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EL ACONTECIMIENTO #15M

No me fio de la incomunicabilidad, es la fuente de toda violencia. Jean-Paul Sartre

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dilluns, 11 de gener del 2016

"El problema no está en los misóginos radicales, que son pocos y aburridos, sino en los indiferentes de izquierdas, que son muchos y graciosos"

Artículo  Jule Goikoetxea, doctora en filosofía e investigadora, publicado en su web
Se nos educa para que sintamos mucho más ciertas violencias y degradaciones que otras, más la muerte de un ser humano que de una mosca, más la violencia contra los hombres, sobre todo si son gudaris, políticos y/o ricos, que contra las mujeres, sobre todo si no son gudaris, políticas y/o ricas. Se haga con intención o no, el discurso patriarcal es dominante en todas las instituciones y todos los medios, no hay más que ver la cantidad de espacio que se le da a dichas muertes y sufrimientos, y la cantidad (y calidad) que se le ofrece a ESO que mata a 700 mujeres por década, a ESO que explota y degrada sistemáticamente, en bonanza y en crisis, a la mitad de la población.
Es sarcasmo izquierdoso, tan informal como institucionalizado, tan socializado que aquellos que lo llevan a cabo ni siquiera lo identifican como tal. Es violencia de la buena, esa que se reproduce sin intención, esa que invisibiliza, desprestigia e infravalora a las mujeres sin estrategia androcéntrica explícita, basta con que los jefes de redacción, los líderes de opinión, políticos y profesionales actúen con total normalidad, ya que es esa SU normalidad la que reproduce la violencia.
Una violencia, simbólica y material, que si no se confronta conscientemente y a diario, con esfuerzo y persistencia, seguirá su curso durante miles de años más, con la misma normalidad con la que entras en cualquier diccionario digital para buscar un sinónimo pongamos de “coqueta” y te encuentras con que además de que todos te reenvían a “coqueto”, porque como todo el mundo sabe la O va antes que la A en el orden alfabético, te describe como “frívola, vanidosa, provocadora” mientras que “coqueto” es algo agradable, mono, acogedor. Y si, frívola, vanidosa y provocadora, introduces la palabra “golfa”, te redirige a “golfo: pillo, sinvergüenza, granuja” para a continuación insultarte de nuevo, científicamente, por supuesto, como “golfa: prostituta, ramera, fulana”. Y puedo seguir siendo científicamente clasificada en la zona más perversa de la historia de la humanidad durante prácticamente todo el orden alfabético de la A a la Z, Z de Zorro: astuto, pícaro, sagaz, pero Z de Zorra: prostituta, ramera, fulana, puta.
La violencia contra las mujeres se enseña en la calle, en las paradas de autobús, en los libros de texto, en la familia, la escuela, la tele, la prensa, los diccionarios y el puesto de trabajo, de forma totalmente democrática. La violencia simbólica y material contra las mujeres se reproduce a sus anchas mediante el sistema sanitario, judicial, legislativo, educativo, productivo… “700 mujeres asesinadas en el estado español en los últimos 10 años”. Y la gente se lleva las manos a la cabeza, mientras proliferan las cuentas en las redes sociales justificando estas muertes (del tipo @muerenpocas) y mientras el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (y recalco: Sanidad e Igualdad), se felicita cada vez que cierra una de esas cuentas; cuentas cuyos propietarios tienen un perfil “abyecto y miserable” dicen desde el Ministerio. Sí, un perfil abyecto y miserable, pero en libertad. Igual que aquellos perfiles que en libertad y legalidad pagan a las mujeres un 23% menos que a los hombres por el mismo trabajo. Igual que los perfiles que consienten que sus parejas, mujeres, trabajen 2 horas más de media al día que ellos en trabajos no remunerados. Perfiles que a su vez se llevan las manos a la cabeza ante las estadísticas de muerte que si no fueran solo de mujeres, se considerarían cifras propias de un conflicto, además de político, armado, y en toda regla.
Pero de nada sirve sentirse indignado y llevarse las manos a la cabeza. La indignación sin activismo es como la pena cristiana, que reproduce la pobreza para poder seguir sintiendo pena. Los gestos de sorpresa e indignación no son prácticas, son gestos que no hacen más que untar vaselina por todo el circuito de la reproducción patriarcal, de la misoginia material y simbólica pasando por la misoginia analógica y digital. La misma cara de sorpresa que pone el cura católico cuando alguien peca. El problema no es el Papa, el problema son los creyentes. El problema es estructural no sólo porque se reproduce mediante el Estado, los medios, las instituciones, sino porque son los indiferentes estructurales los que pueblan y dirigen las instituciones, el Estado, el sistema educativo, los medios… Los y las indiferentes estructurales son aquellas personas que han democratizado la violencia contra las mujeres. En especial todos aquellos demócratas que se llevan las manos a la cabeza mientras sin mover el culo de su epistemológico asiento presidencial (sea en el despacho, en el taller, en la familia, en actividades de ocio) se indignan con sus párpados y sin desatarse los zapatos mientras tachan de exageradas, poco rigurosas y subjetivas (versus objetivas) las prácticas, críticas y posturas feministas (y radicales) de sus compañeras y compañeros.

diumenge, 25 d’octubre del 2015

El orden hegemónico, o cómo imponer un punto de vista particular sobre el mundo para convertirlo en el punto de vista mayoritario

Artículo de la filósofa Maite Larrauri publicado en su blog Filosofía para profanos, que enlaza con la construcción del concepto de "típico" analizado por el filósofo y psicoanalista esloveno Slavoj Žižek en el post anterior

Este libro –Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia–, puede ser leído con la misma facilidad y con el mismo placer que una novela, una novela en la que dos personajes conocidos mantienen una larga conversación sobre asuntos de política y de historia de nuestro país.

