, en los próximos años, el promedio de tiempo consagrado a la televisión pasará de entre 16 a 48 horas a la semana actualmente, hasta 60 horas, dado que la televisión, dice Cole,  “va saliendo de la casa” y se podrá ver “en todo momento”, gracias a cualquier dispositivo-con-pantalla, con sólo conectarse a Internet o mediante la nueva telefonía 5G.

También hay que contar con la competencia de las redes sociales. Según el último informe de Facebook, casi el 30% de los adultos de EE UU se informa a través de Facebook y el 20% del tráfico de las noticias proviene de esa red social. Mark Zuckerberg afirmó hace unos días, que el futuro de Facebook será en vídeo: “Hace cinco años, la mayor parte del contenido de Facebook era texto, ahora evoluciona hacia el vídeo porque cada vez es más sencillo grabar y compartir”.

Por su parte, tambien Twitter está cambiando de estrategia: y está pasando del texto al vídeo. En un reciente encuentro con los analistas bursátiles de Wall Street, Dick Costolo, el consejero delegado de Twitter, reveló los planes del futuro próximo de esa red social: “2015 –dijo– será el año del vídeo en Twitter”. Para los usuarios más antiguos, eso tiene sabor a traición. Pero según Costolo, el texto, su esencia, los célebres 140 caracteres iniciales, está perdiendo relevancia. Y Twitter quiere ser el ganador en la batalla del vídeo en los teléfonos móviles.

Según los planes de la dirección de Twitter, se pueden subir vídeos desde el móvil a la red social a partir de ahora, a comienzos de 2015. Se pasará de los escasos seis segundos actuales (que permite la aplicación Vine), a añadir un vídeo, tan largo como sea, directamente en el mensaje.

Google también quiere ahora difundir contenidos visuales destinados a su gigantesca clientela de más de mil trescientos millones de usuarios que consumen unos seis mil millones de horas de vídeo cada mes... Por eso Google compró YouTube. Con más de 130 millones de visitantes únicos al mes, en Estados Unidos, YouTube tiene una audiencia superior a la de Yahoo! En Estados Unidos, los 25 principales canales online de YouTube tienen más de un millon de visitantes únicos a la semana. YouTube ya capta más jóvenes de entre 18 y 34 años que cualquier otro canal estadounidense de televisión por cable.

La apuesta de Google es que el vídeo en Internet va a terminar poco a poco con la televisión. John Farrell, director de YouTube en América del Sur, prevé que el 75% de los contenidos audiovisuales serán consumidos vía Internet en 2020.

En Canadá, por ejemplo, el vídeo en Internet ya está a punto de sustituir a la televisión como medio de consumo masivo. Según un estudio de la empresa de sondeos Ipsos Reid and M Consulting “el 80% de los canadienses reconocen que cada vez ven más vídeos en línea en la Red”, lo que significa que, con semejante masa crítica (¡80%!), se acerca el momento en que los canadienses verán más vídeos y programas en línea que en la televisión.

Todos estos cambios se perciben claramente no sólo en los países ricos y desarrollados. También se ven en América Latina. Por ejemplo, los resultados de un estudio, realizado por la investigadora mexicana Ana Cristina Covarrubias (directora de la empresa Pulso Mercadológico) confirman que la Red y el ciberespacio están cambiando aceleradamente los modelos de uso de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, en México. La encuesta se refiere exclusivamente a los habitantes del Distrito Federal de México y concierne a dos grupos precisos de población: 1) jóvenes de 15 a 19 años; 2) la generación anterior, padres de familia de entre 35 y 55 años de edad con hijos de 15 a 19 años. Los resultados revelan las siguientes tendencias: 1) tanto en el grupo de los jóvenes como en la generación anterior, las nuevas tecnologías han penetrado ya en elevada proporción: el 77% posee teléfono móvil, el 74% ordenador, el 21% tablet, y el 80% tiene acceso a Internet. 2) El uso de la televisión abierta y gratuita está bajando y se sitúa apenas en el 69%, mientras que el de la televisión de pago está subiendo y ya alcanza casi el 50%. 3) Por otra parte, aproximadamente la mitad de los que ven la televisión (29%), usan el televisor como pantalla para ver películas que no son de la programación televisiva, ven DVD/Blu-ray o Internet/Netflix. 4) El tiempo de uso diario del teléfono móvil es el más alto de todos los aparatos digitales de comunicación. El móvil registra 3 horas 45 minutos. El ordenador tiene un tiempo de uso diario de dos horas y 16 minutos, la tablet de una hora y 25 minutos; y la televisión de apenas dos horas y 17 minutos. 5) El tiempo de visita a redes sociales, es de 138 minutos diarios para Facebook, 137 para WhatsApp; en cambio para la televisión es de sólo 133 minutos. Si se suman todos los tiempos de visitas a las redes sociales, el tiempo de exposición diaria a las redes es de 480 minutos, equivalentes a 8 horas diarias, mientras el de la televisión es de sólo 133 minutos, equivalentes a 2 horas y 13 minutos. La tendencia indica claramente que el tiempo dedicado a la televisión ha sido rebasado, ampliamente, por el tiempo dedicado a las redes sociales.

La era digital y la sociedad conectada son ya pues realidades para varios grupos sociales en la Ciudad de México. Y una de sus principales consecuencias es el declive de la atracción por la televisión, especialmente la que emite en abierto, como resultado del acceso a los nuevos formatos de comunicación y a los contenidos que ofrecen los medios digitales. El gran monopolio del entretenimiento que era la televisión en abierto está dejando de serlo para ceder espacio a los medios digitales. Cuando antes un cantante popular, por ejemplo, en una emisión estelar de sábado por la noche, podía ser visto por varios millones de telespectadores (unos 20 millones en España), ahora ese mismo cantante tiene que pasar por 20 canales diferentes para ser visto a lo sumo por 1 millón de televidentes.

De ahora en adelante, el televisor estará cada vez más conectado a Internet (es ya el caso en Francia para el 47% de los jóvenes de entre 15 y 24 años). El televisor se reduce a una mera pantalla grande de confort, simple extensión de la Web que busca los programas en el ciberespacio y en Cloud (“Nube”). Los únicos momentos masivos de audiencia en vivo, de “sincronización social” que siguen reuniendo a millones de telespectadores, serán entonces los noticiarios en caso de actualidad nacional o internacional espectacular (elecciones, catástrofes, atentados, etc.), los grandes eventos deportivos o las finales de juegos de emisiones de tipo reality show.

