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dilluns, 8 de desembre del 2014

"Los que se quedan": el impacto de la crisis en la salud mental de la población española

La crisis económica ha modificado de manera radical la vida a muchas personas en España.

Miles de trabajadores se han visto durante estos años empujados al desempleo de manera repentina y sin una alternativa tangible en el horizonte. Madres y padres de familia cuyos planes se han hecho trizas, sus necesidades básicas han quedado postergadas y que viven cada día sintiendo una profunda incertidumbre por su futuro y el de los suyos. Personas que ven su mundo derrumbarse presas de la impotencia y la desesperación, y que intentan contener una situación que les supera sin más apoyos que el de sus allegados. 

La presión de poder poner un plato de comida cada día en la mesa, en hogares donde incluso una marca blanca es un lujo, o la angustia que supone esperar una oportunidad laboral mellan la autoestima de la persona y afectan a su estado de ánimo, y se suman en muchos casos al estrés que produce afrontar el pago de un alquiler cuando no se tiene un sueldo o, incluso, el drama de quedarse en la calle por un inminente desahucio.

En España se han incrementado los casos de depresión, ansiedad y suicidio, una parte de ellos vinculados cientificamente a factores como el desempleo, las dificultades para pagar la hipoteca o el riesgo de ser desahuciado.

El impacto de la crisis económica en la salud mental de la población española ya es tangible.

Los suicidios son la punta del iceberg del deterioro del estado de la salud mental en general. Un problema de salud pública, subestimado por las autoridades políticas y sanitarias, que se lleva vidas de forma silenciosa y que deja una marca indeleble a familiares y amigos de las víctimas.

Desde hace años se habla, y muchas veces se duda, de la existencia de las llamadas víctimas de la crisis.

Fran, Coy, y Nani, protagonistas del documental, son algunas de estas víctimas invisibilizadas.

Los que se quedan.
Texto publicado en la web del documental
 

dimarts, 24 de juny del 2014

Capitalismo, enfermedad mental y suicidio

Artículo del escritor Víctor Atobas publicado en KAOS EN LA RED

El sistema capitalista reprime y expulsa a los individuos que no le son útiles, intenta perpetuarse a través de una maquinaria social que se alimenta de contradicciones.

La psicología se ha encargado en señalar otro problema que genera el capitalismo (1), un sistema criminal que ha llevado al incremento de enfermedades y trastornos mentales. Una de cada cuatro personas padece alguna enfermedad mental (2) relacionada con las condiciones de trabajo o estudio – habría que recordar los suicidios en France Telecom, así como los numerosos suicidios de adolescentes que sufren problemas en el instituto -, con los problemas económicos derivados de la sociedad consumista o la depresión, principal causa del suicidio. En el Estado español, 400.000 personas padecen esquizofrenia (3). La mitad de las personas que necesitan tratamiento psicológico o psiquiátrico no lo recibe (4).

      Cabría preguntarse si existe relación entre la estructura económica (5),  las prácticas de biopoder y la cultura del sistema capitalista  y el incremento de enfermos mentales que ha detectado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Resulta necesario buscar qué personas son más afectadas por los trastornos mentales. Dos franjas de edad son realmente significativas: el final de la adolescencia, cuando se presenta el mundo real y cruel al individuo, y la edad mediana, cargada de responsabilidades laborales, familiares y de pareja así como de la máxima incidencia del rol social (6). En el plano cultural debemos señalar la música y la literatura como reflejo de la angustia existencialista que sintieron personas que padecían alguna enfermedad mental, como el depresivo Kurt Cobain. Las letras de las canciones del movimiento grunge, nacido a finales de los años 80, trataban precisamente de la incomprensión, el aislamiento y de una profunda angustia. La literatura y en especial el movimiento del realismo sucio han mostrado qué papel tan importante desempeña el status social. Los relatos de John Cheever o Raymond Carver están repletos de personas adultas que aparentan ante sus vecinos solamente por sentirse superiores; de borrachos que guardan luto por un abandono, de parejas y familias que se desmoronan y de suicidios (7).

