John
Holloway, escocés de nacimiento pero afincado en México, es profesor en el posgrado de sociología del Instituto de
Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, México, (texto extraído de su web).
Su libro Cambiar el mundo sin tomar el poder, el significado de la revolución hoy -que puedes leer en la biblioteca de este blog- provocó un polémico debate en la izquierda marxista, de la cual el autor es un activista muy conocido. Algunxs de sus miembrxs le recriminó haber abandonado el marxismo y vaciado de contenido el concepto de Revolución.
(Re)pensar el Estado y el Poder -en especial la relación entre ambos- e idear nuevas formas de enfrentar la lucha social, implican una ruptura con las tradicionales formas de hacer que la izquierda ideológica es incapaz de encajar, renuente, como se muestra, a transformarse y progresar, lo que podemos inferir de su comportamiento en los recientes acontecimientos en nuestro país.
Te invitamos a leer la entrevista que Holloway concedió el año pasado a Ignacio Chausis, del periódico Tiempo Argentino. No te la pierdas, está llena de claves para descubrir nuevos caminos...
La administradora del blog
John Holloway es un rara avis dentro del campo intelectual de la
izquierda a nivel global, al quitarle toda centralidad al Estado como
camino para lograr cambios significativos en las relaciones de poder al
interior de la sociedad. Escocés de nacimiento, vive en México desde
hace más de una década, donde enseña en la Universidad Autónoma de
Puebla. En esta entrevista con Tiempo Argentino reivindicó el
surgimiento de los movimientos sociales que protagonizaron las protestas
de diciembre de 2001, la "rebeldía creativa" de las organizaciones que
surgen al calor de la crisis europea y la pérdida de sentido del
concepto clásico de "revolución".
–La publicación de "Cambiar el mundo sin tomar el poder" en 2001 agitó
las discusiones dentro de la propia izquierda, particularmente por la
tesis de que un mundo digno no puede crearse a partir del Estado. Siendo
que una década después, la situación mundial no parece haber mejorado
sino todo lo contrario, ¿se puede pensar un cambio social que deje de
lado el punto de partida estatal?
–Claro que los tiempos han cambiado desde 2001/2002, sobre todo en
Argentina, pero, como dices, el mundo capitalista es cada vez más
indigno, cada vez más obsceno. Es aun más urgente pensar cómo podemos
romper la dinámica de destrucción que es el capital. Esta ruptura no se
puede hacer desde el Estado simplemente porque el Estado es una forma de
organización que, por su historia, su detalle administrativo, sus
fuentes de ingreso, está profundamente integrada a la reproducción del
capital. Hay que pensar más bien en términos de la larga tradición
antiestatal que existe dentro del movimiento anticapitalista desde el
principio, es decir las asambleas, las comunas, los consejos. Es
cuestión de reapropiar el mundo nosotras y nosotros mismos. La Argentina
de hace once años, pero también toda la ola de luchas de los últimos
dos años, de los indignados, de los Occupy’s. El flujo mundial de la
rebeldía va moviendo todo el tiempo.
–Usted otorga una gran importancia al concepto de "ruptura". ¿Qué
ejemplos hay de rupturas en la lógica capitalista actual? ¿Perdió
vigencia el concepto clásico de "revolución"?
–Tenemos que romper la dinámica en la cual estamos atrapados, la
dinámica del capital. No es cuestión simplemente de mejorar las cosas un
poco sino de romper con la lógica del dinero, la lógica de la ganancia e
ir desarrollando otra lógica, otra dinámica social, otra forma de
cohesión social. Es cuestión de ir caminando en el sentido contrario, o
de ir creando grietas en el tejido de la dominación, espacios o momentos
de negación-y-creación, espacios o momentos donde decimos "No, no vamos
a seguir la corriente del mundo, vamos a construir otra cosa". En
realidad, creo que lo hacemos todo el tiempo, que la rebelión
anticapitalista es la cosa más común del mundo. Hay grietas enormes,
como el conjunto de movimientos en la Argentina en 2001/2002, como la
rebeldía zapatista que sigue creando su propio mundo casi 20 años
después del levantamiento, como las explosiones de rebeldía creativa en
Grecia y España en meses recientes. O uno puede pensar en ejemplos más
modestos como centros sociales, o fábricas recuperadas o radios
alternativas, o simplemente en las rebeldías que son parte de la vida
cotidiana, cuando luchamos contra la subordinación de todos los aspectos
de nuestras vidas a la lógica del capital. Pero más importantes que mis
ejemplos son los ejemplos que se les van a ocurrir a todos los
lectores. Claro que necesitamos una revolución, pero el hecho de que no
lo hemos logrado todavía después de tantas luchas quiere decir que
tenemos que repensar constantemente el significado de la revolución, es
decir cómo podemos romper la dinámica actual y crear otra. En lugar de
pensar en la revolución como una puñalada al corazón del capital, habría
que pensar que la mejor forma de matar al capital es a través de miles
de millones de picaduras de abejas, y que nosotros somos las abejas.