Todo esto no es únicamente un cambio tecnológico. No es sólo una técnica, la digital, que sustituye a otra, la analógica, o Internet que sustituye a la televisión. Esto tiene implicaciones de muchos órdenes. Algunas positivas: las redes sociales, por ejemplo, favorecen el intercambio rápido de información, ayudan a la organización de los movimientos sociales, permiten la verificación de la información, como es el caso de WikiLeaks... No cabe duda de que los aspectos positivos son numerosos e importantes.

Pero también hay que considerar que el hecho de que Internet esté tomando el poder en las comunicaciones de masas significa que las grandes empresas de la Galaxia Internet –o sea, Google, Facebook, YouTube, Twitter, Yahoo!, Apple, Amazon, etc.– todas ellas estadounidenses (lo cual en sí mismo ya constituye un problema...) están dominando la información planetaria. Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”, y la cuestión que se plantea ahora es: ¿cuál es el medio? Cuando veo un programa de televisión en la web, ¿cuál es el medio? ¿la televisión o Internet? Y en función de eso, ¿cuál es el mensaje?

Sobre todo, como reveló Edward Snowden y como afirma Julian Assange en su nuevo libro Cuando Google encontró a WikiLeaks (1), todas esas mega-empresas acumulan información sobre cada uno de nosotros cada vez que utilizamos la Red. Información que comercializan vendiéndola a otras empresas. O también cediéndola a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en particular a la Agencia Nacional de Seguridad, la temible NSA. No nos olvidemos de que una sociedad conectada es una sociedad espiada, y una sociedad espiada es una sociedad controlada.

dissabte, 10 de maig del 2014

"Internet se ha convertido en el mayor generador de monopolio económico que se haya conocido en cualquier sistema económico, máxime bajo el capitalismo"

No te pierdas la entrevista que reproducimos a continuación con el profesor e investigador de la historia y la economía política de la comunicación Robert McChesny, concedida a Sally Burch y publicada en la Agencia Latinoamericana de la Información ALAI. En ella se analizan los monopolios naturales de Internet y el de las grandes corporaciones que se sirven de este medio para absorver a las pequeñas y medianas empresas. Así mismo, el autor aporta algunas soluciones a un sistema de comunicación que se ha convertido en la más poderosa arma de control al servicio de los gobiernos y los intereses económicos -íntimamente relacionados, como ya sabemos- y que supone un auténtico obstáculo para el desarrollo y el ejercicio de la democracia.
La administradora del blog
“Abandonadas a su curso actual e impulsadas por las necesidades del capital, las tecnologías digitales pueden desplegarse por caminos que son terriblemente adversos a la libertad, la democracia, y cualquier cosa remotamente vinculada con el buen vivir. Por lo mismo, las batallas en torno a Internet son de importancia central para todos quienes buscan construir una sociedad mejor”, escribe el investigador Robert McChesney en la conclusión de su libro sobre el desconecte digital: cómo el capitalismo conduce a que Internet gire contra la democracia . Como profesor de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, el trabajo de McChesney abarca la historia y la economía política de la comunicación. Es también co-fundador de Free Press, organización estadounidense por la reforma mediática. En la siguiente entrevista con ALAI, sintetiza los argumentos de su libro, con énfasis en la tendencia de la economía de Internet a la promoción de monopolios.

¿Cómo desmonopolizar internet?

SB: ¿Cómo caracterizas la evolución de Internet en las dos últimas décadas?

RM: En síntesis, Internet comenzó como una función del sector público. Inició con subsidios del gobierno y no era comercial, incluso era anti-comercial en su primera época. La visión con la que surgió siempre fue como un sector sin fines de lucro, igualitario, donde la gente podía juntarse y compartir. Pero el proceso a partir de inicios de los años 90, especialmente después del invento de la telaraña mundial (World Wide Web), se ha visto marcado por intensa comercialización, de un lado; y de un agresivo interés de las agencias militares, de seguridad nacional, de inteligencia y de la policía por la importancia de Internet, de otro lado. Estas dos fuerzas realmente han hecho de las suyas con Internet en los últimos 20 años de una manera que muy poca gente, no hace mucho como 1993 o 1995, creía posible.

SB: A nivel global, ¿cuáles han sido las principales implicaciones de esta evolución?

RM: Una de las grandes pretensiones respecto a Internet fue que iba a estimular la eficiencia económica, el crecimiento, la competencia; que iba a abrir la economía a nuevos jugadores, especialmente para que pequeñas empresas y nuevos emprendedores puedan entrar en el juego y competir con empresas más grandes, ya arraigadas, porque Internet les permitiría circundar las barreras de entrada que les mantenían alejados de los consumidores y los mercados. También fue visto como un lugar de empoderamiento para los consumidores, quienes tendrían más posibilidades de elección y más opciones a través de Internet para obtener precios más bajos y mejores servicios.

Por desgracia, casi nada de esto se ha hecho realidad de manera significativa, y una de las grandes ironías de Internet es que se ha convertido en el mayor generador de monopolio económico que se haya conocido, en cualquier sistema económico, máxime bajo el capitalismo. En lugar de producir mercados competitivos y una gran cantidad de empresarios exitosos, Internet ha hecho todo lo contrario, y eso debido a la economía de la Red, que básicamente es una economía de "todo para el ganador". Una vez que alguien alcanza el primer lugar, se crea un tremendo incentivo para que todo el mundo pueda usar ese servicio, como los buscadores, por ejemplo, o eBay o You-Tube. Se utiliza el mismo buscador porque se quiere estar en la misma red donde todo el mundo ya está, y con ello se obtiene lo que se llama un "monopolio natural", debido a los efectos de red.

Cuando nos fijamos en Internet, está llena de esos monopolios, no existe una "clase media" de 20 o 30 empresas que compiten en un área. Por lo general hay una empresa que domina, con tal vez una o dos más que tienen una tajada del mercado. Y esto ha acentuado y agravado el problema de la monopolización en el capitalismo moderno, que es, por supuesto, uno de los grandes problemas de la economía mundial.