      Con respecto al primero rango de edad, el final de la adolescencia o la propia pubertad, habría que apuntar varias cuestiones. El acoso escolar lo sufren uno de cada cuatro alumnos en el Estado español, con especial incidencia en estudiantes LGTB. El capitalismo propicia sociedades heterocentradas (8) a través de la cultura y la publicidad y la educación, que condenan una sexualidad diferente. El sistema educativo ha traído problemas como el fracaso escolar; el profesor es un tirano que coarta las capacidad creativa del alumno, que se ve obligado a seguir la linealidad del capitalismo nace – estudia – produce – muere convirtiéndose en el resultado de las líneas de producción del capitalismo (9); un alumno que debe vestirse y comportarse de una forma semejante a la sus compañeros, totalmente obnubilados por el consumismo (10).  Una vez que el alumno ha abandonado el infierno del instituto, se encuentra con la educación superior o con que es incapaz de encontrar empleo.

      Los adolescentes son la imagen perfecta de la alienación. Mientras que los chicos acuden al gimnasio para moldear sus músculos, como los futbolistas, las chicas se engalanan de tal forma que parecen llevar un cartel que dice Cómprame; son víctimas de fobias sociales, del miedo al fracaso y a la opinión de los demás hasta el punto de que necesitan  actuar y estar siempre bien, lo que evidentemente es imposible. En la mayoría de los casos, la esquizofrenia aparece en los últimos años de la pubertad (11). Se ha reconocido la influencia de los factores ambientales en el desarrollo de la esquizofrenia.  Gilles Deleuze y Félix Guattari relacionaron la aparición del capitalismo con los primeros casos diagnosticados de una enfermedad parecida a lo que hoy se denomina esquizofrenia. Nunca una discordancia o un disfuncionamiento anunciaron la muerte de una máquina social que, por el contrario, tiene la costumbre de alimentarse de las contradicciones que levanta, de las crisis que suscita, de las angustias que engendra, y de operaciones infernales que la revigorizan: el capitalismo lo ha aprendido y ha dejado de dudar de sí mismo […] Nunca se ha muerto nadie por contradicciones. Y cuanto más ello se estropea, más esquizofrenia, mejor marcha, a la americana (12). El capitalismo está relacionado con la esquizofrenia, también con la neurosis y el suicidio. El sistema expulsa a los individuos que no le son útiles (13). Antes del surgimiento de la producción mecanicista, de las urbes masificadoras y del orden familiar desestructurado, no existía la esquizofrenia como tal.

      Cada año se suicidan miles de adolescentes. Uno de los casos más llamativos es Japón, donde los suicidios tienen una considerable cobertura mediática, al contrario que en el Estado español. En Japón se conoce como ijime al acoso escolar. En una zona del Monte Fuji se rescata cada año 70 cadáveres de supuestos suicidas (14). En el Estado español se quitan la vida entre nueve y diez personas cada día, convirtiéndose en la primera causa de muerte violenta en el mundo (15). Pero dichas muertes no aparecen en los medios de comunicación sino como alarmantes artículos que denominan al suicidio como la pandemia del siglo XXI. El suicidio en el año 2011 es una consecuencia del sistema capitalista que margina, aparta y vapulea a los individuos que no encajan en la sociedad materialista y represiva. La principal causa de suicidio en los adolescentes es la depresión; el joven entra en un terrible proceso de autodestrucción y empieza a concebir la vida como un sufrimiento continuado. El capitalismo impide que podamos realizar nuestros deseos dado que debemos ser productivos y seguir los dictados de la cultura consumista; el sistema trasforma la naturaleza en paisajes de factorías grises, elimina el erotismo y reduce los sueños a un imposible. Émile Durkheim entiende el suicidio como un hecho social y, por ende, prima las causas sociales a las psicológicas; lo que puede resultar acertado dado que la enfermedad mental, en un grado considerable, se desarrolla un determinado contexto social. Durkheim vislumbró que las comunidades judías, con mayor cohesión y responsabilidad social, tenían una menor tasa de suicidios que los católicos y que, a su vez, en las comunidades católicas había menos suicidios que en las protestantes (16).

