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diumenge, 19 d’abril del 2015

Prostitución, aborto y la razón neoliberal

Artículo de Beatriz Gimeno, filólofa semítica, activista social, feminista y defensora de la diversidad sexual y de los derechos de las personas con discapacidad, publicado en eldiario.es. En él, la autora desarrolla un profundo análisis sobre las auténicas razones que mueven al neoliberalismo a defender la legalitzación de la prostitución, el escenario de probreza que impone como condición previa para que esta situación se dé y su inmenso poder económico y, por lo tanto, su inmensa influencia política. Podríamos decir, parafraseando a Hannah Arendt cuando ésta se refería al Tercer Mundo, que la prostitución no es una realidad sino una ideología.

La administradora del blog

Es normal que Ciudadanos y Esperanza Aguirre se muestren partidarios de la regulación de la prostitución. Angela Merkel también lo es y contribuyó a la regulación de la misma en Alemania. Es normal, hablamos de una gran industria, la segunda mayor industria del mundo, mueve millones de euros y es un gran lobby con una enorme capacidad de presión social y política. Un lobby que paga a medios de comunicación y a expertos de todo tipo para conseguir una opinión pública favorable a sus intereses. Un lobby empresarial que, al igual que cualquier otro gran lobby, trabaja no para dotar de derechos a las personas más vulnerables, sino para aumentar sus propios beneficios.

En los próximos años, quizá meses, vamos a ver cómo la derecha se preocupa cada vez más de la prostitución. Su propuesta será regularla y su excusa serán los derechos de las prostitutas. El Partido Popular ya la ha incluido en el PIB y próximamente vamos a escuchar hablar mucho de estos derechos, como hace ya Albert Rivera. No sé si engañarán a nadie, quizá sí, pero es llamativo que el mismo partido que se opone a que los inmigrantes irregulares tengan derecho a la sanidad quiera ahora dotar de derechos a las prostitutas, la inmensa mayoría migrantes, muchas irregulares. No hace falta explicar que decir “derechos” y “Esperanza Aguirre” en la misma frase hace que ésta explote, es una contradicción en sus términos.

Vamos a abandonar de una vez la idea, prejuiciosa e interesada, de que las personas que nos oponemos a la regulación de la prostitución lo hacemos por una especie de moralina conservadora. Los liberales conservadores, minoritarios ahora, tienen sus propias razones para oponerse a la prostitución, pero más bien a quién se oponen es a las prostitutas (a las mujeres) y al sexo. Los moralistas religiosos conservadores asocian el sexo a algún tipo de mal y culpan a las mujeres, prostitutas o no, del comportamiento de los hombres.

Cuando las políticas sobre la prostitución las dictan los conservadores, son las prostitutas las que son perseguidas, como si ellas fueran las culpables de dedicarse a una ocupación creada, mantenida y promocionada durante siglos por el sistema patriarcal, que se ocupa, además, de crear las condiciones materiales necesarias para que millones de mujeres vean en ella su mejor opción.

Para saber lo que piensan estos moralistas de la prostitución basta con ver lo que ha opinado la Iglesia católica, todas las iglesias, desde siempre: la prostitución es necesaria, dijo San Agustín, pero ellas son escoria; y de ahí no se han movido. En la Edad Media las parroquias eran propietarias de muchos burdeles. No se habrá escuchado a un jerarca de la iglesia opinar mal de la prostitución, si de las prostitutas. En todo caso, esta opinión era la propia del capitalismo y precapitalismo patriarcal que ha sido sustituido por la globalización neoliberal y por otro tipo de prostitución.

La batalla de ideas es muy importante para el neoliberalismo. Se trata de invadir hasta el último reducto de las mentes con la idea de que el mercado es un buen regulador social y que, cuanto más libre es el mercado, mayor bienestar social. Se trata de que asumamos que todo es mercantilizable y que la justicia la determina la ley de la oferta y la demanda; que cualquiera puede ser un emprendedor y que la libertad consiste en poner precio a todo aquello por lo que alguien esté dispuesto a pagar: los óvulos, la sangre, los cuerpos, los úteros, los órganos, los niños y niñas (si se venden antes de ser concebidos)...

El apoyo a la industria de la prostitución, a la de los vientres de alquiler o a la de la privatización de la sangre entra dentro de lo que Esperanza Aguirre y Albert Rivera consideran el debate de las ideas. La de la prostitución es una batalla central para el neoliberalismo por varias razones. Por una parte porque es una industria global que a saber cuántas campañas electorales no estará financiando en todo el mundo y porque está conectada con poderosas industrias de todo tipo. En ese sentido estamos hablando de una empresa tan poderosa social y políticamente como Bayer, por poner un ejemplo. Pero con una ventaja añadida y es que además de producir dinero produce, con su sola existencia, ideología patriarcal y no olvidemos que el neoliberalismo tiene su propia política sexual; prefiere la desigualdad a la igualdad de género. La desigualdad de género es funcional al neoliberalismo por razones conocidas (Rosa Cobo lo explica muy bien aquí) y porque, como dice Marcela Lagarde cuando el género se mueve, todo se mueve. El feminismo ha conseguido mover algunas de las certezas sociales respecto al género y obviamente vivimos ahora una fuerte reacción patriarcal.

No es porque las feministas seamos puritanas ni porque se trate de sexo por lo que estamos contra la prostitución. De hecho, la prostitución no tiene nada que ver con las relaciones sexuales ya que una relación sexual necesita de dos o más personas y aquí sólo hay una parte, el hombre, teniendo sexo, mientras que la mujer está, en el mejor de los casos, esperando que él acabe y en el peor, sufriendo.

Tampoco es una cuestión exclusivamente individual, como los neoliberales lo plantean. Hablamos de una institución y, por tanto, es una cuestión también social. Se trata de desigualdad de género, se trata de desigualdad económica y se trata de ideología patriarcal. Se trata de una ideología que asume como natural unas supuestas “necesidades” sexuales masculinas y un supuesto “derecho” a saciarlas a costa de lo que sea, y que da por hecho que tiene que existir un contingente de mujeres a disposición de esas supuestas necesidades masculinas y de esos supuestos derechos. Este contingente se asegura creando las condiciones materiales de desigualdad y las condiciones culturales para que muchas mujeres tengan en la prostitución su mejor o única opción.