Ahora bien, esto es especialmente cierto fuera de los EE.UU., porque –y tal vez no sea casualidad– los monopolios que dominan Internet a nivel mundial están basados en EE.UU. Google, Microsoft, Apple, Amazon, eBay, Facebook, son empresas con sede en EE.UU. Estas empresas tienen un poder desproporcionado fuera de EE.UU., y pienso que para quienes viven en países fuera de los EE.UU., su dominio es de particular preocupación.

SB: ¿Y cómo repercute esta dinámica en Internet en el plano de la democracia?

RM: La democracia tiene un montón de componentes, y una de las grandes aseveraciones respeto a Internet era que iba a favorecer que la gente común, gente sin propiedad, pueda participar en la política de una manera que nunca fue pensable antes. Que se iba a poder tener acceso a toda la información que antes sólo estaba disponible para las élites.

Que se podría comunicar a bajo costo con personas de ideas afines y establecer redes que serían muy potentes, que sacudirían ese poder y le obligarían, ya sea a dejar el poder, ya sea a responder a las aspiraciones democráticas del pueblo. Y de hecho hay algo de eso, seamos claros: son muchos los aspectos positivos de Internet para aumentar el poder de los de abajo frente a las jerarquías. Pero cuando se hicieron esas aseveraciones, se olvidaba que los de arriba también poseían computadoras. De hecho, hacen las computadoras, son dueños de las redes y ellos también saben lo que están haciendo, y lo están haciendo para ganar, no están jugando por las reglas del juego. Lo que hacen es neutralizar la amenaza de que Internet se torne una fuerza democrática que puede detener o desafiar el poder de la élite.

Ahora bien, una de las áreas cruciales donde esto ocurre –sobre la cual estudio y escribo mucho– es la gran crisis del periodismo en todo el mundo y en EE.UU. A medida que se avanza cada vez más en el ámbito digital, no hay manera de sostener el periodismo satisfactoriamente, contar con periodistas suficientes para seguir el paso a las personas en el poder y ver en qué andan.

SB: Volviendo a la cuestión de los monopolios… en una economía globalizada, se necesitan acuerdos políticos e instituciones mundiales para establecer las reglas, controles y correctivos necesarios para su funcionamiento, en defensa del interés público (como tienen la mayoría de Estados-nación para restringir los monopolios en el ámbito nacional). Pero cada vez más, las mismas corporaciones globales que ellos deberían estar controlando terminan subordinando estos espacios internacionales.

En lo que respecta a Internet, ¿cuáles consideras son los principales retos a asumir en términos de gobernanza global?

RM: La pregunta es tan buena que contiene parte de la respuesta, ya que es crucial contar con acuerdos globales para el comercio, la economía y la gobernabilidad, especialmente para Internet. Desafortunadamente, debido a que hay tanto dinero invertido ahora en Internet, estos acuerdos de gobernanza están dominados por enormes empresas monopólicas, que son tan ricas y tan poderosas que pueden disponer que el gobierno de EE.UU. sea su fuerza policial privada. La función global actual del gobierno de EE.UU. es proteger los intereses de estos monopolios privados. Nunca hace nada en contra de sus intereses. Esto significa que la posibilidad para los estados nacionales en Europa, América Latina, África o Asia de revertir estas presiones, para crear su propio ámbito digital autónomo, es bastante difícil, ya que implicaría enfrentar prácticamente toda la estructura económica mundial.

SB: Has participado en algunas de las grandes batallas que se desarrollan en EE.UU. en torno a la libertad, los derechos, la democracia e Internet. ¿Cuáles son actualmente los temas centrales?

RM: En mi opinión, los grandes temas en los EE.UU., y creo que en diversos grados en todo el mundo, son tres. En primer lugar, la cuestión de conseguir financiamiento en serio para instituciones mediáticas sin fines de lucro, independientes y no comerciales, sin censura y competitivas, en el plano local y nacional: con algunos colegas estamos trabajando la idea de crear un bono de 200 dólares de fondos federales, que cualquier persona dispondría para entregarlo a un medio de comunicación de su elección. De esta manera se tendría un enorme subsidio público para los medios de comunicación sin fines de lucro, pero no es el gobierno que controlaría quién recibe el dinero, sino la gente.

La segunda gran problemática en este país es que el control sobre el acceso a Internet y a los teléfonos móviles se limita a sólo tres empresas: Comcast, Verizon y AT&T. Hay algunas otras empresas en escena, como Sprint y T-Mobile, pero las tres grandes establecen los términos y las demás siguen. Han dividido el mercado como un cártel, no compiten entre sí; cobran altos precios y los estadounidenses pagamos una cantidad increíble de dinero para la telefonía celular y el acceso a Internet, a cambio de un servicio muy mediocre. Es realmente indignante.

Necesitamos una campaña en EE.UU. –o incluso internacionalmente– para retirar la prestación de servicios de Internet de las manos de los monopolios privados, y establecer algo parecido al servicio de correos.

El acceso a Internet debería ser un derecho humano; el gobierno debe administrarlo y eso permitiría que los costos se desplomen. Será una pelea difícil, porque estas empresas actúan como grupos de presión de clase mundial, tienen a los políticos en su bolsillo, pero su existencia es totalmente ilegítima. No crean nada de valor, salvo estafarnos y obtener ganancias super-monopólicas para brindarnos un pésimo servicio.

El tercer punto -y esto nos lleva de nuevo a la cuestión de los monopolios naturales- es que en fin de cuentas hay tres opciones en una sociedad democrática para hacer frente a los monopolios. Ahora, la forma en que los economistas utilizamos el término monopolio significa básicamente una empresa que controla una parte muy grande del mercado como para poder fijar los precios en toda la industria y también determinar cuanta competencia tiene al frente. Si quisiera borrar todos los demás para tener el 100% del mercado, probablemente podría hacerlo, pero ello menoscabaría sus ganancias, por lo que se conforma con un porcentaje más reducido del mercado y así menos gente queda al margen, pero consigue el máximo beneficio que la industria permite.