Pero, dado que tanto Chantal Mouffe como Íñigo Errejón son profesores de Teoría Política, se trata de una conversación que contiene algunos conceptos teóricos no evidentes por sí mismos. Gramsci está en la base de todo, pero también algunos autores de lo que se ha denominado como postestructuralismo. En la medida en que las conclusiones de ese diálogo reposan sobre esos conceptos, y en la medida en que la discusión política hoy en día se ha convertido de nuevo en un territorio apasionante (sin duda, gracias a Podemos), he considerado interesante señalarlos y analizarlos para poder seguir pensando, no sólo las situaciones que nos proponen, sino otras que se nos puedan presentar.

El primero de ellos es el concepto de “esencialismo”. La batalla que llevan a cabo Errejón y Mouffe contra el esencialismo consiste en asumir la crítica que Gramsci hace del materialismo histórico, tal y como fue formulado en su día por el marxismo clásico. El materialismo marxista considera que la economía determina la historia de las sociedades, porque determina la identidad de los sujetos a través de su posición en la producción: pertenecer a una clase social es el dato original a partir del cual los individuos se identifican con una política que representa sus intereses. Puesto que, en los análisis de Marx, el proletariado es la clase social que puede superar las contradicciones del capitalismo –y pese a ser sólo una clase y no toda la población–, encarna un proyecto universal: el desarrollo humano hacia un mundo mejor.

La concepción esencialista, dice Mouffe al principio de esta conversación, “veía la existencia de las identidades políticas como previas a su articulación discursiva”. Lo que esta “articulación discursiva” significa puede iluminarse con lo que escribió Gramsci en sus Cuadernos: “No es la estructura económica la que determina directamente la acción política, sino la interpretación que se da de ella”. Es decir, el discurso de la política, la interpretación que los argumentos políticos dan de una situación concreta es lo que determina la existencia de unas identidades políticas, de unos proyectos políticos en los que los individuos se reconocen. La política, pues, antes que la economía.

Que Gramsci, a tenor de lo que dicen quienes lo han estudiado, no haya nunca utilizado el concepto de alienación para analizar la realidad, es una muestra clarísima de que lo que dice se aleja francamente de la ortodoxia marxista. En efecto, el marxismo clásico tuvo que crear una teoría de la alienación que permitiera explicar por qué muchos individuos que eran clase obrera actuaban, pensaban y votaban en contra de sus intereses. ¿Si son obreros –se decía–, si ese es su ser de clase, por qué no se identifican con una política de clase? La respuesta de Gramsci no necesita hablar de la alienación como engaño de la ideología dominante, sino que emplea la idea de que la política es hegemonía: si la hegemonía la detenta el sector financiero y capitalista, aun cuando las clases desfavorecidas sean mucho más numerosas, en estas no se producirá una identificación masiva con una política que se plantee tomar el poder contra quienes las oprimen y explotan.

Hegemonía” es el concepto con el que Errejón y Mouffe nos invitan a pensar la política y la historia. A las mujeres (no sé si así dicho en general, pero por lo menos a las mujeres feministas) no nos resulta difícil entender en qué consiste la hegemonía, por la sencilla razón de que el patriarcado ha sido hegemónico –y todavía no se ha acabado– durante siglos y siglos. “Hegemonía” significa dominio ejercido mediante la persuasión y el consenso. Aun cuando en algunos momentos el dominio del patriarcado se ha servido de la fuerza, lo bien cierto es que no hubiera podido durar tanto tiempo si no hubiera sido por la complicidad y el acuerdo también de las mujeres.

¿Cómo puede ser que un punto de vista particular sobre el mundo (como es el punto de vista patriarcal, o el punto de vista del liberalismo económico) se imponga de tal manera que acabe siendo el punto de vista mayoritario (tanto de hombres como de mujeres, tanto de los banqueros como de los trabajadores)? Foucault tiene una respuesta: porque el punto de vista, las gafas con las que miramos la realidad, no se perciben, y lo que se ve a través de ellas no se toma como lo que las gafas nos permiten ver, sino como la realidad misma de lo que es. Errejón dice que todo orden trata de naturalizarse. Un orden hegemónico ha convertido en natural su punto de vista, haciendo que no aparezca como punto de vista sino como visión de la realidad: nos pone ante los ojos lo que tenemos que ver y sostiene que eso es lo que hay.

Pero la pregunta sigue en pie. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Cómo han hecho los varones durante siglos para hacer que se adoptara su concepción del mundo misógina y que ni siquiera se reconociera como una concepción particular? ¿Cómo ha hecho el neoliberalismo para que la inmensa mayoría hayamos deseado enriquecernos, consumir continuamente y vivir con ese modelo de desarrollo como un ideal? Errejón y Mouffe hablan de, al menos, dos procedimientos: la configuración de un sentido común y la creación de las identidades.

El sentido común nos hace reconocer lo que es evidente y compartirlo con las personas de nuestro alrededor. Las subjetividades nos permiten identificarnos y saber quiénes y qué somos. Cada momento histórico permite ver y reconocer unas cosas. Para el hablante, para el que percibe, no hay más juego que el que las reglas del juego le permiten decir y percibir. Entrar en el juego, pertenecer a una sociedad, significa hablar como los demás y ver como los demás. La sociedad –concuerdan Errejón y Mouffe– es un espacio discursivo y las identidades son una construcción.