Con el neoliberalismo global, la prostitución cambia y su demanda aumenta (a pesar de las libertades sexuales de hombres y mujeres). Ha pasado de ser una salida personal para mujeres empobrecidas a ser una inmensa industria que necesita, como toda industria, aumentar constantemente la demanda. De ahí la necesidad de la trata. La demanda aumenta incentivada por una industria y por un lobby que es capaz de producir cambios en las mentalidades sociales y en los hábitos de consumo. Un lobby que trabaja con los medios de comunicación, con supuestos expertos, en las instituciones internacionales, en la publicidad, el cine…Tanto aumenta la demanda que a pesar de las condiciones de pobreza y explotación a las que viven sometidas millones de mujeres, no hay oferta suficiente; por eso, para mantener esta industria viva y asegurar el aumento sin fin de la demanda, es necesaria la trata.

La prostitución es, de todas las instituciones patriarcales, la que mejor normativiza las diferencias entre hombres y mujeres, las marca a fuego. La prostitución sitúa a los hombres a un lado y a las mujeres al otro de manera no intercambiable; y tiene consecuencias ideológicas, pedagógicas, culturales, éticas, y también económicas. Si la prostitución aparece como una solución aceptable para la pobreza femenina, para qué buscar otras, para qué formar a las mujeres, para qué educar a los hombres en la igualdad si la igualdad es incompatible con el uso de la prostitución.

La prostitución enseña desigualdad; disciplina a los hombres en un modelo de relación desigual, lo normaliza y naturaliza aun más. No importa la igualdad que alcancemos en otros ámbitos, siempre quedará ese espacio para que aquellos hombres para quienes experimentar subjetivamente la superioridad sobre las mujeres es un factor importante en la construcción de su personalidad, puedan hacerlo; para que puedan experimentar, sentir, gozar, aprender y reafirmarse en la desigualdad. Y eso no tiene nada que ver con que las mujeres que se dedican a la prostitución tengan sus derechos humanos y de ciudadanía intactos. Para ellas respeto, apoyo, solidaridad, justicia y ayuda si la necesitan. La batalla es contra la institución, contra los empresarios, contra los puteros y contra la ideología prostitucional.

Obviamente, los mismos que apoyan la institución de la prostitución son los que se oponen al derecho al aborto. Porque el derecho al aborto sí es un derecho personal y social que contribuye a mover el tablero del género, ya que otorga a las mujeres la plena libertad reproductiva, algo que no ha ocurrido nunca antes en la historia. Convierte a las mujeres en dueñas plenas de sus procesos reproductivos, de sus cuerpos y de sus proyectos vitales, mientras que la institución de la prostitución (aun cuando supusiera ventajas personales para alguna de las mujeres que se dedican a ella) cimenta la desigualdad material y simbólica de todas las mujeres. El aborto hace a las mujeres dueñas de sus cuerpos, mientras que la prostitución los pone al servicio de una determinada ideología y de una industria.

Por eso, en las próximas décadas vamos a ver como la prostitución es firmemente apoyada desde los sectores puramente neoliberales, que lo van a hacer, además, en nombre de los derechos de las mujeres, mientras que, al mismo tiempo, el derecho al aborto o la lucha contra la violencia machista serán fuertemente contestados desde esos mismos sectores. Es la política sexual del neoliberalismo globalizado: mercantilización de los cuerpos de las mujeres y de sus procesos reproductivos bajo la etiqueta de libertad y libre contratación, combinado todo ello con ataques ideológicos y materiales al derecho al aborto. Frente a ello no cabe sino más feminismo.

Fuente fotografía: http://www.sevilla.org/ayuntamiento/areas/area-de-familia-asuntos-sociales-y-zonas-de-especial-actuacion/a-mujer/campanas-de-sensibilizacion/campanas-de-sensibilizacion-en-materia-de-violencia-de-genero-1/23-septiembre

dilluns, 29 de desembre del 2014

¿Por qué hay personas que prefieren dormir en la calle en vez de hacerlo en un albergue?

Albert Sales explica en el artículo que reproducimos a continuación, publicado en Vagos, Maleantes, Putas e Inmigrantes, los complejos motivos por los que muchas personas deciden dormir a la intemperie a pesar de que en las ciudades en cuyas calles viven y duermen existen albergues con camas disponibles. Ir más allá de la obviedad de los hechos implica, como ha expuesto en alguna ocasión la socióloga catalana Marina Subirats, elaborar un pensamiento sofisticado. Para muchas personas éste es un ejercicio muy difícil de practicar por la existencia previa de una premeditada y bien planificada tarea de inculcar de manera generalizada -y, por cierto, a través de mecanismos muy "sofisticados"- una mirada acrítica que simplifique todas las cuestiones.

La administradora del blog

QUIEN DUERME EN LA CALLE ES PORQUE QUIERE

No, no hace falta ser Ana Botella para defender con convicción que quien duerme en la calle es porque quiere. Unas plazas libres en un albergue son argumento de sobras para que muchas personas de bien y orden compartan tan elaborada conclusión. Botella, en su visita anual al Centro de Acogida para personas sin hogar San Isidro, de Madrid, ha afirmado que no hay nadie que no pueda dormir bajo techo en Madrid, pero hay personas que no lo quieren hacer. La alcaldesa de la capital española intentaba dejar claro que el Ayuntamiento hace todo lo que hay que hacer para atender a las personas sin techo, subrallando la labor de los centros de acogida y del SAMUR Social, pero que si la ciudadanía sigue viendo personas durmiendo en la calle se debe a su obstinada elección.

