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dimarts, 15 de novembre del 2016

No es tan así 2.1: natalismo

Podscat sobre las falsedades y prejuicios promulgados por lo que podríamos denominar la ideología del natalismo, a cargo de Sol Minoldo, investigadora especializada en políticas públicas, protección social, envejecimiento, seguridad social, estudios de equidad social y enfoque de derechos. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Lic. en Sociología por la Universidad de La Plata (UNLP). Actualmente se desempeña como investigadora Asistente de Conicet en el Centro de Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) en Córdoba, Argentina. 
Texto extraído de su página en ResearchGate y post escuchado en la web del demógrafo Julio Pérez Díaz


dissabte, 28 de març del 2015

Efectos perversos de políticas sociales aparentemente igualitarias

Artículo publicado en el blog envejecimientoenred del departamento de población del CSIC.

Dar un “cheque-dependencia” a todas las personas mayores que tengan similares problemas de discapacidad, podría tener un efecto perverso; parece una medida igualitaria pero podría aumentar las diferencias entre colectivos de mayores ante problemas de salud.

¿Por qué?

En un reciente estudio se pone de manifiesto que un nivel más alto de educación amplifica significativamente la asociación inversa existente entre renta y discapacidad en los mayores. Esta asociación, ya conocida ampliamente, señala que las personas con más ingresos tienen menos discapacidad (por eso la llamamos inversa), pero si además tienen un nivel educativo alto esa asociación inversa se amplifica.

En la figura 1 se observa que las personas de alto nivel educativo y bajos ingresos tienen una probabilidad de discapacidad del 9,1%; con altos ingresos la probabilidad sería sólo del 5,5% (casi la mitad). En las de bajo nivel educativo se observa también una disminución de esta probabilidad, pero en este caso no sería tan acusada (de un 10,7% se pasaría a un 8,7%). Las personas con buen nivel educativo e ingresos demuestran tener una especial habilidad para evitar la discapacidad.

Figura 1.- Probabilidad de discapacidad


Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Encuesta sobre Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia, EDAD 2008 (INE). Nota: Probabilidad de discapacidad predicha por el modelo ajustado en el artículo citado.
Si trasladamos este hallazgo (a título de hipótesis) a las personas mayores que tienen problemas de discapacidad, la conclusión sería clara: organizando políticas sociales con beneficios económicos (dinero) de forma universal, podría resultar que las personas con más estudios obtuviesen más beneficio que los que cuentan con menos estudios, y se acentuarían las diferencias con el paso del tiempo.

La solución también parecería clara: como a los mayores no se les puede dar cursos acelerados para aumentar su nivel educativo, que atenuaría las desventajas entre colectivos, ni se les puede dar un “cheque-dependencia” por igual (se beneficiarían más unos que otros), sería preferible establecer políticas que se centrasen en una cartera de servicios ad hoc para similares situaciones de dependencia, más que en políticas de distribución universal de beneficios económicos. A fin de cuentas es lo que establece la Ley de Dependencia, que deja las prestaciones económicas como algo excepcional (artículos 14, 18) y pone el acento en los servicios. Por supuesto, aumentar el nivel educativo de las personas desde las etapas iniciales de la vida sería socialmente mucho más rentable.

Los resultados que aquí se presentan provienen de un estudio transversal y, por lo tanto, expresan las relaciones que se perciben en el momento de observación; no puede asegurarse que  intervenciones relacionadas con estos aspectos fueran a tener los efectos sugeridos. Para ello, para asegurarlo, habría que confirmar los resultados con nuevos estudios, a ser posible longitudinales, que permitiesen hacer un seguimiento de las mismas personas en el tiempo, para comprobar el efecto de los servicios ad hoc o de los ingresos extra en la ralentización del deterioro funcional.


Antonio Abellán García (1), Ángel Rodríguez-Laso (2), Rogelio Pujol Rodríguez (1), Laura Barrios (3).