      Siguiendo la idea de Michael Foucault de que el sistema aísla a cada individuo en su casa,  y después en su cuarto, habría que  señalar que otra de las causas de la depresión y del suicidio es precisamente el aislamiento de un sujeto que acusa la falta de cohesión social. Hablamos de una sociedad individualista y materialista, la del capitalismo. Las modas irrumpen en la debilitada personalidad del individuo del sistema, es decir, de aquél que se guía de forma inconsciente por los canales abstractos de la represión, creándose de esta forma una psiquis constantemente en tensión ante las imágenes, marcas, hábitos y estilos estéticos. No es raro que dichas personas sueñen con productos, adquisiciones o personajes deseados por el subconsciente. Solamente hay que prestar atención al lanzamiento de un nuevo objeto, ya que, previamente habiendo sido bombardeado por la intensa maquinaria publicitaria, nacerá la necesidad de comprarlo. Son los paisajes de psicosis masiva en la que decenas de personas se pelean por hacerse con la última unidad disponible (ese día) de un libro, por ejemplo, o aquella  multitud que hace cola durante días enteros para ser los primeros en poseer un determinado bien o servicio. Pero... ¿Quién posee a quién? Partiendo del supuesto de que el consumo máximo e intensivo no es porque ahora necesitemos materialmente más que antes, ya que, al fin y al cabo, las condiciones indispensables de consumición únicamente han variado subjetiva y artificialmente en el tiempo, llegamos a la idea de que buena parte de la sociedad no trabaja sólo para obtener una vida digna, sino para poder acceder a los requisitos de la felicidad del capitalismo, de la opulencia, del lujo y el derroche. Mientras, millones de personas pasan hambre sin tener la suerte de tener algo que llevarse a la boca. Y es que, el capitalismo, fundamentado en las contradicciones sociales y económicas – para muestra el crack del 2008 –, suscita una percepción de inferioridad, que no de desigualdad, entre los trabajadores que no pueden obtener ese equilibrio medio de gasto continuado (17).

      De nuevo debemos referirnos a la literatura para encontrar un reflejo de los achaques de la sociedad materialista en la que vivimos. Podríamos citar a varios escritores aun he decidido escoger, por su extraordinaria habilidad narrativa, a Foster Wallace y su relato El neón de siempre (18). En la narración se nos presenta una persona que tiene lo que siempre ha deseado; posee un buen trabajo y recursos suficientes. Sin embargo, nunca se ha sentido feliz ni ha podido disfrutar de la vida; estaba demasiado preocupado en la imagen que los demás tuvieran de él. Tanto es así, que es incapaz de mostrarse tal como es ni siquiera ante su psicoanalista. En los relatos de Foster Wallace es habitual encontrase con personajes que visiblemente padecen enfermedades mentales, tales como la depresión. El propio escritor acabaría suicidándose. Todo el mundo está solo – escribe – confirmando la hipótesis de que el sistema capitalista aísla a los individuos hasta encerrarlos en un ciclo perpetuo de pensamiento negativo que puede llegar a somatizarse.  Cabría citar también a Bukowski o John Fante, igualmente geniales.

      La locura fascina porque es saber dice Foucault, que enuncia los saberes despojados como aquellos que no se ajustan a la discursiva científica y que resultan de la sapiencia popular o del saber de los locos.  Los saberes olvidados – como la filosofía- son desprestigiados, tomados como ingenuos e inservibles. El autor va a poner de manifiesto la relación entre saber y Poder: expone la manera en la que surge un discurso (una literatura psiquiátrica) que hace científica la locura. La filosofía occidental ubicó el conocimiento de tal forma que estuviese separado e inmunizado del Poder, cuestión equivocada según Foucault. Es la concepción errónea de Platón de un político como pastor de hombres que es capaz de dejar a un lado el Poder (19).

      El arte está contagiado por la enfermedad mental, como hemos explicado antes con respecto a Foster Wallace; por personas que rechazan la cultura dominante y que expresan su creatividad no sólo en la escritura sino también en la música y las artes plásticas. La angustia fue representada con gran habilidad por Edvard Munch, un artista educado de forma represiva por su padre, en su famosa obra El grito. Numerosos artistas acabarían suicidándose, cada uno por sus propios motivos. Kurt Cobain siempre deseó convertirse en estrella de rock y, cuando lo consiguió, su angustia aumentó hasta el punto de que acabaría por suicidarse. Camus escribió No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de que se viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía (20). A través de los medios de comunicación, el cine y los anuncios el sistema expresa ideas como las siguientes: ¡Puedes conseguir todo lo que te propongas! ¡Existe la igualdad de oportunidades! cuando lo cierto es que los sueños existenciales resulta casi imposible cumplirlos.