El mismo razonamiento con el que Ana Botella, entre muchos otros, se descarga de responsabilidades, sirve también como argumento a otros para “limpiar” las calles. Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, defendió la polémica ley que abrió la puerta a convertir la pernocta en el espacio público en delito, afirmando que en los albergues había sitio de sobras y que quien dormía en la calle lo hacía por opción, no por obligación. Desde noviembre de 2012, los Ayuntamientos Hungaros pueden declarar areas donde quede terminantemente prohibida la pernocta bajo pena de trabajos comunitarios o prisión. La organización húngara de apoyo a las personas sin hogar A Város Mindenkié (La ciudad es para todos) declaraba en su web a finales de 2012: “A pesar de años de activismo y protestas, el sinhogarismo se ha convertido en un delito punible en Hungría. En noviembre de 2012, el Tribunal Constitucional revocó una ley que criminalizaba las personas sin hogar, con el argumento de que el Estado debe considerar la exclusión de la vivienda como un problema social no como un hecho punible. En respuesta, el partido en el gobierno decidió cambiar la Constitución lo que permite a los gobiernos locales castigar la “residencia habitual en el espacio público”. Las personas sin hogar ya pueden ser sometidas a trabajo comunitario obligatorio, multa y encarcelamiento en la mayor parte de Budapest, y varias autoridades locales fuera de la capital también están criminalizando y penalizando la falta de vivienda”.

En abril de 2011, el entonces alcalde de Madrid, Aberto Ruiz Gallardón, también pidió públicamente una ley que habilitara a la policía municipal para sacar a las personas sin hogar de la vía pública por la fuerza. Gallardón argumentaba que en su ciudad había recursos de pernocta suficientes para que nadie durmiera en la calle pero que no disponía de la autoridad legal para obligar a nadie a utilizarlos. Se trata del mismo argumento utilizado en repetidas ocasiones por el Secretario de Estado húngaro; una simplificación de la realidad con la que se intenta alimentar el mito de que todo el que duerme en la calle lo hace porque quiere.

Pero, ¿qué explica entonces que haya personas que duerman a la intemperie? ¿Quién puede preferir dormir al raso que en una cama de un edificio con calefacción? Sin duda, es complicado comprender las decisiones ligadas a la supervivencia que toman las personas que viven situaciones de pobreza extrema desde los marcos de referencia de quien nunca ha vivido dichas situaciones. Aunque podamos imaginar cómo nos comportaríamos si una noche nos quedáramos en la calle, difícilmente podemos saber qué decisiones tomaríamos tras pasar semanas o meses sin hogar. 

Al centrarse en el momento concreto en el que alguien rechaza la asistencia de los servicios sociales obviando el proceso de deterioro de la situación personal que le ha llevado a quedarse sin techo, se simplifican en exceso tanto las causas como las consecuencias de la exclusión de la vivienda que padecen millones de personas en el Estado español.

Sin techo no es lo mismo que sin hogar, pero quedarse sin techo es el estadio más grave del sinhogarismo. En la mayoría de ocasionas se trata del final de una prolongada caída en el transcurso de la cual se pasa por situaciones de exclusión residencial muy duras: el hacinamiento en viviendas de familiares o amigos con todas sus tensiones, el alojamiento en habitaciones subarrendadas o en pensiones, el paso por centros de acogida o albergues, los constantes cambios de domicilio, traslados y mudanzas, durante las cuales no sólo se pierden propiedades y recuerdos, sino también relaciones sociales y sensación de arraigo. La imposibilidad de plantear objetivos vitales a largo plazo y la acumulación de frustraciones hace que las decisiones se centren en lo inmediato. Cuando se percibe imposible encontrar un empleo, ¿qué sentido puede tener destinar tiempo y recursos a formarse?, cuando la capacidad de ahorro es mínima y los imprevistos dejan la cuenta corriente en números rojos, ¿qué sentido tiene contener impulsos de consumo para ahorrar?

En la adaptación a los cambios derivados del empobrecimiento y de la constante provisionalidad, se desarrollan estrategias de supervivencia que se incorporan a la cotidianidad de las personas. Son estrategias muy complejas que interaccionan con los servicios de asistencia social de formas que pueden no ser las más “razonables” para quienes planifican la asistencia. Renunciar a la pernocta en un centro de acogida temporal es una decisión que puede estar motivada por un sinfín de razones. La persona que así actúa puede preferir quedarse cerca de donde pasa el día y de donde la gente le conoce y le ofrece alguna ayuda, en lugar de caminar con sus pertenencias de una punta a la otra de la ciudad para pasar la noche en un lugar que no es sino un refugio temporal; quizá no quiera prescindir de la compañía de sus mascotas; puede que evite dormir junto a otras cinco personas en quienes no confía y con las que se vería obligada a compartir habitación… hasta podría ser que, tras ser objeto de varios intentos de intervención social frustrados, ya no quiera establecer ninguna relación con instituciones asistenciales.

Los albergues y centros de acogida temporal son imprescindibles para atender a las personas sin techo pero no tienen como objetivo hacer desaparecer las personas sin techo de las calles. Tampoco son recursos destinados a luchar contra el sinhogarismo, puesto que pernoctar en estos equipamientos no es disponer de un hogar desde el que reconstruir la propia vida. Para acompañar a las personas sin hogar en la reconstrucción de sus vidas existen otros recursos y para luchar contra la pobreza extrema y el sinhogarismo que tanto parece conmover a Ana Botella en sus visitas navideñas a los albergues hacen falta unas políticas de vivienda distintas, unas políticas migratorias distintas, y un sistema de garantía de ingresos dignos.

dimarts, 11 de març del 2014

La pobreza: la nueva oportunidad de negocio para el nuevo oxímoron llamado capitalismo incluyente

Artículo publicado en DIAGONAL con el título 
 
El emprendimiento y el ‘sex appeal’ del negocio de la pobreza
El nicho de mercado en torno a quienes viven con dos euros al día


“La búsqueda de modelos de negocio rentables que ayuden a combatir la pobreza se ha convertido en un tema cada vez mas ‘sexy’”. Esta frase, que abría un artículo aparecido en inglés en el blog de Innovación Social de la ESADE, una de las principales escuelas de negocios españolas, señala por dónde van algunos de los nuevos intereses del capital. Sin grandes algaradas, pero con una estrategia continua y firme, bancos, transnacionales y consultoras están en los últimos tiempos dirigiendo sus miradas hacia las capas de lo que ellos llaman la base de la pirámide. Estaríamos hablando de más de cuatro mil millones de personas con una renta anual inferior a 1.500 euros, es decir que sobreviven con menos de cuatro euros al día. En España, esa pirámide también se va ensanchando por abajo: según el último informe de Cáritas, diez millones de personas se encuentran en una situación de pobreza relativa, y otros tres millones, de pobreza severa.