Ese es el tipo de dominio monopólico que estamos viendo. John D. Rockefeller, en el pico de su monopolio con la Standard Oil, no contaba con el 100% del mercado del petróleo en EE.UU., creo que su porcentaje máximo llegó a un poco más del 80%, pero se encontraba en una situación en la que, si quería, él tenía el poder de bajar el precio para sacar a los demás del negocio. Simplemente no estaba en su interés hacerlo. Google, Apple, Amazon, Facebook, eBay y PayPal son todos monopolios de este estilo de la Standard Oil y, por regla general, la única competencia que enfrentan en sus mercados monopólicos medulares proviene de los otros monopolios.

Así que si Google tiene un buscador exitoso, entonces por supuesto, Microsoft tendrá otro que compita. Ya no se encuentran empresas independientes capaces de competir con ellos, ya que a todas ellas las van absorbiendo al paso.

Entonces, ¿qué vamos a hacer respecto a estos monopolios que son completamente contradictorios con la teoría democrática? Esta no es siquiera una noción progresista. Milton Friedman –el economista conservador de derecha, cuyo legado en América Latina, gracias a la era Pinochet, es bastante oscuro– fue el primero en argumentar que la defensa del capitalismo en una sociedad democrática es que la gente que maneje la economía deje de manejar el gobierno. El poder era difuso y eso permitía que la libertad prospere, a diferencia del feudalismo o del comunismo existente en ese entonces, donde la gente que manejaba el gobierno también manejaba la economía. La clave del argumento de Friedman era que el mercado económico tenía que ser competitivo. Si fuera dominado por unas pocas empresas gigantes, esas empresas invariable e inevitablemente habrían de tomarse el gobierno, y con ello, toda la premisa de la democracia se derrumbaría como un castillo de naipes. Es por eso que, en la teoría democrática, tanto de la derecha como de la izquierda, el poder económico monopólico siempre ha representado una crisis.

En ese contexto, hay tres opciones respecto de lo que una sociedad puede hacer. La primera es mantener el poder del monopolio privado, para luego intentar regularlo en función del interés público. En EE.UU. lo hicimos durante mucho tiempo con la compañía telefónica AT&T y todavía tratamos de hacerlo un poco con nuestras empresas de cable y telefonía. Pero la evidencia demuestra que no funciona. Estas empresas son demasiado grandes, captan a los reguladores, son dueños del gobierno y la regulación resulta en gran medida ineficaz; por lo que se sigue teniendo un monopolio que estafa al cliente y los monopolistas manejan el gobierno. Realmente no es una buena solución.

La segunda solución es tratar de dividir el monopolio en unidades más pequeñas, que realmente compitan. Así, en lugar de tener una sola empresa petrolera, como la Standard Oil, se podría dividirla en 5, 10 o 15 que compitan entre sí, con los beneficios de la competencia en el mercado y sin tener los inconvenientes del control monopólico del gobierno. Desafortunadamente, en el caso de Internet, eso no es posible; a causa de los efectos de red, se convierten muy rápidamente en monopolios, porque esa es la lógica de la tecnología. No hay manera de tener motores de búsqueda que compitan, porque la gente se inclinará hacia el mejor, y todos los demás saldrán del mercado.

Así que con los monopolios naturales, sólo queda un camino posible, y de hecho fue el propio mentor de Milton Friedman, Henry C. Simons, quien lo dijo. Él observó que, incluso en el capitalismo de libre mercado, es necesario socializar y nacionalizar las empresas monopólicas, porque de lo contrario van a robar las ganancias de las empresas más pequeñas y cobrarles precios más altos a ellas y a los consumidores, y corromperán la operación eficiente de la economía de mercado, sólo para beneficio propio. De modo que, incluso quienes verdaderamente desean y respetan la economía de mercado deberían apoyar la socialización de estos grandes monopolios que no pueden funcionar con la competencia.

SB: ¿Eso podría conducir a la nacionalización o socialización de Google o Microsoft?

RM: Bueno, ese es el debate que tenemos que tener, en última instancia. Podemos empezar ahora, o podemos esperar 20 años para hablar de ello, pero en fin de cuentas vamos a tener que hacer algo en ese sentido. Si nos fijamos en las 30 empresas de mayor valor de mercado en EE.UU. hoy en día, 12 de ellas son monopolios de Internet; las que yo acabo de nombrar y algunas más. Ellas dominan totalmente la economía política de EE.UU. (cuando no la economía política mundial), constituyen la fuerza vital, tal como es, del capitalismo actual. Este tipo de poder económico se traduce en un control total sobre el gobierno. En Estados Unidos, siempre hablamos de los bancos demasiado-grandes-para-quebrar, los que recibieron el enorme rescate. Como ha dicho el senador Dick Durbin de Illinois, son francamente los dueños del gobierno. Son los dueños del Congreso, se salen con la suya con lo que quieran. Ahora bien, hay sólo dos o tres de esos bancos entre las 30 empresas más grandes de EE.UU., pero hay 12 monopolios de Internet. De modo que si queremos seriamente hacer frente al poder monopólico como una amenaza tanto para la economía como para la democracia política, si seriamente queremos revitalizar la democracia, entonces incluso si uno es aficionado al libre mercado, tarde o temprano se va a tener que abordar este problema de los monopolios y yo diría que cuanto antes empecemos ese debate, mejor.

SB: En el caso de los monopolios mundiales, ¿significaría considerar la posibilidad de crear empresas públicas globales?

RM: Estas son preguntas muy interesantes, y creo que en EE.UU. nos falta entrar mucho más en debates como ese. Como nuestros mercados son muy grandes y las empresas tienen su sede aquí, nosotros apenas pensamos en soluciones nacionales, como si fuera suficiente. Sin embargo, tan pronto se cruza la frontera a cualquier otro país del mundo, seguramente el debate tiene que cambiar, porque entonces, las soluciones puramente nacionales tienen límites reales para esos países, incluso en teoría, y las soluciones internacionales o regionales se vuelven mucho más importantes. Pero en este punto de la discusión, me convierto en estudiante, ya no profesor.

SB: Volviendo a nuestro punto de partida, la evolución de Internet: entre la utopía digital o la pesadilla del Gran Hermano, ¿cuál es el saldo actual?