              El ser humano en la cultura Occidental es funcional y productivo. Ocupa gran parte de su vida en el trabajo. Marcuse señala Si diez horas se dedican a la preparación, transportes y trabajo, y ocho horas para las funciones básicas restan del día seis horas para el desarrollo ocioso del hombre (21) de las cuales habría que descontar el tiempo que ocupamos en abastecernos en las tiendas, en la familia y las tareas del hogar, entre otras cuestiones. El ser humano no puede desarrollarse debido a las grandes enajenaciones a las que se ve sometido; se convierte en un medio más de producción cuya función viene pre-asignada por la dominación y la subyugación al principio de la realidad, siguiendo términos freudianos. No hay una contraposición entre el principio de placer y el principio de actuación (trabajo en este caso) sino entre el principio de placer y el trabajo que enajena. La dominación de la cultura occidental se manifiesta llegando a dirigir al ser así como sus apetitos, valores, creatividad, genitalidad e incluso el curso fantasioso de la imaginación (22). Con la crisis económica, los recursos para el ocio se han reducido dado que falta trabajo. La pérdida de empleo constituye, junto con el alcoholismo y el consumo de sustancias psicoactivas o psicotrópicas, uno de los factores de riesgo del suicidio.

      En el rango de edad mediana, la separación que degenera en una profunda depresión es otra causa de suicidio. Rafael Santandreu apunta que a su consulta de psicología cognitiva acuden personas que han perdido a su cónyuge y que dicen necesitar a alguien (23).  Transforman la realidad para originar necesidades. Nadie necesita una pareja; lo único que necesitamos realmente es alimento y bebida, vestimenta y una vivienda o techo. Santandreu concluye que este tipo de pensamiento conduce a la neurosis; una enfermedad social, según Foucault, que se desarrolla en un individuo con determinadas características psicológicas. Sin embargo, para Foucault hay ciertas condiciones sociales del medio en que vive el individuo que sufre neurosis. Las enfermedades mentales son consecuencia, o al menos un factor desencadenante, del medio social y de los mecanismo de Poder del sistema capitalista.

      La pobreza es otro factor de riesgo del suicidio. El colectivo inmigrante se ve especialmente afectado por la pobreza y el racismo de Estados como el italiano o el español. Según el Institut de Drets Humans de Catalunya El colectivo inmigrante es uno de los que más está sufriendo las consecuencias de la crisis económica actual: paro, precariedad, dificultad para regularizar su situación... Sin embargo, diversas medidas y declaraciones políticas que están apareciendo en los medios últimamente culpabilizan a los/las inmigrantes de esta situación (24). Los inmigrantes sufren más la actual crisis económica; la tasa de paro es mayor en este colectivo, que antes del estallido de la crisis en 2008 realizó trabajos precarios, en muchas ocasiones en situación irregular y con elevado riesgo laboral. La mitad de los muertos por accidente laboral en Madrid durante el año 2006 fueron inmigrantes (25).

      En cuanto al sexo, los hombres son más efectivos que las mujeres a la hora de quitarse la vida (26). Los antecedentes familiares de suicidio son otro importante factor. Los padres y madres juegan un importante papel en la salud mental de sus hijos. Según la Organización Mundial de la Salud los maltratos en la infancia también tienen influencia.

      Si hacemos un pequeño comentario histórico del suicidio; en la antigua Roma era considerado como un acto honroso; por el contrario, para las religiones islámica, católica y judía el suicidio es condenable. Después paso a considerarse un acto romántico, especialmente en la literatura. Con la llegada del capitalismo y de los medios de comunicación, el suicidio se oculta. En las encuestas sobre felicidad los ciudadanos del Estado español se declaran muy felices o bastantes felices, lo que resulta difícil de creer (27).

      La estructura económica del capitalismo incide, claramente, en la enfermedad mental y el suicidio pero es la propia esencia represiva del sistema la que reprime el deseo, no sólo para los otros, sino en sí mismo, ser el polizonte de los otros y de uno mismo, eso es lo que pone en tensión, y ello no es ideología, sino economía. El capitalismo posee la potencia del fin y del interés (del poder), pero siente un amor desinteresado por la potencia absurda y no poseída por la máquina. ¡Oh! En verdad, no es para él ni para sus hijos que el capitalista trabaja, sino para la inmortalidad del sistema. Violencia sin finalidad […] comentan Gilles Deleuze y Félix Guattari (28), que describen al esquizofrénico como una máquina de deseos en la que se insertan distintos cuerpos; unos brazos, por ejemplo.