Ya hace más de diez años, en una publicación que es un referente en la estrategia de negocios con la pobreza, La fortuna en la base de la pirámide, sus autores, C.K. Prahalad y Stuart Hart, aseguraban, tras constatar que se habían sobrevalorado las perspectivas de ganancia en los países desarrollados y entre la clase media de los mercados emergentes, “que la verdadera promesa no eran los pocos ricos de los países en ­desarrollo, ni los consumidores de la clase media emergente, sino los miles de millones de pobres aspirantes que accedían a la economía de mercado por primera vez”.

El beneficio que puede dar una persona con pocos ingresos es mínimo, pero multiplicado por cuatro mil millones es muy importante. El blog de Esade recogía el dato que daba la banca J. P. Morgan en su informe de enero de 2013 de que ese año habría “más de nueve billones de dólares (casi 9.000 millones de euros) para inversiones de impacto social”.

Fundación Ashoka

Para hacer de puente entre las grandes instituciones del poder económico y estos nuevos objetivos de la base de la pirámide o de los consumidores críticos ha surgido en los últimos años la figura de los emprendedores sociales y las fundaciones que los apoyan. Una de las más importantes es Ashoka, que se define a sí misma como la mayor red internacional de emprendedores sociales.

Ashoka busca líderes en múltiples ámbitos como la economía social, la sanidad, la banca ética, la agricultura ecológica, los microcréditos o el periodismo. Según sus datos, tiene una red de 3.000 emprendedores sociales en 71 países, 23 de ellos en España, a los que financia con un estipendio mensual durante tres años. En una entrevista en 2011 la entonces directora en España de Ashoka Empren­dedo­res, María Calvo, afirmaba que los emprendedores sociales “una vez seleccionados, pertenecen a la red Ashoka de por vida”. Algunos de sus patrocinadores a nivel estatal son BBVA, la Fundación Telefó­nica, la Fundación Once o la farmacéutica Boehringer. Tiene alianzas con la Fundación Botín o Google y colabora con la consultora Price­wa­ter­houseCoopers. A nivel internacional tiene alianzas con la Fundación Gates, la Fundación Skoll, la consultora McKinsey y eBay entre otros.

En una entrevista a la revista Quo, la fundadora de Ashoka España, María Zapata, declaraba que “para las empresas, el mercado potencial que ofrece la población que está viviendo con menos de dos dólares al día, lo que llamamos la base de la pirámide, en temas de energía, vivienda, alimento, etc. es de cuatro billones de dólares. Por tanto, la oportunidad de mercado para esas empresas es brutal, y ellas lo saben. Pero las desconocen y no saben cómo acceder a ellas. Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones y su labor es acercar a la multinacional hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas”.
El apoyo al emprendimiento social, a lo que la élite económica llama “capitalismo incluyente”, es una de las principales formas que ésta ha encontrado para llegar a estos nuevos objetivos. Un ejemplo de este interés es Momentum Project, una iniciativa del BBVA y ESADE, dirigida al fomento de proyectos empresariales llamados de interés social.

Una de las empresas sociales seleccionadas por Momentum Project es Specialisterne España, de la fundación Planeta Imaginario. Trabajan con personas con autismo o síndromes como el de Asperger, y ofrecen a las empresas de telecomunicaciones servicios como las pruebas de software o el registro de datos informáticos. El presidente de su patronato es Ramón Bernat, a quien describen en la web de la fundación como industrial e inversor social. Este inversor social es a la vez presidente de la sicav Sical Plus, un instrumento financiero que utilizan las grandes fortunas para pagar tan solo un 1% de impuestos sobre sus rendi­mien­­­­tos ­y plusvalías. El fundador de Specialis­terne, con delegaciones en más de una decena de países, es el danés Thorkil Sonne, también emprendedor social de Ashoka.

Voluntarios y donativos

En el desarrollo de las empresas del capitalismo incluyente son fundamentales las donaciones y el trabajo voluntario. En el libro Capitalismo 2.0, concebido como un manual del emprendedor social, sus autores Patricia Sáez y Luis Pareras hablan de la necesidad “de atraer a un colectivo de personas dispuestas a dedicar su tiempo y su esfuerzo a una causa a cambio de la satisfacción de hacer del mundo un lugar más justo”. De ahí también el interés de las redes de emprendedores sociales (también llamadas incubadoras) en utilizar los medios de comunicación como herramienta de sensibilización de la población. El objetivo es crear una opinión propicia a sus proyectos que ­favorezca donaciones y ofertas de trabajo voluntario.

A pesar de que las empresas de este tipo actúan precisamente allí donde el Estado, tras realizar una política de recortes y privatizaciones, ha dejado un vacío, las empresas sociales aprovechan esta visibilidad en los medios para buscar las ayudas y subvenciones de las administraciones para su promoción y financiación. Un ejemplo de estas ayudas son las bonificaciones a las cuotas de la Seguridad Social, las deducciones de impuestos –están exentas del Im­pues­to de Bienes Inmuebles, o el de Actividades Económicas; y quienes les hacen donaciones se benefician de una deducción del 25% en el IRPF o del 35% en el Impuesto de Sociedades– y del acceso a los programas de apoyo al emprendimiento social, como el puesto recientemente en marcha por el Gobierno de Aragón, dotado con 30.000 euros.