El esencialismo y la naturalización asociada se ponen en entredicho cuando observamos que el sentido común no es común a todos los humanos geográfica e históricamente, y que las identidades no son idénticas por los siglos de los siglos. El cambio que se ha producido en las identidades de género demuestra que no hay nada que pueda afirmarse como el ser hombre o el ser mujer. En los humanos nada puede entenderse como natural, todo es historia, ha tenido un comienzo y por eso mismo puede tener un final. No existe el Ser de las cosas, sólo modos de ser.

dilluns, 22 de juny del 2015

Sin poesía no hay revolución

«Tratemos de entender esto. El jurado vio a los policías rodear a Rodney King. Le obligaron a echarse al suelo, boca abajo. Lo ataron de pies y manos. Lo golpearon. Lo pisotearon. Le dispararon cuatro veces con una pistola Taser que inyectó en cada disparo cincuenta mil voltios de electricidad en su sistema nervioso. Pero no fue suficiente. En ningún momento fue un uso excesivo de la fuerza. No para ese jurado. […] Y ahora tenemos la ciudad en llamas».

Artículo publicado en la revista Diagonal

Fotograma. Rodney King golpeado por la policía. 1992


Así exponía los acontecimientos ocurridos en Los Ángeles el año 1992 June Jordan, mujer, afroamericana, bisexual, activista de toda causa justa y casi dan ganas de decir que consecuentemente, poeta. Porque quién sino aquel que ha experimentado la injusticia y decide alzar su voz para señalarla, –«para indicar que la injusticia amenaza la justicia en cualquier parte, ya sea en Mississippi o en Vietnam», como decía Martin Luther King–; quién sino aquel que «detesta lo feo, criminal y cobarde» en todas sus formas, porque lo ha experimentado y, en consecuencia, ama la belleza también en todas sus formas; quién sino aquel que se empeña en «rechazar la propaganda que adoctrina acerca de lo bello y verdaderamente raro» para conocer sin mediación qué es lo bello y lo raro; quién sino aquel que se preocupa por desenredar la maraña de pensamiento y lenguaje trabada al deseo de poder y dominación; quién sino aquel que atiende con todos los sentidos, especialmente el de la escucha, rigurosamente orientados a detectar la falsedad e insuficiencia de las frases hechas donde se acomodan las ideas preconcebidas con que construimos el mundo; quién sino aquel que ha aprendido a amar inmerso en la violencia y aún así es capaz de decir su amor; quién si no, puede ser llamado poeta.
June Jordan nació en 1936 en Harlem en una familia proveniente de Jamaica. Su padre empleó todos los recursos a su alcance, incluido el de la crueldad, para empujarla por el camino del tesón y la lucha. Pues si bien estaba agradecido, como también lo estuvo Jordan, a esa tierra norteamericana «confundida y contradictoria» que los acogía y daba la oportunidad de salir de la pobreza, también sabía que el camino en pos de una vida, ya no digna, sino justa, sería aún, por no decir siempre, muy muy largo. La historia en ese sentido le ha dado la razón. Desde la muerte de Jordan en 2002 la situación de la mayoría de la comunidad afroamericana en Norteamérica sigue siendo precaria como bien podemos deducir de los acontecimientos de estos dos últimos años. Las estadísticas tampoco apuntan lo contrario: uno de cada seis hombres negros en edad adulta han desaparecido de la sociedad estadounidense por muerte prematura o encarcelamiento.
Eric Garner, Michael Brown, Tamir Rice, Akai Gurley, Trayvon Martin, Walter Scott, Freddie Gray, Ezell Ford, Akai Gurley, John Crawford, Tony Terrel Robinson, Anthony Hill y Eric Harris son los nombres que conocemos de los últimos hombres negros caídos en manos de la policía en situaciones de dudosa legitimidad. El último, Gregory Davis, hace escasamente dos semanas.
Ante ellos, ante estos y otros ejemplos de injusticia y abuso de poder, ¿de qué sirve la poesía? «¿Qué significa la belleza en este mundo?, ¿puede herir o ayudar a alguien?». Son preguntas que a través de las palabras de Th. Roethke se hacía Jordan en su juventud. O a través de aquel otro desesperado comentario que escuchó del también poeta afroamericano Ralph Ellison durante un cóctel en su juventud: «Toda la música, toda la poesía, todas las novelas y pinturas ¿impidieron que un solo nazi enviara a los hornos a un sólo ser humano?».
Fue un cuarto de siglo después de que se le entrecortara la respiración por haber comprendido que «no podía dar por supuesta la bondad intrínseca de cuanto esperaba hacer» a través de su pluma, que Jordan encontró su respuesta. «No sudamos ni sacamos lo mejor de nosotros a fin de salvar a los asesinos [de ser asesinos]; es para reconfortar y dar fuerza a las posibles víctimas de maldad por lo que soñamos despiertos y recreamos y revisamos y memorizamos cuanto podemos de nuestra inspirada, nuestra heredada, humanidad». Y lo cierto es que aunque en el arte no hay propiamente finalidad, ¿quién no ha encontrado alguna vez consuelo leyendo unos versos?
Durante más de cuarenta años Jordán se aferró, incluso sin haber concretado palabra a palabra la respuesta, a esta premisa. Su oyente o lector imaginario, aquel para quien todo escritor escribe, siempre fue esa potencial víctima de maldad, o esa víctima a secas: desamparada y desnuda. Jordán escribió para los frágiles, los desvalidos, los indefensos ya fuesen de Nicaragua, de Palestina o del Bronx porque para ella se trataba del mismo asunto. El mismo asunto era que Lisa Steinberg hubiese muerto en la calle a los seis años por carecer de hogar, que 650.000 palestinos hubiesen sido confinados a unos “hogares” en a los que el gobierno de Israel decidió cortar la electricidad; el mismo asunto que Allison Krause pusiese una flor en el rifle de un soldado dos minutos antes de recibir el disparo que le dio muerte, que la genocida conquista de mexicanos e indígenas; el mismo asunto el bombardeo de Bagdag que cualquier hombre o cualquier mujer en cualquier parte del mundo y en cualquier época, resultase víctima de la maldad, la violencia o el abuso de poder. Para Jordan, el asunto del que siempre se trataba era el asunto de la justicia.