      El proceso de socialización, dividido en dos fases, toma una especial transcendencia. El primer proceso se produce en la fase más temprana de vida y es el más importante. La conflictividad entre psique y soma es tangible en las contraposiciones violentas entres los principios de placer, actuación, realidad y muerte. Expliquemos brevemente unos conceptos necesarios para comprender la dominación del sistema en el individuo. Id es el estado original del ser; cuando nace un niño sus instintos fluyen inapelablemente libres y generan un monstruo original y destructor donde la libido y el erotismo son posibles. Ego es el estado subsecuente del id; es ocasionado por los padres para que el niño viva en la civilización capitalista, relacionándose con su entorno sin sembrar la destrucción. El ego crea el consciente, el cual es imbuido por los flujos sociales; esto impide la realización de los instintos básicos del ser humano y desfasa la línea pasado – futuro. El súper – ego es el desarrollo del ego; que crea conflictos con el entorno, viéndose obligado a subsanarlos. Una vez conocidas tales definiciones puede observarse que la cultura sería una concatenación subsecuente originada por la civilización, que consigue que los instintos básicos del hombre  (principio de placer) sean maniatados y sustituidos por el principio de actuación. El hombre está definido funcionalmente y su sometimiento al principio de actuación produce que el dolor supera al placer. A esto último accede el hombre dada su conciencia capitalista, que profesa que debemos reprimir nuestros deseos; debemos aceptar irremediablemente nuestra preestablecida tarea socio – productiva (29) (30).

      Marcuse señala Las formas de dominación han cambiado: han llegado a ser cada vez más técnicas, productivas e inclusive benéficas; consecuentemente, en las zonas más avanzadas de la sociedad industrial, la gente ha sido coordinada y reconciliada con el sistema de dominación hasta un grado imprecedente (31). Este filósofo llega a condicionar la posibilidad de que la civilización represiva acabe y se liberen los instintos básicos del hombre, al cambio social (32). Pues bien, desde que Marcuse escribió esto en 1955 no ha llegado a producirse un cambio social que acabe con la represión del sistema capitalista.

      Como conclusión al artículo: el sistema capitalista es un sistema asesino, que reprime y expulsa a los individuos que no le son útiles; que carga sus mecanismos de biopoder, que intenta perpetuarse a través de una maquinaria social que se alimenta de contradicciones. Desgraciadamente miles de personas se suicidan cada año, y otras tantas sufren de enfermedades mentales que están relacionadas no sólo con la estructura económica del capitalismo sino también con su propia esencia represiva.