En cualquier caso, cuando el neoliberalismo habla de cambiar el mundo obteniendo beneficios al mismo tiempo son evidentes sus esfuerzos por transformar los derechos sociales –de los que nunca habla– en simples servicios, o, lo que es lo mismo, convertir a los sujetos de derechos en meros clientes con necesidades, algo que a menudo ni sus mismos instigadores se molestan en esconder. En su último libro Un reportero en la Mon­taña Mágica: cómo la élite económica de Davos hundió el mundo, el economista y escritor Andy Robinson se hacía eco de una idea de la Fun­da­ción Schwab, de Klaus Martin Schwab, fundador del Foro Econó­mico Mundial, que no precisa comentario alguno: “Se avanza con mayor rapidez en el desmantelamiento del Estado y de la sociedad en interés del capital privado si se utilizan términos como progreso social, filantropía humanitaria y emprendimiento social”.

diumenge, 2 de març del 2014

LA GESTIÓ NEOLIBERAL DE LA MISÈRIA: MAPA CONCEPTUAL

Publicat al seu bloc +ARGUMENTS?, Albert Sales, sociòleg i politòleg català, ens mostra el mapa conceptual de la pobresa, la marginalització i la seva criminalització per part de les institucions de diversos països del món. Així mateix, ens dóna a conèixer les dades relatives a l'evolució que ha sofert la població reclusa en els darrers anys, xifres que es troben íntimament relacionades amb el tractament de la precarietat com a un delicte, a més de pretendre convertir la víctima en la culpable del seu empobriment. Es tracta d' una de les expresions de violència institucional més cruels i inhumanes que, tant si volem com si no, financem amb els nostres impostos.   
La administradora del bloc

Llegeix amb nosaltrxs la gestió neoliberal de la misèria...



dimecres, 25 de desembre del 2013

SPAIN: NO JOB LAND

Cortometraje de 7.35m producido por Olmo Calvo, Eva Filgueira y Gabriel Pecot para Narratively, una comunidad dedicada a explicar historias humanas de carácter local y de interés universal. Difundido por diversos medios como The Telegraph, se ha convertido en la réplica al consumismo y al exceso con los que se vive, tradicionalmente, estos días de Navidad. 

No te lo pierdas...
La administradora del blog


dimecres, 18 de setembre del 2013

EL NEOLIBERALISMO PRETENDE QUE LA GENTE SE OLVIDE DE QUE TIENE DERECHOS

Artículo de Beatriz Gimeno publicado en ECONONUESTRA. Magistral, como casi siempre. No precisa comentarios. Te invitamos a leerlo con nosotrxs.

 

 

 

LA CARIDAD TELEVISADA DE LA DERECHA


A la derecha la solidaridad y la organización popular le produce urticaria; a pocas cosas le tiene tanto miedo como a que la gente piense, imagine, se organice, conquiste espacios comunes y de solidaridad. Toda su estructura económica, política y social se basa en fomentar el individualismo y la competencia de todos contra todos. Para paliar la mala conciencia o para “luchar” (es un decir) contra las situaciones más terribles fomentan la caridad que tratan de hacer pasar como aquello a lo que la gente debe aspirar si quiere mejorar su situación. El  neoliberalismo pretende que la gente se olvide de que tiene derechos. La ofensiva ideológica camina en este sentido, no se tiene derecho a nada, cada uno que se arregle como pueda y, con suerte, que espere que le caiga una limosna.


El programa de televisión “Entre todos” que se estrenó hace un par de semanas en la 1 es una muestra repugnante de la sociedad a la que la derecha pretende que nos acostumbremos. Heredero del “ponga un pobre a su mesa en Navidad”, el programa presenta a personas desesperadas que harían cualquier cosa por paliar sus necesidades más básicas, llorar o reír cuando hace falta o lo pida el realizador, agradecer efusivamente cuando toque, esforzarse por conmover al público, que si no no hay premio y, sobre todo, utilizar un lenguaje que no tenga nada que ver con los derechos ni con la reivindicación. Usar un lenguaje anti-político, exclusivamente sentimental. Lo más importante es no enfadarse, lamentarse sí, pero nunca  enfadarse. Personas que necesitan una silla de ruedas para vivir o un tratamiento especial para su hijo, algo a lo que hasta ayer mismo tenían derecho, algo por lo que no tenían que someterse a la compasión ajena, ni esperar que les tocara la lotería de un programa de televisión en el que humillarse; algo para lo que no hacía falta que fueran simpáticos o capaces de despertar los buenos sentimientos de los televidentes, tienen ahora que “vender” su desgracia a ver si hay suerte y alguien les paga algo. Si no te esfuerzas y no despiertas la suficiente compasión, la suficiente simpatía, te quedas sin silla de ruedas, tu hijo se queda ciego. Es lo que hay. Y las ONG de la caridad se prestan gustosas y patrocinan este engendro inmoral en el que todo el mundo llora.


También lloran algunos rectores al ver que muchos de sus estudiantes, los que no tienen dinero para pagar las nuevas tasas, no pueden seguir estudiando. Y una rectora se ha inventado ahora lo de “apadrine a un estudiante sin dinero” Si la cosa se extiende, y es muy posible que se extienda, pronto los propios estudiantes tendrán que buscar la manera de que un rico les patrocine una carrera. Veremos a gente pidiendo un patrocinio o una ayuda para poder operarse o para recibir quimioterapia. Naturalmente que no tengo nada contra estas personas que hacen lo que pueden en situaciones muy difíciles pero me gustaría que ni ellos ni nadie olvidara que también hasta ayer mismo estudiar era un derecho que no dependía del dinero que tuviera tu familia. Un derecho de los más peligrosos, por cierto, para este régimen que padecemos. La educación universal es siempre algo potencialmente peligroso para los que pretenden imponer una sociedad intelectualmente mediocre en la que poder ganar elecciones eternamente. Sólo una sociedad inculta y mal informada puede tolerar mucho tiempo a unos gobernantes como los que tenemos cuya mediocridad intelectual, moral y política es tan evidente ya para todo el mundo.