Cual Dice, la Hora que vigilaba los actos de los hombres y se acercaba al trono de Zeus con lamentos cada vez que se la violaba, Jordan acudía a la palabra para señalar con razones y versos cada una de las situaciones de injusticia y falsedad que atestiguaba. Fueron muchas entonces, como lo siguen siendo hoy, pero en aquella época fue que se empezaban a abrir algunos canales en la reivindicación práctica de los derechos civiles «llevando a cabo la revolución moral más incuestionable y de más fuertes principios del siglo XX» en Estados Unidos a quien se estaba obligando a hacer honor a las democráticas promesas que una vez se hiciera durante la primera Revolución –calculen unos doscientos años antes–. En la punta de la espada –o de lalengua– Jordan abanderaba el movimiento antirracista, el feminista, el de resistencia no-violenta y el de desobediencia civil. Eran y son el mismo asunto. Y no cejó en su empeño de hacer audible lo inaudible: una conciencia de justicia abriéndose paso por las fisura del lenguaje.
«Furiosa, dolida, estupefacta y asqueada» ante la evidencia de que «el ruinoso legado de violencia no disminuye ni se desvanece a la luz del nuevo día» sino que una y otra vez «lo que con tanta dificultad hemos ganado debe ser contenido y reconquistado», porque «el poder no cambia de manos, el poder no es transferido desde los bolsillos de una élite calculadora al erario del bien común sino que hay una poderosa, intensa, resistencia al cambio».
Lo mismo que el poder no cambia de manos, tampoco la precariedad deja así como así su abonado terreno entre las minorías. Por más que a esas minorías se hayan unido forzosamente «mujeres, niños, hispano[s], nativo[s] y una creciente población de ancianos y personal temporal o permanentemente incapacitados» en una absoluta mayoría de seres humanos viviendo al límite de su condición. Terreno abonado de fealdad y odio y exceso y amargura y desesperación. Porque la pobreza significa exactamente eso: «no tener nada mejor que hacer que odiar a alguien que exactamente igual que tú mismo, no tiene nada mejor que hacer que fastidiar en lugar de tratar de averiguar por qué no tiene nada mejor que hacer».
«Existe la diferencia y existe el poder». Jordan lo sabía, y aunque tarde, aprendió que«quien ostenta el poder decid[e] el sentido de la diferencia». Tremenda injusticia. Entonces, si quien toma las decisiones que afectarán al resto, es ciego y sordo a ese resto, ¿qué puede hacerse? Si «la violencia del odio y la violencia de la pobreza y la violencia que hace de la conducta pacífica algo imposible es condenable», ¿qué arma queda? Queda el amor y el lenguaje de la poesía.
Decía Jordan que hay muchos lenguajes y se asombraba al ver cuan extendido estaba «el lenguaje de las pistolas» y «el lenguaje del dinero». Pero no menos asombro le producía reconocer que del mismo modo que se aprenden y se usan aquellos lenguajes,«podemos aprender a hablar, leer y escribir un lenguaje que preserve, extienda y profundice y no destroce el desarrollo de nuestra conciencia.»Claramente no se refería a un lenguaje que perteneciese en exclusividad a un grupo humano enmarcado en referencias propias o cerrado en su especificidad: ya fuese el lenguaje de los negros o el de los blancos o el de las mujeres por ser mujeres o el de los pobres por ser pobres; sino que se refería a aquel con que pudiésemos entendernos los unos a los otros. Para Jordan ese lenguaje era el lenguaje universal del amor y la generosidad. Un lenguaje que se hace efectivo en el decir de la poesía.
Poder decir era sin duda el arma –o el instrumento, según se prefiera– que siempre tuvo a su alcance. No en vano contribuyó Jordan con toda su carrera a constatar cuánto de poder hay en el lenguaje. Lo usaba para señalar las heridas y meterlo como un proyectil en las yagas que causan dolor. Tenía puntería. Allí donde ponía sus «ojos incansablemente abiertos» y guiada únicamente por «la política de decir la verdad», daba toda vez en el blanco. Un blanco blanco, occidental, imperialista, poderoso y hombre acomodado aunque, si hacía falta, podía apuntar también al negro, al sur, a las faldas o al bolsillo roto. Pero no hizo falta.
La diana a la cual apuntaba Jordan era entonces su inmediato presente donde imbricaba cuestiones teóricas, estéticas y políticas junto a experiencias personales y escenas cotidianas. Hoy, esa diana sigue expandiéndose desde su origen en otros círculos concéntricos que cimbrean repercutiendo también en nuestro presente. Es el dibujo que forma un guijarro al impactar sobre la superficie quieta del agua. Dibujo que nos llega hoy a través de los únicos textos de la autora que han sido traducidos al castellano –editados por La Oficina– enDificultades Técnicas.
Este libro, como ella misma diría de aquellos otros que debían leer sus estudiantes, «tutela nuestras almas inclinándolas hacia la bondad y hacia un irreductible anhelo de justicia» y también «nos emplaza a todos y cada uno de nosotros a salir de nuestra cínica inercia». Y aunque no impedirá a los asesinos dejar de serlo, sus palabras son, al menos para el resto, un aliciente y un consuelo.
Disfrútenlo. 

dissabte, 22 de juny del 2013

PROSTITUCIÓN Y VIOLENCIA DE GÉNERO


Considerar que las prostitutas son personas cuyo destino es ser víctimas de la violencia masculina es lo que el machismo ha venido defendiendo desde siempre para mantenerlas en su estatus de opresión.