RM: Se está desplazando hacia la pesadilla del Gran Hermano. Sé que son palabras cargadas, peyorativas y cualquiera podría descartar lo que estoy diciendo con "este tipo es un chiflado". (Vale decir, no eran los términos que yo elegí -que esto quede claro- pero al mismo tiempo, yono voy a huir de ellos). Una de las cosas que encontré cuando estaba haciendo la investigación para mi libro sobre el Desconecte Digital, que no lo aprecié en su plena dimensión hace apenas dos o tres años, fue en qué grado todo lo que hacemos en línea es conocido por intereses comerciales y gubernamentales. Debes partir de la suposición de que todo lo que haces se graba, se escucha, se monitorea y está disponible para alguien, en algún lugar, de alguna manera. Me asustó cuando hice la investigación; pero tan pronto salió el libro, se divulgaron las revelaciones de Snowden sobre la NSA y ello despertó una conciencia más generalizada sobre todo este proceso.

Pero acabo de tener un nuevo susto. El ex jefe del programa de vigilancia de la NSA renunció hace poco tiempo, y él ha dado algunas entrevistas en las que ha dicho que la NSA tiene acceso a todo y puede realizar un seguimiento de todas las personas, en todas partes del mundo. Realmente tienen ese poder y lo están utilizando. Entonces, ¿qué es lo que hacen ahora si quieren detener a alguien? Es muy fácil, pueden armar un caso contra alguien (y parece que siempre pueden encontrar alguna ley que uno ha infringido, en alguna parte) y llevar esa información, recopilada de manera ilegal, a la policía y decirles: junten toda la información que puedan conseguir, para así contar con un caso documentado legalmente. Con ello, pueden detener a esa persona, si lo quieren; tienen esa capacidad. Como dijo el ex jefe, tal es la definición de un Estado policial. Pero si bien no siempre lo hacen, esa amenaza, la noción misma de que esa posibilidad está presente como trasfondo, es lo que crea exactamente el mundo orwelliano en el que no creo que nadie quiera vivir.

Fuente fotografía: http://www.thirdworldtraveler.com/McChesney/Robert_McChesney_page.html

dimecres, 12 de juny del 2013

NI EL PAÍS NI LA VANGUARDIA NI EL PERIÓDICO NI EL MUNDO NI ABC HAN ENCONTRADO EN TODO EL PLANETA TIERRA ECONOMISTAS QUE CONTRADIGAN LAS CONCLUSIONES DE LA COMISIÓN DE "EXPERTOS" NOMBRADA POR EL GOBIERNO DEL PP PARA DECIDIR SOBRE EL FUTURO DE LAS PENSIONES.

¿Es España una democracia? El caso de las pensiones

A  primera vista esta pregunta parece una provocación. Dudar de que España sea una democracia parece reflejar una ignorancia acerca de lo que es una dictadura. Y los que hemos vivido y sufrido una dictadura podemos atestiguar que España hoy no es una dictadura. Ahora bien, tampoco es una democracia homologable a la de la mayoría de países de la Unión Europea de los Quince (UE-15) que tienen un desarrollo económico semejante al español. Y uno de los indicadores más significativos de lo que digo es lo limitadísimo que es el espectro ideológico en los medios de mayor difusión, sean estos públicos o privados. Veamos un ejemplo.

Hace unos días se publicó un informe de una Comisión llamada de Expertos, que fue nombrada por el gobierno del PP con el objetivo de hacer recomendaciones que, en teoría, pudieran garantizar la solvencia de las pensiones públicas en España. Esta Comisión estaba integrada en su mayoría por profesionales próximos a las Compañías de Seguros Privados y a la Banca (9 miembros de un total de 12), instituciones financieras que tienen un gran interés en privatizar las pensiones a base de reducir las pensiones públicas. En cualquier país con mayor cultura democrática, habría una protesta, expresada entre otros fórums, en los medios de mayor difusión, denunciando el claro conflicto de intereses entre dichos profesionales y el objetivo asignado a la Comisión, que era hacer un estudio objetivo de la situación, para mejorarla. Este objetivo estaba claramente en conflicto con los intereses de las Compañías de Seguros y de la Banca que aquellos miembros de la Comisión representaban. Ni que decir tiene que esta representatividad no era formal. Pero su dependencia de las instituciones que habían financiado sus trabajos les hacía vulnerables y sospechosos de una falta de neutralidad e imparcialidad. En realidad, todos ellos eran conocidos por sus posturas favorables a las tesis de las Compañías de Seguros y de la Banca, lo que explica que el informe pudiera haberlo escrito la propia asociación de Compañías de Seguros (de las cuales recibían dinero) o de la Banca (de la que también recibieron fondos). Todo era muy predecible.

En un país democrático esto hubiera sido objeto de denuncia en los medios de información. No ha sido así en nuestro país. Todos estos medios continuaron refiriéndose a la Comisión como “Comisión de Expertos”, ignorando que tales medios tienen entre sus objetivos (al menos en teoría) la vigilancia del Estado y crítica de sus comportamientos antidemocráticos. Referirse a tal Comisión como de Expertos, es darles una legitimidad que no se merecen.

El sesgo abusivo de los medios de información y persuasión
Pero la cosa es incluso peor. Si miramos los artículos de los cinco rotativos de mayor difusión del país (El País, La Vanguardia, El Periódico, el Mundo y ABC), podemos ver que todos ellos publicaron este último fin de semana (tanto en las páginas de opinión como en sus páginas económicas) artículos apoyando las tesis de que hay que recortar las pensiones, tal como promovía la mal llamada Comisión de Expertos. Un total de 23 artículos. Y ni uno (repito, ni uno) de esos artículos cuestionaba la tesis de que los recortes de las pensiones -que la “Comisión de Expertos” estaba recomendando- fueran necesarios. Es más, en todos ellos se afirmaba que había un consenso nacional e internacional entre todos los expertos en el tema de las pensiones sobre la necesidad de recortar las pensiones públicas. Un ejemplo, entre otros, es el de la profesora Concepció Patxot, de la Universidad de Barcelona, en su artículo “El Estado de Bienestar, más allá de las pensiones” (La Vanguardia, 09.06.13). Otro ejemplo era el artículo del Catedrático Josep Oliver titulado “Los inevitables recortes en pensiones” (El Periódico, 08.06.13), rotativo que también se ha distinguido por promover los recortes de pensiones públicas, escribiendo un editorial durante el fin de semana en apoyo de los recortes. Editoriales semejantes han aparecido en los otros rotativos. Ni uno ha escrito en contra de dichos recortes de las pensiones.