La organización popular es su enemigo. Bolsas de comida entregadas por las organizaciones de caridad –mejor si son religiosas-  sí, pero vecinos que se organizan para repartir la comida que tienen entre todos y todas, gente que es capaz de articular soluciones imaginativas para paliar necesidades y que de esta manera se hacen conscientes y ayudan a concienciar a otras personas de que lo que sucede no es mala suerte ni una jugarreta del destino, sino una injusticia; es decir, gente que piensa, que se organiza, que actúa, entonces no, entonces se encienden las alarmas.  De ahí que una mesa plegable con unos libros de texto usados y con unos cuantos bolígrafos y gomas haya despertado el interés del concejal del Partido Popular de un barrio de Madrid, que se ha apresurado a enviar a la policía municipal a desmantelarla.


La mesa en la que los vecinos pretendían dejar material escolar usado para que lo utilizaran otros vecinos que no pueden pagarlo, es un artefacto peligroso que un político de derechas no podía dejar pasar. Y este no dejar pasar es literal, ni media hora duró en la calle la peligrosa mesa de destrucción masiva. Ellos, pobres ingenuos, habían pedido incluso su correspondiente permiso,  pero les contestaron que el trueque no está contemplado en las ordenanzas, naturalmente. Las ordenanzas contemplan únicamente la posibilidad de actividades de compra-venta; las ordenanzas exigen ánimo de lucro, pero ninguna actividad gratuita y solidaria; nada de eso en la calle. Al ser preguntado el concejal José Antonio González de la Rosa por las razones por las que envió a la policía a desmantelar la mesa con material escolar gratuito respondió que no estaba demostrado que hubiera un interés vecinal. Hay miedo a la organización social pero hay también un inmenso clasismo que late debajo de todas las decisiones que toma el partido popular; absoluto desinterés por las necesidades reales de la gente; desprecio de clase.


Habrá que explicarles a estos vecinos que si quieren libros y no tienen con que comprarlos que vayan a la televisión, que pongan las caritas llorosas de sus niños y niñas en unos carteles a ver si alguien con dinero se conmueve, ¡que se esfuercen, vamos, que las cosas no pueden ser gratis!

Fuente fotografía: http://vivelibre.info/home/imagenes.html

dijous, 23 de maig del 2013

El problema major que té Bangladesh no és la manca de recursos, sinó el control sobre aquests recursos. Bangladesh no és un país pobre, tot i que la majoria de la població ho sigui.

Cuando usted vaya a comprarse una camisa o cualquier producto textil, mire donde está hecho el producto. Verá que la gran mayoría procede de países mal llamados pobres (en realidad tienen grandes cantidades de recursos, por lo general, controlados por intereses financieros y económicos extranjeros) donde los seres humanos que los producen viven y trabajan en condiciones misérrimas. Uno de ellos es Bangladesh. Este país es sumamente rico. Su tierra, extremadamente fértil, puede producir suficiente alimento para poder satisfacer las necesidades nutritivas de una población veinte veces superior a la actual. Y a pesar de ello, la mayoría de la población, y muy en particular la que vive en las zonas rurales (82%), que constituye la mayoría, está malnutrida, con amplios sectores experimentando hambre. En realidad, Bangladesh es considerado, junto con Haití, el país más pobre del mundo, lo cual quiere decir que es el país que tiene un mayor porcentaje de población pobre, a pesar de que los datos muestran que Bangladesh (así como Haití) tiene los recursos para salir de la pobreza (ver “Cólera en Haití”, El Plural, 16.12.12; y “Continúa el escándalo del cólera en Haití” Público, 27.02.13).

No es, pues, la falta de recursos la causa de su pobreza, sino el control de estos recursos. El 16% de los propietarios de tierra controlan el 60% de toda la tierra, la cual cultivan para producir alimento que se exporta a los países llamados “desarrollados”. Esta casta de terratenientes se alía y está al servicio de compañías agropecuarias extranjeras que dirigen la explotación de la tierra (es decir, lo que se produce, cómo se produce y cómo se distribuye).

Esta estructura productiva es la que se reproduce por un sistema político que teóricamente se define como democrático y representativo: tiene incluso pluralidad de partidos políticos y elecciones parlamentarias. Este sistema, sin embargo, está influenciado enormemente por el bloque de poder financiero-económico-político constituido por los grandes terratenientes del sector agrícola, que son los que en realidad gobiernan aquel país. Esta enorme concentración de la propiedad de la tierra crea una enorme pobreza. Y la gran mayoría del alimento que se produce se consume fuera del país.

Esta oligarquía agrícola está aliada con otros intereses domésticos ligados también a las grandes compañías extranjeras que realizan su producción en Bangladesh a unos costes laborales bajísimos. La población pobrísima expulsada del campo acepta salarios misérrimos, pues no hay otros disponibles. Esta estructura económico-política dictamina que la gran mayoría de la población trabajadora esté totalmente desprotegida, lo cual ocurre en todos los sectores productivos de la economía, incluyendo el textil. Este sector está controlado por las grandes compañías textiles que hoy dominan el mercado internacional, tales como Benetton, H&M o Mango entre muchas otras, y una larga lista de cadenas internacionales de distribución y comercio, como El Corte Inglés, que están todas ellas en Bangladesh por el bajísimo coste de los salarios de los trabajadores (21 céntimos por hora) que trabajan en unas condiciones miserables, en fábricas carentes de los más mínimos requisitos de seguridad. Desde 2005 han muerto más de setecientos trabajadores en incendios en fábricas. El más reciente, hasta hace unos días, fue el fuego de la fábrica textil de Tazreen, que ocurrió el pasado 24 de noviembre de 2012, tal como indica David Bacon en su artículo “Bangladesh disaster: Who Pays the Real Price for your Shirt?”. The Progressive (26.04.13). En aquel incendio 112 trabajadores perecieron, un número elevadísimo para un accidente de esta naturaleza. Y la causa son las pésimas condiciones en las que se encuentran las fábricas. Ninguna de ellas tiene salidas de emergencia (en realidad todas las puertas están cerradas con llave para evitar la salida de los trabajadores, excepto en las horas de entrada y salida) y no disponen de extintores de fuego.