Artículo escrito por Beatriz Gimeno publicado en EL DIARIO.ES

Hace unas semanas dos prostitutas fueron asesinadas en Bilbao. Nadie dudaría que estas dos mujeres han sido víctimas de un asesinato machista y, sin embargo, no se las contabilizará como víctimas de violencia de género, no se las considerará como tales y por tanto al asesino tampoco se le considerará autor de un delito castigado con una pena agravada. A partir de la aprobación de la ley integral contra la violencia de género se ha producido la perversión de considerar que sólo es violencia de género la que se produce en el ámbito familiar, y no toda. La realidad es que, según los datos de www.feminicidio.net, única organización que contabiliza como feminicidio los asesinatos de prostitutas, entre 2010 y 2012 fueron asesinadas 19 mujeres que se dedicaban a la prostitución, aunque podrían ser más dada la invisibilización que sufren estas personas.

Una prostituta es una mujer socialmente invisible. Su muerte no va a ser objeto de la atención de los medios de comunicación a no ser que se pueda explotar el amarillismo y el morbo. Es posible que su desaparición pase inadvertida por un tiempo (o siempre) por que nadie la denuncie (como ha ocurrido en este caso con Jenni). Si su desaparición se denuncia, es entonces posible que la policía no sienta la misma presión para encontrar al asesino; es también posible que los jueces no sientan la misma presión para imponer una pena ejemplar. Lo más probable es que nadie proteste públicamente por su asesinato, que ningún político salga a concentrarse o a guardar un minuto de silencio por esas víctimas; en todo caso las instituciones guardarán silencio.

Si el caso del asesino de Bilbao ha suscitado una importante atención mediática se ha debido a su proyección pública, a que ha sido convertido en un personaje por los medios y por él mismo, así como a la posibilidad de que se tratara de un asesino en serie. Los medios han explotado esa faceta del personaje, pero en pocas informaciones hemos podido leer que se trataba de un asesino machista. Es decir, las víctimas han sido asesinadas porque eran mujeres dentro de un determinado sistema de dominación (y, además, en este caso eran inmigrantes. Recordemos en este sentido que antes de matar a Ada y a Jenni el asesino tuvo relación con prostitutas españolas a las que no mató. Es decir, el asesino era consciente de que las prostitutas inmigrantes eran víctimas más desasistidas).

Los asesinatos machistas contra prostitutas suelen producirse con un ensañamiento y una crueldad extraordinaria porque este tipo de violencia es el epítome del machismo, porque los asesinos vuelcan en estos crímenes toda su fantasía de dominio y porque, además, las víctimas son mujeres especialmente vulnerables debido a su previa estigmatización social. Es frecuente que sean torturadas, descuartizadas, quemadas… y aun así estos crímenes suelen dar lugar a condenas relativamente livianas para los culpables (12 años de media) al no aplicarse ningún tipo de pena agravada sino, por el contrario, aplicar a veces atenuantes ilegítimos que tienden a quitar importancia a este tipo de violencia.

El hecho de que las prostitutas no sean consideradas víctimas de la violencia de género tiene consecuencias importantes además de las obvias de la invisibilización. Impide que puedan acceder a la protección que se brinda a estas víctimas, impide que puedan utilizar los recursos materiales que el Estado pone a su disposición, impide también que los agresores sufran el agravamiento de las penas por sus crímenes. Si no parece caber ninguna duda acerca de que se trata de violencia machista, ¿por qué no son consideradas como tal? Hay varias razones que interactúan ellas de manera compleja. Una parte del feminismo considera que la prostitución es siempre, y en todo caso y en todas las circunstancias, violencia; toda la prostitución, todos sus aspectos, en todo momento, y que por tanto no se puede parcelar esta violencia en más o menos, en una más legítima o aceptable y otra menos. Para este sector del feminismo cualquier acercamiento a la prostitución que no sea desde la condena en bloque y sin matices es lo mismo que legitimarla. La prostitución es esclavitud, y dentro de ésta no hay distintos niveles de violencia.

Hay otro sector del abolicionismo que opina que la prostitución es siempre una institución de desigualdad, que su función no es otra que legitimar y reforzar esta desigualdad y que es por tanto una institución siempre inaceptable. Este sector considera, no obstante, que la prostitución no es necesariamente siempre más violenta que otras instituciones patriarcales o capitalistas; y que en todo caso hay diferentes niveles de violencia. Considerar que la prostitución siempre es violencia puede llegar a impedir que se produzca ningún tipo de protección efectiva contra la violencia extrema que en muchas ocasiones sufren estas mujeres. Creo que esta posición puede alejar del abolicionismo a personas que consideran que en nombre de un fin legítimo, la abolición de la prostitución, se escatiman los medios para hacer más vivibles las vidas de estas mujeres, para protegerlas, para apoyarlas en lo posible, para reivindicar sus derechos, sus vidas y su memoria, así como para castigar a sus maltratadores o asesinos. Hay mucha violencia dentro de la prostitución, desde luego, pero si todo es violencia entonces nada lo es.