NOTAS:
1.      No voy a referir aquí las injusticias del sistema capitalista, que se encuentran recogidas en numerosos ensayos críticos que abarcan desde la cosificación de las personas hasta la patente desigualdad social.
2.      Organización Mundial de la Salud (2005). Mental Health: facing the challenges, building solutions.
3.      Asociación Mundial de Psiquiatría (2007). La esquizofrenia abre las puertas.
4.      Ministerio de Sanidad y Consumo (2006). Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud.
5.      Honrubia Hurtado, P. A. (2009). Alienación consumista y enfermedad mental en el Capitalismo: Análisis dialéctico de una relación evidente. El autor denuncia la relación existente entre la estructura económica consumista – capitalista y el desarrollo de problemas de tipo psicológico – existencial.
6.      Center for Disease Control and Prevention (2010). Current Depression Among Adults, United States, 2006 and 2008.
7.      La música y la literatura están relacionadas en este caso. Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana, componía sus canciones a través de una técnica literaria denominada Cut – up hasta el punto de que su obra guarda semejanza con la del escritor William Burroughs.
8.      Recomiendo el ensayo de Beatriz Preciado Manifiesto contra – sexual (2000) para entender los mecanismos heterocentristas.
9.      Señalar el declive de las carreras de letras, en detrimento del tecnicismo que ha acentuado el Plan Bolonia.
10.      Las empresas de publicidad conocen que las mentes de los jóvenes son más sensibles a la publicidad. Pretenden construir una pulsión; convierten el consumo en una necesidad que, de no verse satisfecha, generará malestar.
11.      Datos de la Universitat de Lleida. Estadísticas relacionadas con la esquizofrenia.
12.      Deleuze, G. y Guattari, F. (1972) El Anti Edipo. Colección Capitalismo y Esquizofrenia. Paidós año 1972.
13.      Ibídem cita 5. Honrubia Hurtado señala: Si, por h o por b, no eres apto para el sistema, el sistema no sólo te golpea hasta derribarte, sino que, una vez que estás en el suelo, te pisa hasta rematarte, mediante la propia acción social del entorno en el que nos vemos envueltos.
14.      Datos recogidos por Esteban Miyahira en el blog www.enjapon.info
15.      Elena Mengual. Suicidios, la epidemia del siglo XX: El Mundo (30/10/2011) http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/27/espana/1319712105.html Consulta: 15 de noviembre de 2011.
16.      Durkheim, E. (1897). El suicido.
17.      Atobas, V. (2010). Capitalismo: Consumo y esquizofrenia.
18.      Foster Wallace, D. (2004). Oblivion: Stories. Little.
19.      Atobas, V. (2010). ¿Qué es Poder? Edición Corregida. Artículo publicado en www.estaticateorica.blogspot.com
20.        Camus, A. El mito de Sísifo (1942).
21.      Marcuse, H. Eros y civilización (1955).
22.      Atobas, V. (2009). La Poliédrica. Autoedición.
23.      Santandreu, R. (2011). El arte de no amargarse la vida: Las claves del cambio psicológico y la transformación social. Oniro.
24.      Institut de Drets Humans de Catalunya (2010).
25.      Datos del sindicato Comisiones Obreras (2007).
26.      Ibídem cita 15.
27.      Manjavacas, M. (2006). La felicidad de los españoles se apoya en la familia y la salud. Revista Índice. Número 14, pp. 6. Comentario: En este artículo se comentan los datos del CIS, y se refiere que el 78% de los ciudadanos del Estado español se declaran muy felices o bastante felices, mientras que el 6% se declara desgraciado.
28.      Ibídem cita 12.
29.      Freud, S. (1929). El malestar de la cultura.
30.      Ibídem cita 22.
31.      Ibídem cita 21.
32.      Marcuse apunta en Eros y civilización que la automatización haría posible una inversión entre el tiempo de trabajo y de ocio.

dilluns, 25 de març del 2013

EL NÚMERO DE SUICIDIOS DE SOLDADOS DEL EJÉRCITO NORTEAMERICANO SUPERA AL DE LOS MUERTOS EN COMBATE

Alyssa Röhricht,  escritora, activista y, como ella misma se define, news junkie  -adicta a las noticias- expone en el artículo publicado en el diario digital norteamericano COUNTERPUNCH el aumento alarmante de los casos de suicidio entre l@s soldados del ejército norteamericano, protagonizados tanto por hombres como por mujeres e, igualmente, entre soldados en activo y veteran@s. 

El alto porcentaje de suicidas que durante el año 2012, y por tercera vez en los últimos 4 años, ha superado al número de caídos en combate, es debido, según la autora, al marcado carácter bélico de EEUU y a la intensificació de su eterna campaña imperialista que ha llevado a aumentar, significativamente, los despliegues de soldados en diversas partes del Planeta. A esto hay que añadir la desatención a la que las autoridades de su propio país abandonan a l@s retornad@s, que se ven obligad@s a sobrevivir sin atención médica, sin trabajo y, en muchos casos, sin hogar.

No te pierdas el interesantísimo artículo de Alyssa Röhricht: 

Soldier Suicides: What Isn't Being Said


On March 21, 2013  at around 11 p.m., a tragedy occurred as a U.S. Marine shot and killed two co-workers at the Marine Corps Base in Quantico, Virginia and then committed suicide. While this instance is a tragedy in itself, it marks an alarming trend among U.S. active-duty soldiers and veterans.

Suicides in the U.S. military have been climbing, reaching a record high in 2012 when 349 soldiers took their own lives, about one every 25 hours. By comparison, 301 U.S. soldiers died in active combat in 2012, marking the third time in four years that the number of military suicides has surpassed the number of deaths in combat of U.S. soldiers. The figures also do not include the 110 “pending” reported suicides that are still under investigation by medical examiners. In veterans, the numbers are far worse: about one veteran every 65 minutes takes his or her own life, according to a new investigation by the Department of Veterans Affairs which examined suicide data from 1999 to 2010.