Además de esta campaña propagandística a favor de los recortes de las pensiones (que de seguirse la metodología de cálculo de las pensiones propuesta por la supuesta Comisión de Expertos serían los más acentuados en el país de la UE-15 que se gasta menos en pensiones), estos rotativos han invitado a dirigentes de la Banca y de las Compañías de Seguros para que expongan sus puntos de vista sobre la viabilidad de las pensiones. Así, El País, el mismo día que publicaba todos los artículos de apoyo a los recortes (07.06.13) invitó al aristócrata Henri de Castries, Conde de Castries, presidente y consejero delegado de la compañía de seguros AXA, para que opinara sobre el futuro de las pensiones públicas y, como era de esperar, auguró un futuro catastrófico para tales pensiones, aconsejando a la gente que fuera corriendo a la Banca y a las Compañías de Seguros para hacerse un plan de jubilación privado. El título de esta presentación era “¿Quiere una pensión decente? Ahorre. El Estado no se la dará”. El aristócrata indicó que no solo las pensiones, sino todos los servicios públicos, deberían privatizarse, porque la gente se ha malacostumbrado y exige más de lo que el Estado puede y debe ofrecerle. Y, por si no quedaba claro, enfatizó que el sistema sanitario público debe servir solo para emergencias (es decir, para casos muy costosos) pero no para ofrecer confort (y calidad de vida) al ciudadano. Y para acentuar todavía más su carácter reaccionario (y no hay otra manera de decirlo) indicó que los salarios estaban demasiado altos, añadiendo: “¿Dónde está escrito que los salarios solo puedan subir? (…) Los salarios deberían poder descender”. Y también, como era de esperar, repitió el mismo argumento de que la edad de jubilación obligatoria se hizo ya hace más de cincuenta años y que, por lo tanto, debería cambiarse. Es interesante notar que los que aducen estos argumentos nunca han dicho que el horario laboral diario de 8 horas se aprobó a finales del siglo XIX, hace ya más de un siglo, y en cambio no han recomendado cambiarlo.

Este artículo es la guinda que termina la avalancha ideológica. Ni que decir tiene que esta campaña carece de la más mínima sensibilidad democrática y refleja una prepotencia que caracteriza al establishment español. La arrogancia de este establishment es única en la UE-15. España tiene uno de los Estados del Bienestar más pobres de la UE-15, unos de los salarios y de las pensiones más bajos, y todavía quieren recortarlos más y más. Las clases populares deberían movilizarse y no estaría de más que se comenzaran a hacer escraches también a los medios de desinformación que existen en España. Es obvio que son parte del problema y debería denunciárseles. El enriquecimiento de la democracia exige en nuestro país un cambio profundo de sus escasamente democráticos medios de información. Éstos, en realidad, son más de persuasión que de información.

En contra de lo que se indica, la gran mayoría de expertos a nivel internacional en temas de Seguridad Social no consideran que las pensiones públicas sean inviables (véase el libro Social Security. The Phony Crisis, de Dean Baker y Mark Weisbrott, de la University of Chicago Press, y el libro Lo que debes saber para que no te roben la pensión de Vicenç Navarro y Juan Torres, de la Editorial Espasa). Todo lo contrario. Hoy España se gasta muy poco en pensiones. Y las pensiones, incluyendo las contributivas, son bajas. La evidencia de ello es abrumadora. Pero las voces que cuestionan la sabiduría convencional en España se han mantenido fuera del circuito, marginadas, pues los establishments financieros, políticos y mediáticos saben lo frágiles que son sus argumentos, muy vulnerables a desaparecer, si pudieran mostrarse los enormes fallos de su estructura ideológico-intelectual, que promueven los medios.

Article de Vicenç Navarro publicat al seu bloc
Font fotografia: http://www.pcandalucia.org/?p=3032

dimecres, 15 de maig del 2013

"la noticia más importante de los últimos días, con gran diferencia, ha quedado relegada a la nada en la mayoría de medios de comunicación"

Imagine que su vivienda amanece un día con las paredes cubiertas de humedades y grietas. Los muros maestros están torcidos y los suelos levantados. El tejado presenta goteras, y los cimientos dan muestras de debilidad. Su casa, derrotada por los elementos, amenaza derrumbarse. A partir de ese momento, ¿cuál sería la principal de sus preocupaciones? Déjeme adivinar: el futuro de su hogar. Es decir, que volcaría todos sus esfuerzos en tapar grietas, reforzar muros y cubrir techos para evitar el derrumbe, para seguir teniendo un lugar donde vivir.

Consideramos la vivienda como la primera necesidad, como un derecho. Viene siendo así desde la época de las cavernas: el lugar donde reposamos, guardamos los alimentos o nos sentimos cómodos y seguros, condiciona el resto de circunstancias y aspectos de  nuestra existencia.

Por eso no deja de sorprenderme el desprecio absoluto por el medio ambiente, por el planeta donde vivimos. Creo sinceramente que la noticia más importante de los últimos días, con gran diferencia, ha quedado relegada a la nada en la mayoría de medios de comunicación. Un breve, como mucho un faldón, generalmente ni una línea…

El nivel de dióxido de carbono, el gas que más contribuye al calentamiento global, ha alcanzado su nivel máximo en la historia de la evolución humana. Lo contaba la pasada semana el New York Times. Es decir, que todas las promesas de los países más poderosos de la Tierra sobre el descenso de la contaminación y el control del clima eran patrañas. No controlamos las emisiones provocadas por la actividad humana. Seguimos contaminando a niveles insoportables. Nos acercamos al colapso ecológico definitivo.