Considerar que las prostitutas son personas cuyo destino es ser víctimas de la violencia masculina es lo que el machismo ha venido defendiendo desde siempre para mantenerlas en su estatus de opresión. Si cualquier acto de prostitución es una violación, ¿una prostituta no puede ser violada? Si la prostitución es siempre violencia, ¿una prostituta no pude denunciar maltrato y esperar recibir la misma consideración, apoyo y ayuda por parte de las instituciones que recibe cualquier otra mujer? ¿Es lo mismo un cliente que te pegue una paliza que otro que no? ¿Se merecen ellas lo que les pase por ponerse en esa situación? Recordemos que, tradicionalmente, una prostituta no podía denunciar una violación o una paliza porque la policía, los jueces y la sociedad consideraban que eso era parte de su “trabajo”. Aun ahora hay sentencias judiciales que parecen seguir considerando que, efectivamente, una prostituta no puede esperar otra cosa que recibir violencia.

Otra de las razones para no incluir a las prostitutas dentro de las medidas específicas contra la violencia de género es que, efectivamente, considerar la violencia que hay en la prostitución como violencia machista supondría para las instituciones asumir la obligación de entablar un combate real y sin cuartel contra las mafias y los proxenetas, contra toda la prostitución forzada. Un combate real, y no el simulacro de combate que ahora se está llevando a cabo. Lo cierto es que el Estado  -y por supuesto la sociedad- convive con normalidad con la existencia de prostitución forzada, con situaciones de esclavitud y, por supuesto, con la existencia de grandes dosis de violencia contra estas mujeres. Sigue habiendo un “nosotras” y un “ellas” en cuanto a la violencia que toleramos o condenamos. No sólo la prostitución forzada o en condiciones de extrema explotación está a la vista de todo el mundo y casi normalizada, no sólo convivimos con ella con toda naturalidad, sino que, en ocasiones, esta violencia es ejercida por las propias instituciones, como por ejemplo la policía. ¿Cómo van las instituciones a condenar la violencia que sufren las prostitutas si en muchas ocasiones es la misma policía la que la ejerce? No son pocas las ciudades en las que la policía persigue o acosa a las prostitutas para echarlas de la calle utilizando medios violentos como persecuciones desde los coches patrullas, detenciones indiscriminadas e injustificadas, uso de sprays, etc... El objetivo de estas acciones es echar a las mujeres de la calle, no el de detener a los proxenetas ni molestar a los clientes. Barcelona es un ejemplo de esta violencia institucional contra las mujeres que ejercen la prostitución. El otro problema es el origen de muchas de estas mujeres. La mayoría son inmigrantes sin papeles y en este caso el objetivo del Estado es expulsarlas, no protegerlas. ¿Cómo podríamos denunciar la violencia que sufren las inmigrantes sin papeles en prostitución sin cuestionar la violencia institucional que el estado ejerce contra la inmigración ilegal?

Estoy convencida de que la lucha feminista contra la institución de la prostitución pasa por conseguir un cambio social, sexual, cultural, pero que tiene que pasar por la solidaridad activa y el respeto absoluto hacia las mujeres que la ejercen, por ofrecer la mayor protección posible a las que lo necesiten y lo demanden, por considerarlas sujetos de derechos y dueñas de sus vidas. La deshumanización de estas mujeres es parte del funcionamiento de la institución prostitucional, es parte también de una determinada construcción de la sexualidad, es parte del estigma social que sufren y es parte de la violencia extrema que también sufren a veces. Romper la dicotomía entre ellas y nosotras es una manera no sólo de luchar contra el machismo, sino también de luchar contra la prostitución misma basada en la dicotomía entre mujeres buenas y malas y en la cosificación de estas últimas. Hacer efectiva la calificación de violencia de género para la violencia que sufren las prostitutas es una herramienta imprescindible en la lucha por la igualdad de todas.

Font fotografia:  http://www.mujerhoy.com/Corazon/Famosos-VIP/Jamie-Foxx-conra-prostitucion-666393022012.html

dijous, 7 de març del 2013

I AM A WOMAN


Diversas, indignadas, rebeldes, luchadoras incansables, las mujeres son sujetos estratégicos en la transformación política y social. Desde distintos espacios organizativos construyen para la sociedad en su conjunto alternativas viables y necesarias al actual modelo de desarrollo, en el que la lógica de mercado se impone sobre los derechos de las personas y los pueblos. Hoy, las luchas y reivindicaciones de los feminismos son más pertinentes y estratégicas si cabe. Nos brindan una mirada plural e integral, nos permiten tomar conciencia crítica de la desigualdad y ofrecen propuestas concretas a los retos que impone esta crisis de civilización.

Ane Garay y Ainara Arrieta



La libanesa Joumana Haddad, poetessa, periodista i activista defensora dels drets de les dones, va escriure la lletra d’aquest poema,  I AM A WOMEN, musicat i interpretat per l’ arpista alemanya Maria Palatine. Aquest homenatge a les dones àrabs que pateixen la imposició d’un sistema inspirat en els valors del patriarcat i el militarisme, ens mostra els espais de resistència i rebel·lia, de lluita i de llibertat, que han anat construint des de la consciència de negar-se a no ser.

L'administradora del bloc



Nobody can guess
what I say when I am silent
whom I see when I close my eyes
how I'm carried away when I am carried away
what I search for when I stretch out my hands.

Nobody, nobody knows
when I'm hungry,
when I take a journey,
when I walk and when I am lost.
And nobody knows
that my going is a return
and my return is an abstention.

I am a woman.
They think they own my freedom.
I let them think so
and I happen.

And nobody knows
that my weakness is a mask
and my strength is a mask
and that what is coming is a tempest.
They think they know
So let them think so
and I happen.

They put me in a cage so that
my freedom may be a gift from them
and I have to thank them and obey.
But I'm free before them, after them,
with them, without them.
I'm free in my oppression, in my defeat.
My prison is what I want.

I am a woman.
They think they own my freedom.
I let them think so
and I happen.