Since this data has been released, a new crisis line and website have been created for veterans contemplating suicide to reach out and access information on various resources for family and friends. Additionally, President Obama signed an executive order in 2012 authorizing the VA to hire and train additional staff, and according to a press release by the VA, the Veteran Crisis Line has already saved approximately 26,000 suicidal veterans thus far. But the 1,600 new clinical staff, 300 new administrative staff, and 800 new peer-to-peer specialists to work on mental health teams that the VA has hired or is in the process of hiring will only treat the symptoms of this crisis, not the cause.

That there are 26,000 veterans that need saving from suicidal thoughts and behaviors should be evidence enough that something is wrong. The cause shouldn’t be too hard to discern either. Yet coverage in the mainstream is severely lacking. An article in Forbes detailed the rise in veteran suicide, questioning why the numbers could be so high but offering no real answers as to why.

“It’s still pretty shocking that veterans make up such a high proportion of suicides in this country. Veterans affairs experts explain this by saying that veterans fall into high-risk groups for suicide, which include being male, having access to guns, and living in a rural area, but those factors don’t seem to come close to accounting for such a high rate.”

And that’s where the author’s analysis ends. Well, the author is certainly correct about one thing. That veterans have higher risk factors associated with suicide – things like maleness, gun ownership, and living in a rural area – is NOT sufficient to explain such high rates of suicide. Yet the author completely ignores all obvious answers to her pondering.

Perhaps we could examine the incredibly long and repeated deployments by U.S. soldiers in Iraq and Afghanistan. During World War II, The Christian Science Monitor reports, the average infantryman in the South Pacific spent about 40 days in combat over four years. That’s compared to today when about 107,000 Army soldiers, or 20% of the active-duty force, have been deployed three or more times since 2001. Over 50,000 have done four or more tours. That’s four or more tours of watching your fellow soldiers die, four more tours of being under the constant stresses of war-time of fearing for your own life and the lives of those around you, and four more tours of having to take the lives of others because such is the game of war.

Or perhaps it is our strange and schizophrenic way of rallying behind the troops with our patriotic chants and our “Support our Troops” bumper stickers, yet when our troops come home, we leave them homeless, jobless, penniless, and without healthcare to nurse their physical wounds, and worse yet, their psychological ones. According to the 2012 Annual Homeless Assessment Report, an estimated 62,619 veterans were homeless on a single night in 2012. In another study by the Urban Institute, about one in ten veterans lack health insurance, that’s 1.3 million veterans without benefits. Of the lucky veterans that do get treatment by the VA, an estimated 30% have been diagnosed with Post Traumatic Stress Disorder, or PTSD. In a report released by the VA in 2012, it was revealed that 247,243 veterans of the Iraq and Afghanistan wars have been diagnosed with the disorder. According to an article on the Daily Beast, “Troops who’ve been deployed multiple times to Iraq and Afghanistan are more than three times as likely as soldiers with no previous deployments to screen positive for PTSD and major depression, according to a 2010 study published by the American Journal for Public Health.”

Or perhaps, as we have just passed the 10th anniversary of the Iraq war, we should consider how this country has been so deeply drenched in wars throughout the world for so many years. Operation Enduring Freedom had its 11th anniversary last October, marking more than a decade of involvement in Afghanistan. It has been close to six years since the U.S. revamped its efforts to fight terror in Somalia; nine since we began our drone campaign in Pakistan. Our War on Drugs in Latin America has been waged for decades in a seemingly ever-expanding initiative and costing the United States billions upon billions of dollars. And those are just the wars most people know about. Our special operations forces work in an estimated 120 countries around the world, including throughout Central Africa, across Latin America, and in the Philippines. Our global hegemonic empire works in about 60% of the world’s nations.

With that in mind, how could anyone be surprised at our high rate of suicide among our active-duty soldiers and our veterans who are forced to fight in deployment after deployment, in wars spanning the globe meant only to increase our dominance and global sovereignty, and who come home to joblessness, homelessness, and no one to help them with their internal and external wounds. The wrong questions are being asked in this country. The question is not, how can we better help our wounded vets and soldiers combat depression and suicide? The question is: how can we cut ourselves off from our incessant need for war and conflict and global domination to stop this terrifying trend of murders and suicides. This country has an addiction to war and violence. That is the source of our problem. It is time we changed the conversation.