(1) Departamento de Población, CSIC; (2) Matía Instituto Gerontológico; (3) SGAI, CSIC.

dissabte, 27 de setembre del 2014

Las mujeres envejecen solas, los hombres envejecen en pareja

Artículo de los investigadores Antonio Abellán García y Rogelio Pujol Roríguez, publicado en el portal Envejecimiento en red, desarrollado por el Departamento de Población del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en su Centro de Ciencias Humanas y Sociales.

El estudio de las formas de convivencia en hogares muestra que en España envejecer al lado de la pareja (cónyuge o pareja de hecho) es más frecuente entre hombres que entre mujeres. El 70,8% de los hombres de 75 y más años viven en pareja, y el 36,2% de las mujeres de la misma edad viven solas (Encuesta Continua de Hogares, 2013, primera oleada). Son las dos principales situaciones de convivencia. Los hombres nunca alcanzan los niveles de soledad femeninos ni en la vejez más avanzada.

Entre 65-69 años, un 82% de los hombres y un 67% de las mujeres aún viven en pareja (solos o con algún hijo u otra persona), pero esas proporciones disminuyen regularmente según avanza la edad, con un retroceso muy marcado en las mujeres (Figuras 1a y 1b). Al final de su vida los hombres siguen viviendo básicamente en pareja (56,7% a partir de los 85 años, por sólo 14,2% entre las mujeres), por lo que apenas aumenta el tipo de convivencia con otros familiares u otras situaciones, ni la soledad (sólo uno de cada cinco vive en soledad a los 85 y más años).


Entre las mujeres el patrón es diferente. El descenso de la proporción de las que viven en pareja contribuye al aumento  de las otras formas de convivencia; crecen notablemente la convivencia con otros familiares u otras personas (45,7% a partir de los 85 años) y la soledad (40,1% a esas mismas edades). La posibilidad de que una mujer de edad vuelva a casarse, tras viudez o divorcio, es mucho menor que la de un hombre; según el Movimiento Natural de la Población de 2012, 4.161 varones (viudos o divorciados) de 60 y más años volvieron a casarse por sólo 1.202 mujeres de esas edades; aquéllos se casan normalmente con mujeres de menor edad.

La razón fundamental de estos patrones de convivencia divergentes entre hombres y mujeres es la mayor mortalidad masculina que rompe el hogar formado por la pareja, y deja a la mujer bien en soledad, bien en otras formas de convivencia, con alguna hija (o hijo) u otros parientes, u otro tipo de hogar, sin relación de parentesco.

La institucionalización es otra forma de convivencia fuera del hogar. Vivir en alojamientos colectivos, sobre todo en residencias de mayores, se hace más frecuente con la edad y entre las mujeres (Figura 2). Las proporciones de personas institucionalizadas son aún bajas comparadas con otros países centro y noreuropeos. Un 5,2% de los hombres y un 8,7% de las mujeres de 75 y más años viven en alojamientos colectivos (Censo de Población de 2011); a partir de los 85 años son 9,2% y 14,1% respectivamente. En los años previos a la crisis económica de 2008 el número de plazas en residencias de mayores era creciente, denotando una mayor propensión a esta forma de vida. Con la crisis es posible que se haya detenido tanto el crecimiento de la cifra de plazas como de ocupación.


Tras la ruptura de la pareja, si ha existido este tipo de convivencia, vivir en soledad, cohabitar con otras personas, generalmente familiares, o ir a institución, depende de planteamientos culturales y familiares (obligación y reciprocidad asumidas por los hijos, deseo de independencia, carga del cuidado en caso de dependencia), razones económicas (coste de la institucionalización, nivel de la pensión, patrimonio familiar),  entorno físico (condiciones del alojamiento familiar, número de habitaciones),  contexto político (desarrollo  de servicios sociales de atención domiciliaria), o de avances tecnológicos (dispositivos que permiten autonomía en soledad).

Figura 1a. – Formas de convivencia según edad. Hombres. España, 2013 [133 kb, formato xls]
Figura 1b. – Formas de convivencia según edad. Mujeres. España, 2013 [133 kb, formato xls] Figura 2.- Personas que viven en institución según edad, España, 2011 [42 kb, formato xls]

Font fotografia: http://purosjaraguenses.blogspot.com.es/2013/09/como-la-tecnologia-nos-ayuda-envejecer.html