My prison is what I want.
The key to the prison may be their tongue,
but their tongue is twisted around my desire's fingers,
and my desire they can never command.
I am a woman.
They think they own my freedom.
I let them think so
and I happen. 

Song written by Lebanese poet Joumana Haddad -- Put to music and performed by German artist Maria Palatine.

http://www.mariapalatine.com/
http://www.joumanahaddad.com/

dijous, 13 de desembre del 2012

Sexismo en los catálogos de juguetes: Jasone Zarate Emilio analiza los roles que reproduce una casa supuestamente moderna y educativa como Imaginarium

Article d'opinió llegit a PÍKARA MAGAZINE

Un año más se acercan las navidades a pasos agigantados y nuestros buzones rebosan de catálogos, propagandas y “panfletos” varios.

Tal vez por mi formación como educadora (pedagoga en concreto), por mi papel como madre, por mi ser mujer o por todo ello a un mismo tiempo; no puedo pasar por alto el mensaje oculto y no tan oculto en muchos casos, y claramente sexista en todos los catálogos de juguetes infantiles.

Llevo años dándole vueltas al tema, y aunque la historia se repite año tras año, no puedo, ni creo además que deba, dejarla pasar por alto; no puedo acostumbrarme y, es más, ME NIEGO a acostumbrarme a que esta historia sea así. No vaya a ser que acabe como mucha gente asumiéndolo como algo “normal” y “natural” sin más, cuando no lo es para nada, cuando no va unido al XX o XY de cada cual ni a nada genético similar.

Ya en el año 2005 escribí una carta a la casa Chicco, y en el año 2009, creo recordar, otra a Imaginarium comentando, reflexionando y criticando el asunto. Como era de esperar, estas cartas cayeron en saco roto; tal vez se pueda apreciar alguna mínima diferencia en algún aspecto concreto, pero con un mensaje de fondo en la misma línea y, lo que es más grave aún, prácticamente el mismo que hace unos 30 o incluso 40 años (por citar alguna cifra).

Cambiamos la forma muchas veces, pero no el fondo; el continente, pero no el contenido. Y luego se nos llena la boca enorgulleciéndonos de la “falsa igualdad” que hemos conseguido, nos hacemos cruces al ver y leer sobre las nada igualitarias relaciones de nuestra gente joven, y clamamos contra la llamada “violencia de género”, tal vez porque sea lo políticamente correcto.

El problema está en la educación, decimos. Y yo pregunto: ¿Quién educa? ¿Quién es responsable de esa educación? ¿Quién transmite los valores, actitudes, roles y estereotipos? ¿Es la escuela únicamente la culpable?

Con todo, queramos o no, consciente o inconscientemente: EDUCAMOS.

“Se educa con lo que se hace y no con lo que se dice” nos dice una frase popular; “El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión” otra; y ya en nuestra propia lengua bien claro es le mensaje de: “Zer ikusi, hura ikasi” [Eso que ves, eso que aprendes].

Analizando diferentes catálogos, en mayor o menor grado, encontramos las páginas rosas o de colores pastel con los juguetes supuestos “para niñas”, y las páginas azules o en tonos más fuertes en las de “niños”. Mientras que los juguetes “mixtos” o de primera infancia suelen ir en otros colores menos “sexuados-generizados”. Ante esto, reafirmo: elijamos los colores, no dejemos que sean ellos quienes nos elijan y determinen.

En la mayoría de los catálogos, la presencia de los niños en las fotografías es bastante mayor que la de las niñas; invisibilizándolas así desde las más tempranas edades, dejándolas sin referencias de sus iguales.

Y luego además en nuestras propias casas constatamos tristemente cómo pasan esa hojas que supuestamente no son “para ellas” o “ellos”, sin saber ni siquiera si les gustan o pudieran gustarles, cerrándoles así nuevas puertas para poder descubrir y experimentar. Por no hablar de los bien diferenciados papeles que asocian a cada cual según el sexo que se les asignó al nacer.

Me he centrado en el análisis del catálogo de Navidad de Imaginarium, y no porque esté obsesionada con dicha casa ni porque les tenga manía (como diría el alumnado de mi instituto), si no más bien por todo lo contrario: porque me gusta especialmente su diseño y sus juguetes, porque era mi referencia en este campo como algo más alternativo y educativo…(y de hecho con ese fondo de marketing es con el que nos lo venden, ¿no? Con mensajes pedagógicos, expertos en infancia y desarrollo evolutivo, juguetólogas/as, etc.)

Centrándome en las cosas que he visto, podría señalar:

- El masculino es usado como genérico a lo largo y ancho del catálogo sin excepción.

- Ante juegos de cantar y bailar, la imagen que aparece es la de 2 niñas y además señalan lo siguiente: “enriquecerá vocabulario y desarrollará su expresión corporal” Y yo me pregunto: ¿los niños no deben ni necesitan hacerlo?

- En contraposición, en juegos de construcción aparecen 2 niños con la siguiente reseña: “ayudan a desarrollar su psicomotricidad, el conocimiento geométrico, a potenciar la fantasía y el pensamiento creativo y a ser más hábiles para resolver problemas” Y me vuelvo a preguntar: ¿a las niñas tampoco les corresponde esto?

Pensemos por un momento qué habilidades estamos designando a cada cual y qué capacidades queremos desarrollar en “función de”. ¿Esto es igualdad real? ¿Podemos hablar después de causas innatas? ¿Es esto el desarrollo de las competencias básicas para llegar a ser personas autónomas con un desarrollo integral de su ser?

- En los juegos de movimiento hay 11 imágenes de niños frente a 0 imágenes de niñas. Y yo me vuelvo a preguntar: ¿dónde están las niñas? ¿Será acaso que ellas no se mueven?