El caos climático puede provocar el final del planeta tal y como los conocemos. Nuestra casa se derrumba, y nosotros nos interesamos por la degradación de los neumáticos del Ferrari de Fernando Alonso, el tanto por cierto de catalanes que no ve posible la independencia o si la nueva ola de liquidez dispara el apetito por activos de riesgo entre los inversores y alienta el peligro de una nueva burbuja. Un signo de estupidez. O de no estar bien informados…

Los medios de comunicación marcan la agenda de los ciudadanos, puesto que deciden aquello que debe interesarnos y aquello que no. Un grave problema, dado que en sus manos está la posibilidad de que los ciudadanos sean críticos o acomodados, sin criterio. Ciudadanos que pueden llegar a prestar más atención a la boda de la Duquesa de Alba, o a la mala educación de un entrenador de fútbol, que al mayor reto al que se ha enfrentado nunca la Tierra: sobrevivir…

Artículo de Isaac Pérez Albéniz publicado en CUARTO PODER

dissabte, 27 d’abril del 2013

La narración del atentado de Boston es una radiografía perfecta de nuestra sociedad

Artículo publicado en YOROKOBU Take a walk on the slow side por Borja Ventura. Un análisis sobre el tratamiento de la información que refleja fielmente lo que el cineasta, filósofo y escritor francés Guy Debord denominó la Sociedad del Espectáculo, en la que hoy nos hallamos inmers@s.
  
La otra tragedia de Boston: lo mal que contamos lo que pasaba

La narración del atentado de Boston es una radiografía perfecta de nuestra sociedad: una visión parcial de una realidad como respuesta a un fenómeno inesperado, el miedo ante lo desconocido, la búsqueda del culpable, la avalancha de la masa y la discrepancia respecto a la versión oficial. Todo ello aderezado con dramas humanos y una puesta en escena digna de Hollywood. Solo faltaba que los medios pusieran su granito de arena para crear la narrativa perfectamente catastrófica.

Cuántas veces habremos ido al cine para salir pensando que la película estaba bien, pero el guión estaba lleno de incoherencias o consecuencias inverosímiles. Si lo sucedido en Boston, donde tres personas murieron y dos centenares más resultaron heridas, fuera una película sería una de esas. Pero no, este caso ha sido real.

Conceptualización del hecho

A nuestro cerebro parece que le guste que le digan lo que tiene que pensar. Aunque nos aferramos con uñas y dientes al poder de decisión, a la personalización y al consumo dónde y cuándo queramos que nos permite la tecnología, necesitamos consejo.

Interprétalo como una guía de viaje ante la inmensidad de la realidad. En la Red es lo que ofrece Google, un lugar al que ir a preguntar cómo llegar a un sitio, un punto de partida desde el que empezar. Y ante la actualidad eso es lo que ofrecen los medios: una visión determinada de la realidad, una cómoda selección de lo que es importante acorde a dicha visión.

Toda producción cinematográfica, toda historia, necesita un nombre. Puede ser ’11S’, puede ser ‘cayuco’, puede ser ‘zona cero’, puede ser ‘recortes’. Un concepto fuerza que ayude a definir y comprender. En el caso de Boston ha sido ‘masacre’.

Pero ¿son tres muertos una masacre? Depende con qué se compare. Cada día mueren decenas en Siria y no nos interesa tanto como esta película de extraño guión. ¿Quién fija la comparación, quién pone nombre a estas realidades? Muchas veces, los medios.

La selección de la realidad
Si hay dos cosas que definen el trabajo actual de los medios son los intereses (económicos, temáticos, ideológicos) y la velocidad por ser los primeros en contar algo. ¿Y cómo unir ambas cosas? ¿Cómo decidir qué es importante y darle un nombre de forma rápida? Con un sencillo manual.

Ese manual tradicionalmente se ha llamado ‘valores noticia’ y se compone de una serie de preguntas que cualquier periodista puede responder de forma automática y sirve de cuestionario para decidir qué es importante y cuánto de importante. Ese cuestionario nos sirve para distinguir que tres muertos en Boston ‘interesan’ más que diez en Marruecos o cien en Siria.

Las preguntas son diversas: si afecta a mucha gente interesa más que si el hecho afecta a poca gente; si está de actualidad interesa más que si es un asunto pasado; si afecta a gente conocida interesa más que si afecta a desconocidos; si la historia es inusual interesa más que si es normal; si afecta a gente afín o contraria interesa más que si afecta a gente que nos es indiferente. Las preguntas son infinitas.

Pasando ese cuestionario es fácil ver que lo de Boston ha afectado a mucha gente, es de actualidad en tanto en cuanto la historia se narró en directo, no es usual que haya atentados en suelo estadounidense y afecta a gente sociológicamente afín. El drama de Siria no es ya inusual, tras más de un año de guerra, ni afecta a gente sociológicamente afín. Moraleja, en el mercado de los medios pesa más el kilo de muerto de un sitio que de otro, por decirlo con la crudeza con la que opera este cuestionario. Esta semana dos centenares de personas han muerto en una fábrica ilegal de textiles en Bangladesh que produce ropa para marcas españolas y a nadie le ha interesado la historia.

Luego esas respuestas pasarían por el tamiz de los intereses propios del medio: si encaja con la ideología del medio, si encaja con la visión de la sociedad por la que apuesta el medio, si va a generar audiencia y por tanto será rentable económicamente, si es fácil contar ese hecho…

Ese cuestionario, que explicado así resulta farragoso, es una especie de circuito mental periodístico automático: con leer un titular todo periodista sabe el resultado del test sin pensar las respuestas una a una. Lo llaman olfato, criterio, enfoque… pero en realidad es una herramienta de selección: ante el marasmo de información disponible el lector necesita que alguien seleccione de qué informarse y le evite hacer él mismo ese proceso.

Como consecuencia los medios reflejan una realidad irreal, llena de hechos llamativos y frescos, extremos e interesados. El clima perfecto para todo medio es tener siempre algo que contar: hoy la explosión en la planta de fertilizantes de West con “al menos 40 muertos” que no fueron, mañana el atentado de Boston, pasado el partido de Champions, después la cifra del paro, luego las protestas ante el Congreso y después los recortes del Gobierno.

Voracidad y sobrerrepresentación
Con tantas cosas sucediendo cada día se necesitan nombres, conceptos, ideas que hagan que la gente encasille y clasifique cada hecho para poder seguir el curso de los acontecimientos. Son pequeñas píldoras de información espectacular que no profundiza, contextualiza o explica.

En esa rueda no solo corren los medios, sino también (y, si cabe, más rápido) las redes sociales. Son la expresión perfecta del gatillo fácil. Pasar de un comentario a una campaña a favor o en contra de algo depende de un retuit. Hundir la mayor Bolsa del mundo y que se evaporen 136.500 millones de dólares en cinco minutos es cuestión de un bulo.