En la desgracia que ocurrió hace unas semanas en Rana Plaza (a 29 kilómetros de Dhaka), donde perecieron más de mil trabajadores, el edificio se vino abajo debido a que se abrieron muchas y amplias grietas en las paredes y en los tejados, aperturas que habían aparecido paulatinamente hasta entonces y que habían sido denunciadas por los propios trabajadores, siendo sus avisos ignorados por el propietario del edificio, el Sr. Sohel Rana, que es, por cierto, uno de los dirigentes del partido gobernante Awami League. Pocos días después del colapso de la fábrica, 20.000 trabajadores de fábricas cercanas a la que se derrumbó se manifestaron en protesta. La estructura de poder que gobierna Bangladesh es plenamente consciente de que está sentada sobre un volcán, lo cual ocurre en la mayoría de los países mal llamados pobres. De ahí la enorme represión que existe en estos países. Y la policía inmediatamente se movilizó para frenar y cortar la posibilidad de que se iniciara la explosión del volcán.

Pero existe otra forma de represión –que apenas ha salido en los medios-, dirigida por las grandes corporaciones textiles extranjeras que, aliadas con las élites gobernantes del país, configuran las intervenciones públicas que sostienen un sistema basado en una enorme explotación. Y me estoy refiriendo a la gran industria certificadora (que maneja 80.000 millones de dólares) que trabaja para estas compañías textiles. Estas compañías protegen a las compañías explotadoras, defendiéndolas legal y mediáticamente, minimizando y trivializando el daño y la participación de las mismas en la contratación de aquellas fábricas. Detrás de cada corporación (sea textil o no) existen compañías de certificación que intentan minimizar los costes (incluyendo los costes mediáticos de imagen) que estos desastres suponen para las compañías.

¿Qué puede hacerse frente a esta situación?

Muchas cosas:
1. Denunciar la situación de manera que la movilización ciudadana en los países importadores de estos productos boicotee los productos procedentes de lugares donde exista empleo en condiciones que deberían considerarse inaceptables. Las empresas que utilizan estos productos están entre las más rentables hoy, beneficios que se están consiguiendo a base de una enorme explotación. Varias cadenas de televisión en los países nórdicos han dejado de ofrecer espacio de promoción a las industrias textiles que trabajan en Bangladesh, incluida Suecia, contra H&M, industria textil sueca.

2. Establecer normas en el comercio internacional, para que las condiciones salariales y laborales, así como la existencia de derechos humanos, como el de sindicalizarse, sean respetados, considerándolos como condiciones indispensables para permitir el comercio.

Estas intervenciones son las que ahora se están explorando para paliar la enorme explotación que está ocurriendo en los países mal llamados pobres. Estas intervenciones incluyen muchas que son bien intencionadas y merecen aplicarse. Pero hay que ser conscientes de que son claramente insuficientes, pues la raíz del problema es la enorme mala distribución de poder que existe en estos países, donde hay unas minorías enormemente poderosas, en alianza con grandes corporaciones (mal llamadas multinacionales, pues están todas ellas basadas en un Estado-nación, el cual las protege en sus intervenciones públicas).

Lo que debería ocurrir es una enorme redistribución de los recursos de los que tales países ya disponen, de manera que la demanda doméstica fuera el motor de la economía, en lugar de las exportaciones, las cuales solo benefician a sectores muy limitados de la población. El caso de China, que era, antes de que lo fuera Bangladesh, el proveedor de trabajo pésimamente pagado a las industrias textiles, muestra las grandes limitaciones de una economía orientada a las exportaciones. El llamado “milagro económico” chino se basa en una enorme opresión de las clases populares, con un claro ataque a su bienestar social, como muestra el aumento de la mortalidad infantil en las áreas rurales donde vive la mayoría de la población. Un tanto semejante ocurre ahora en Bangladesh.

El modelo basado en las exportaciones –que es el modelo neoliberal- se ha experimentado ya en América Latina, en África y en Asia, y ha sido un fracaso. Aparece sobre el papel como un gran éxito, pues el PIB crece de una manera muy marcada (tanto como crece el sector exportador) y, como consecuencia, el PIB per cápita promedio crece también muy significativamente. Pero los promedios no incluyen información sobre la distribución. En todos estos países ha habido una gran absorción de la riqueza por parte de unas minorías que controlan el poder político a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población.

Y la evidencia científica que avala lo dicho es abrumadora. Los únicos países que han salido de la pobreza han sido los países que han llevado a cabo medidas redistributivas que aumentaron la capacidad adquisitiva de la población, convirtiéndose, con ello, la demanda doméstica en el mayor motor de la economía.

Y ahí está la raíz del problema que se evita que aparezca en los mayores medios de información. Si el gobierno de un país mal llamado pobre tomara estas medidas redistributivas, inmediatamente originaría una enorme hostilidad en los centros de poder de los países llamados desarrollados, hostilidad debida, en parte, al enorme poder que las compañas ligadas a la exportación tienen sobre los Estados de estas transnacionales (repito, mal llamadas multinacionales) y también en parte al poder de las clases más adineradas de los países desarrollados, que se solidarizan con las clases adineradas de los países mal llamados pobres. A ambos les entra pánico cuando oyen hablar y/o ven experiencias exitosas de redistribución de recursos, que perciben (correctamente) que afectaría negativamente a sus intereses. Es lo que mi amigo Jeff Faux, fundador del Economic Policy Institute, dijo en su momento: “la alianza de clases de los poderosos en el mundo”. Pero de esto, usted, lector, no leerá nada en los diarios, ni verá en la televisión.