- En la sección “Leyendas sobre ruedas” el autoclasic bólido rosa se denomina “Penélope”, y el azul “Tornado”. Y yo me pregunto: ¿mi hijo o mi hija elegirían el tono que más les guste libremente?

- En la sección de oficios tal vez sea donde más “canta” el temita en cuestión. Cito literalmente: “Jugando a las profesiones los niños se divierten enormemente, además de ser un juego imprescindible tanto para su maduración intelectual como emocional ya que es necesario para adquirir las habilidades sociales que les harán desenvolverse en su vida adulta”.

Pues bien: aparecen 2 niñas en la cocina con delantal frente a 1 niño como chef (dejando claro que hay clases y clases a la hora de cocinar también, y que al masculinizar una profesión, esto sube la categoría de la misma). En las tiendas aparecen 2 niñas como tenderas frente a 1 niño, la camarera es niña mientras los clientes servidos son niños, el niño es el médico y la niña la enfermera…

En algún caso, en el mundo de la veterinaria por ejemplo, no distinguen sexo y aparece una imagen con una niña plancha mientras en otra imagen un niño pasa la aspiradora. Está bien el tratamiento, sí; pero visto lo anterior no sé si no interpretarlo como la excepción que confirma la regla.

- En juegos de joyas, maquillajes, costura, diseño…aparecen 3 niñas y 0 niños. Y yo me digo: pues conoceré a los raros porque a todos los niños que conozco al igual que a las niñas (cuando aún no están influenciados por la sociedad y no han hecho su construcción de identidad según el género) les gusta de igual manera pintarse, hacer pulseras (y cuanto más brillantes y “horteras” sean más aún)…

- En la sección de muñecas aparecen 4 niñas frente a 0 niños y además en el tema de bebés 2 niñas reproducen los cuidados (paseando y dando de comer), Y yo me vuelvo a preguntar: ¿Y el tema ese de moda de la conciliación? ¿Y la famosa corresponsabilidad?

- En la estación de bomberos juegan 2 niños y 0 niñas.

- Los disfraces también lo dejan muy clarito de nuevo: los niños son reyes, caballeros o piratas, y las niñas son hadas, bailarinas o princesas. Y digo yo: ¿habrá algo más libre y fantasioso que el disfrazarse?

- En la tejedora juega 1 niña. En los juegos de ciencia la presencia es de 5 niños frente a 2 niñas. Y me supongo: que claro, la ciencia tal y como nos la han contado desde una historia escrita por el género masculino tampoco es para las mujeres, si acaso alguna excepción como Madamme Curie.

- En psicomotricidad aparecen 6 niños frente a 0 niñas. Y me planteo: tal vez no sean adecuadas en las escuelas infantiles mixtas las aulas de psicomotricidad y tengan que suprimirlas.

- Los coches tipo escalextric son claramente para que jueguen 3 niños frente a 0 niñas reforzados además por la presencia de 1 padre.

- Y ya la sección de habitaciones es el súmun de los súmunes. Bien diferenciadas en rosa y azul con mensajes bien explícitos, y cito de nuevo textualmente: “Sumérgete en la selva” “Más aventureros”, “Estimular la imaginación y vivir cada día una nueva aventura” Remarcando ese papel de sujeto activo. Frente a: “Sueños llenos de magia”, “El mundo mágico de las hadas”, “Suceden cosas”, “Pueden sacar su creatividad e imaginación”. Remarcando ese sujeto pasivo metido en sueños y fantasía mientras espera que suceda algo ajeno que varíe su existencia.

El papel de padres y madres que tanto remarcan, (acertadamente además opino), como fundamental en ese compartir con los hijos e hijas, en ese importante ayudar a desarrollar… es mayor en el caso de los padres aunque bien marcado en: juegos de mesa, coches, escalextric, pintura, energía, tecnologías tipo tablet-mandos y a veces únicamente con presencia de niños. Y en el caso de las madres, más bien escasas, (ya que no tenemos tiempo para jugar me supongo), únicamente salen con niñas leyendo o en la manta de juegos de primeras edades.

Como zona más coeducativa con presencia de niños y niñas por igual o parecido, y menos influenciada por el sexismo, tendríamos que destacar los juegos de mesa, las bicis y patines (aunque claro que cada una en su color bien marcado), el teatro, la música, el arte y los muñecos de la línea KikoNiko.

Los juegos cierto es que ofrecen experiencias ficticias; pero los sentimientos y vivencias que generan son reales.

Nuestras niñas y niños, la juventud del mañana y las personas adultas del futuro aprenden jugando; y jugando según con qué juguetes y según a qué juegos hacemos que se dé una perpetuación de valores y actitudes sexistas anteriores.

No se trata de que las niñas jueguen a coches y los niños a muñecas; de lo que se trata es de superar la dualidad tradicional y de permitir el uso de todo por ambos sexos indistintamente sin que acabemos en el típico: “esto es de chicos” y “esto es de chicas” y finalmente en el: “es que los niños son así y las niñas asá” , “ es normal” y el “siempre ha sido así”.

No me extiendo más en reflexiones para que cada cual pueda sacar las suyas propias, pero por un momento démosle una vuelta de tuerca a nuestra cabecita o cabezota, y pensemos si vamos por el camino correcto de esta guisa, si lo que está pasando a nuestro alrededor no tiene nada que ver con nosotr@s mism@s y si no estamos educando en el sexismo y la desigualdad. Y ahora preguntémonos seriamente: ¿ES ESTO LO QUE QUEREMOS PARA EL MAÑANA? Y el mañana empieza, hoy, ya, en este preciso momento.