La economía es producto de sensaciones, pero también la política y la sociedad: palabras como ‘confianza’, ‘riesgo’ o ‘marca’ decantan la balanza. Y en un contexto tan etéreo el pánico se contagia rápido, sea en la Bolsa, sea en los medios. Siempre tras un accidente aéreo se multiplican las noticias de incidentes en aviones que son perfectamente normales. Siempre tras un caso sanitario se multiplican las alarmas que resultan ser falsas.

Y siempre tras una situación de riesgo terrorista, como en Boston, la histeria prende y empiezan a aparecer supuestos artefactos explosivos, sobres con sustancias extrañas y amenazas por doquier. Todo queda casi siempre en nada.

Quienes sacan ventaja de esa vorágine son los medios, que hacen cundir esa sensación de pánico amplificando fenómenos aislados, relacionándolos y dándoles contexto. Lo que son en realidad incidentes normales del día a día o acciones de oportunistas de iluminados parecen por un momento parte de un ataque terrorista perfectamente coordinado. El caos cunde en gran parte gracias a ese poder de focalización de la atención, conceptualización de su significado y dispersión del mensaje de los medios y redes sociales.

Identificación del culpable
Y así, cada día, deglutiendo historias. Hoy ya no importa Corea del Norte, ni la planta de fertilizantes, y mañana habremos olvidado Boston. Pero esa voracidad se lleva por delante muchos controles de calidad cuya ausencia tienen consecuencias serias.

Por ejemplo, después del atentado el New York Post llevó a portada la fotografía de dos supuestos sospechosos que, en realidad, no eran nadie.

Por si fuera poco, durante el día de la gran persecución por las calles de Boston se volvió a identificar mal a los perseguidos. Se dijo que uno era Mike Mulugeta a raíz de lo que transmitía el escáner de la Policía, sin verificación alguna.

También se identificó al segundo sospechoso como Sunil Tripathi, un estudiante de origen indio que lleva meses desaparecido y del que se llegó a decir que era depresivo y que había dejado una nota de despedida. El muro de Facebook de la familia se llenó de insultos, hasta el punto que tuvieron que salir al paso a responder. En cuanto se supo que él realmente no había tenido nada que ver con el atentado el muro se llenó de mensajes de ánimo y el vídeo que hicieron para buscarle multiplicó sus visitas.

Pero era tarde: este martes encontraban su cuerpo sin vida. El origen del bulo fue una compañera de Sunil que creyó identificarle, y Reddit dio cancha a la historia (para luego pedir perdón)Las redes sociales aportaron su grano de arena para esparcir el falso testimonio y a partir de ahí fue imparable.

El efecto de la masa
Ejemplos similares de cómo las redes sociales se convierten en una avalancha hay a diario: desde campañas contra personajes conocidos por comentarios desafortunados a, más recientemente, que un tuit falso desde la cuenta hackeada de Associated Press hiciera perder a la Bolsa 136.000 millones de dólares en cinco minutos. Es el efecto de la masa, imparable en movimiento, y no siempre acertada.

Pese a ello los medios, ávidos de información en una noche de infarto, se tragaron la historia: había tanta prisa por informar que cualquier rumor era una novedad digna de ser contada como si fuera verdad. Durante las horas que duró el asedio la información era un goteo constante y los rumores y desmentidos un caudal gigantesco. Las autoridades cerraron un barrio entero, que luego fueron seis y luego el Gobernador amplió a toda la ciudad.

Imagina una ciudad más grande que Madrid con todo el mundo encerrado, temblando de miedo ante tantos rumores distintos sobre un enemigo sin identificar. El miedo en sí no es un nuevo posible atentado, sino el caos: no saber quién te ataca, ni por qué, eso convierte en arbitrario al enemigo y todo se convierte en un objetivo. Es, de hecho, la misma lógica que las películas de terror: el problema no es el asesino con un perfil concreto, sino el asesino en serie que mata por matar, desbocado, imprevisible.

De ahí el esfuerzo de los medios por acotar, encajar, guiar a la gente a una identidad y una razón. Darles un nombre y una cara para poder odiar, aunque sea errando. Hasta la CNN habló de una detención nada más empezar la persecución. Las televisiones retransmitieron en directo cómo la Policía detenía y desnudaba a un joven en plena calle que estaba en el lugar equivocado en el peor momento de todos. Le liberaron al poco rato, pero sus imágenes, desnudo y esposado, seguían ahí.

Luego llegó el baile de nacionalidades: primero se dijo que eran turcos, luego que eran rusos, luego que eran chechenos. Hasta la embajada de la República Checa mandó una nota advirtiendo que su país y Chechenia no eran lo mismo porque no confiaban en que el ciudadano medio estadounidense supiera qué era Chechenia y por qué un par de chechenos podía querer atacarles. O kurdos, o rusos.

Espectáculo y conspiración
El penúltimo paso lo pusieron las teorías de la conspiración: que si una misma mujer en dos lugares distintos, que si el amputado de la fotografía es en realidad un soldado que ya era discapacitado… Con cada gran catástrofe siempre pasa lo mismo, como en EE UU los que creen que el 11S fue un autogolpe de Estado y los que en España creen que el 11M lo articuló el PSOE con ETA.

El último paso para cerrar el círculo de la cobertura mediática es el drama y la sangre. Portadas llenas de fotografías dantescas para ilustrar la situación, imágenes del suelo cubierto de sangre… Es la guinda final a una película con todos los ingredientes para arrasar en la taquilla de la audiencia mediática. Al final, cuando los malos son reducidos, la gente sale a la calle y jalea a los policías, se envuelve de su bandera y ni cuestiona si el despliegue de miles de agentes y soldados, el colapso total de una ciudad como Boston, valió realmente la pena y fue necesario. Los efectos especiales no se cuestionan.

Pero, lógicamente, hay otra forma de hacer las cosas. Parar, preguntar, confirmar, informar. Pensar como los japoneses, que no permitieron que se publicara ni una fotografía cruenta tras el brutal cataclismo provocado por un terremoto histórico, un tsunami devastador y una explosión nuclear.

Pero el cine que triunfa, ya se sabe, es el de Hollywood, no el asiático.