Una última observación. La manera como se ha ido llevando la globalización en el mundo, bajo el criterio neoliberal, no ha beneficiado al mundo del subdesarrollo (véase Bangladesh), ni al mundo desarrollado (véase la destrucción de la industria textil catalana). Tiene que revertirse esta globalización, desglobalizando la economía internacional, creándose zonas regionales (como el MERCOSUR) y de integración económica de parecido nivel de desarrollo, evitando la reducción de salarios como medidas competitivas (la típica solución liberal), tema del que he escrito extensamente (ver mis dos libros en Ariel Económica, “Globalización económica, poder político y Estado del bienestar” y “Neoliberalismo y Estado del Bienestar”) y del cual escribiré en otro artículo.

Article de Vicenç Navarro publicat a la seva web

divendres, 8 de febrer del 2013

TAN NATURAL COM MORIR EN UN CAIXER, PER ALBERT SALES

Avui, una dona ha mort en un caixer automàtic de la ciutat de Barcelona. Al Passeig de Gràcia, ben a prop de les botigues més luxoses de la ciutat. La nota periodística de la pàgina web de Televisió de Catalunya, de cinc línies escasses, relata que la víctima havia passat la nit al caixer i que, malgrat que els Mossos han obert diligències, l’absència de senyals de violència fa pensar que ha estat una mort natural. 

Una mort tan natural com viure i dormir als carrers de les nostres ciutats. Quedar-se al carrer és el resultat de sumar al fet de no poder fer front al cost del propi habitatge, l’exclusió continuada del mercat laboral, el deteriorament de les xarxes socials de suport, el trencament de les solidaritats familiars i, en alguns casos, el patiment de malalties, trastorns mentals o addiccions. És només la punta de l’iceberg de les formes més dures amb que la nostra societat i el sistema econòmic que patim exclou a les capes més vulnerables del precariat. Al recompte realitzat el novembre de 2011 als carrers de Barcelona (l’últim recompte oficial) es van observar 838 persones pernoctant al ras, en parcs o en caixers automàtics i 1.258 allotjades als recursos de la Xarxa d’Atenció a Persones Sense Llar. Sumant-hi les 695 que viuen en assentaments situats en solars o edificis abandonats, el nombre de persones sense llar ha passat de les 2.113 comptabilitzades al 2008 a les 2.791 del 2011, registrant un increment del 32%.

L’itinerari vital que porta a totes aquestes persones a la condició de transeünts sense llar no està en absolut lliure de violència. Morir en un caixer automàtic mentre s’hi passa la nit no pot ser qualificat com a mort no violenta. Silenciosament, sense sortir als diaris, 473 persones han mort als carrers de les ciutats de l’Estat espanyol des de principis de 2006, moment en que el Centre d’Acollida Assís comença a comptar les morts de persones sense llar en motiu del brutal assassinat d’una dona cremada a un caixer de Barcelona. 473 persones que deixen la pell al carrer amb una edat mitjana de 47 anys. I és que, com deia la Luisa ”dormir al carrer no és bo per la salut”.

Un 14% han estat causades per petits incendis originats per fogueres enceses per escalfar-se, un 8% de les morts han estat per hipotèrmia, un 2% per esclafament en ser buidat el contenidor on dormien dins el camió de les escombraries… La meitat han estat víctimes d’agressions. I una quarta part han mort de forma “natural”. Totes elles, víctimes constants de la violència estructural que suposa la incapacitat de la societat de frenar la caiguda de milers d’individus a les formes més greus d’exclusió social; del discurs de criminalització de la pobresa i d’estigmatització de les persones vulnerables basant en tòpics propis de la “ley de vagos y maleantes” molt ben instal·lats al imaginari de la gent de bé; de l’ètica del treball que ens obliga a dignificar-nos a través de la mercantilització de la vida quotidiana i que considera inútil tota aquella activitat no encaminada a alimentar un sistema productiu incapaç de satisfer les necessitats de la societat.

El sensellarisme és molest. Ho és perquè no és la conseqüència dels vicis d’individus inadaptats. No és una realitat personal i individual que s’hagi d’abordar des de la compassió i la caritat. És un fenomen social que evidencia les disfuncions de les relacions econòmiques i socials establertes. Ens recorda que al capitalisme li sobra tota aquella persona que no sigui “productiva”, que no som capaços de reconèixer drets sense imposar submissions, i que la solidaritat només s’estableix entre iguals.



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dissabte, 15 de desembre del 2012

UNA SETMANA EN FOTOS

El periòdic Al Akhbar, especialitzat en notícies del Pròxim Orient i editat en anglès, publica una sèrie de fotografies que retracten la realitat viscuda per persones de diverses parts del mòn i que han estat captades durant la setmana del 8 al 14 de desembre de 2012.

 Homeless man lying on his bed in an underpass in Beijing, 8 December 2012. (Photo: AFP - Ed Jones)


 Indian scavengers look for recyclable items near a Hindu bathing site in the polluted Yamuna river in New Delhi on 9 December 2012. (Photo: AFP - Andrew Caballero-Reynolds)


 Scavengers picking up useful construction waste from a garbage dump in Hefei, central China’s Anhui province. CHINA OUT (Photo: AFP)


Workers repair an electricity line in Olinda, state of Pernambuco, Brazil, on 09 December 2012. (Photo: AFP - Christophe Simon)


Protesters opposed to Egypt’s Islamist president demonstrate on top of a barricade erected by the Egyptian army to protect the Presidential palace in Cairo 11 December 2012. (Photo: AFP - Marco Longari)


Indian youth sit on a boat at Sangam in Allahabad on 11 December 2012.(Photo: AFP - Sanjay Kanojia)


A municipality worker sits in front of anti-riot police during a demonstration held outside the Parliament in Athens on 12 December 2012.(Photo: AFP - Aris Messinis)


A street vendor lays next to religious merchandise portraying the Virgin of Guadalupe near the Basilica de Guadalupe in San Salvador on 12 December 2012. (Photo: AFP - Jose CABEZAS)


Gina Stechert of Germany skis during the women’s downhill training of the FIS Ski World cup 13 December 2012 in Val d’Isere, French Alps. (Photo: AFP - Franck Fife)