–¿Qué lugar ocupa esa posición suya en el ámbito de la izquierda, que en
líneas generales siempre luchó por conquistar el Estado?
–Me cuesta trabajo alojarme en una posición en el ámbito de la
izquierda. Para mí lo importante es lo que dijiste al principio de la
entrevista, es decir, el revuelo que siguió a la publicación de Cambiar
el Mundo. Creo que fue sobre todo expresión de la búsqueda desesperada
de nuevas formas de pensar la posibilidad de superar el capitalismo, la
realización creciente no solamente en Argentina sino en todas partes del
mundo de que un cambio radical no se puede lograr a través del Estado,
que tenemos que encontrar otros caminos. Si lo que escribo ocupa una
posición dentro de esta búsqueda, este surgimiento de actuar-pensar que
está fluyendo por el mundo, haciendo erupción un día en Argentina, otro
día en Bolivia, luego en Grecia o Egipto, entonces estaría muy
contento.
Uno puede pensar en algunos actos, como por ejemplo Cuevana –para
socializar películas o Napster tiempo atrás para la música–. que escapan
a las formas mercantiles, pero que rápidamente son reprimidas desde el
Estado. ¿Cómo se concibe esto dentro del marco de sus posiciones? Vamos
abriendo brechas todo el tiempo, como en los ejemplos que mencionas. El
Estado y el dinero van corriendo detrás, reprimiéndonos, cooptándonos.
Pero somos más rápidos. La crisis del capital es expresión de su
incapacidad de subordinar nuestra actividad a su lógica, expresión de su
torpeza. Tenemos que tener confianza en nuestra propia creatividad,
nuestra velocidad. Con la idea de antipoder quiero subrayar sobre todo
la idea de asimetría. La idea común de que la única forma de ganar
contra ellos (los capitalistas, los poderosos) es jugando su propio
juego, ejército contra ejército, partido contra partido, violencia
contra violencia, no nos lleva a ningún lado porque simplemente estamos
reproduciendo las mismas estructuras que queremos eliminar. La lucha por
otra sociedad es necesariamente asimétrica respecto a las relaciones de
poder existentes. Tenemos otra lógica, jugamos otro juego, hacemos las
cosas de otra forma, creamos otras relaciones sociales. A veces se
hablan de estas luchas como prefigurativas, pero en realidad no son
pre-nada: son parte de este nuevo mundo que ya estamos creando, aquí y
ahora. Si el poder es un sustantivo, el antipoder es un verbo.
–¿Cómo puede siquiera pensarse un cambio en las relaciones de producción
capitalistas para un país como Argentina, donde la tímida discusión de
la distribución de un punto de la renta agraria o los derechos por una
licencia de TV prácticamente provocan un estado de conmoción interno,
con acusaciones de "marxistas" hacia el gobierno por parte de los grupos
de poder?
–Entiendo tu preocupación, pero pienso que hay que cambiar gramática.
Mientras pensemos en un Estado que busque, como fuerza ajena, imponer
medidas que toquen ciertos intereses, está claro que va a haber
oposición. Habría que pensar más bien en la creación de otras formas de
tomar decisiones, en asambleas, por ejemplo. En asambleas siempre va a
haber diferencias de opinión o de interés, pero en una asamblea se
buscan formas de llegar a una comprensión y un consenso. La cuestión del
comunismo, o, mejor, de comunizar, no es cuestión del qué, sino del
cómo. Lo importante es la organización de la autodeterminación social:
el Estado y la política representativa no son órganos de
autodeterminación porque excluyen a la gente del control sobre su propia
vida, hay que pensar en otras formas de articular nuestras voluntades.
Suena difícil, pero sabemos que en todo el mundo la democracia
representativa está en crisis.
"puede terminar en hecatombe"
–¿En qué momentos estamos de la actual crisis internacional?
–La crisis financiera todavía no nos ha llevado a una hecatombe, pero si
uno piensa que la última gran crisis del capital se resolvió a través
de la Segunda Guerra Mundial y la masacre de unos 50 millones de
personas, está claro que existe un peligro real de que la crisis actual
nos pueda llevar a una hecatombe de veras. Sí estoy de acuerdo que poco
ha cambiado en relación al poder de las finanzas, pero el poder de las
finanzas es simplemente expresión del poder del capital, es decir, de
las consecuencias de la organización actual de la sociedad. La única
forma de romper con esta organización es diciendo No y haciendo las
cosas de otra forma. Creo que esta es la propuesta del movimiento de los
indignados. Por un lado un ¡Ya basta!, no podemos seguir así; y por
otro lado un Entonces, vamos a hacer las cosas de otro modo.