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diumenge, 25 de maig del 2014

La desigualdad es hoy mayor que durante el Imperio Romano

Thomas Piketty es diretor de estudios en la EHSS -École des Hautes Études en Sciences Sociales- y profesor en la Escuela de Economía de París. Es autor de diversos libros y numerosos trabajos de investigación, publicados en las más prestigiosas revistas científicas internacionales, relacionados con el desarrollo de la economía y el reparto de la riqueza, con los que ha puesto en evidencia la relación estrecha entre desarrollo y desigualdad. 

El artículo que reproducimos a continuación, publicado en Cuarto Poder, vierte algunas de las conclusiones del estudio científico que el autor, junto con otros 30 investigadores, han llevado a cabo a cerca de la evolución de la desigualdad en Estados Unidos y Europa desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, reforzándo la tesis que Silvia Federici defiende en su obra Calibán y la Bruja, mujeres, cuerpo y acumulación originaria y que sintetiza de la siguiente manera:

"Resulta, por lo tanto, imposible asociar el capitalismo con cualquier forma de liberación o atribuir la longevidad del sistema a su capacidad de satisfacer necesidades humanas. Si el capitalismo ha sido capaz de reproducirse, ello sólo se debe al entramado de desigualdades que ha construido en el cuerpo del proletariado mundial y a su capacidad de globalizar la explotación. Este proceso sigue desplegándose ante nuestros ojos, tal y como lo ha hecho a lo largo de los últimos 500 años.

La diferencia radica en que hoy en día la resistencia al capitalismo también ha alcanzado una dimensión global."

No te pierdas el artículo de Miguel Ángel Criado, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, publicado, como decíamos anteriormente, en Cuarto Poder:
La administradora del blog

A finales del siglo II de esta era, el 1,5% de los romanos acaparaba el 20% de la renta del Imperio. Hoy, en Estados Unidos, el 1% de la población dispone del 20% de la renta nacional. Casi 2.000 años de progreso y la desigualdad entre ricos y pobres, en vez de acortarse, ha aumentado. Ese y otros muchos datos es lo que arroja una edición especial de la revista Science sobre el origen, evolución y futuro de la desigualdad. La sensación final es que, con el sistema actual, la brecha no se cerrará.


Con ingentes cantidades de datos, registros de impuestos que se remontan al siglo XVIII o los últimos hallazgos arqueológicos, decenas de economistas, historiadores y hasta físicos han puesto el ojo científico sobre el fenómeno de la desigualdad. El resultado es una decena de estudios publicados por la revista científica más prestigiosa y poco dada a dejar hueco a la política o la economía en sus páginas. Sus conclusiones desmontan unos cuantos mitos sobre el supuesto progreso de la civilización humana.


El trabajo central sobre el que orbita el especial es la revisión que hace el economista francés Thomas Piketty de la evolución de la desigualdad en Estados Unidos y Europa desde finales del siglo XIX. Famoso por su libro Le capital au 21e siècle (El Capital en el siglo XXI, no editado aún en español), Piketty ha reunido una treintena de investigadores para realizar la más completa historia económica de los últimos siglos basándose en los datos de los impuestos de 25 países desarrollados, entre ellos España.


Su ejercicio de Big Data les ha permitido demostrar que el avance económico no reduce la desigualdad, sino que la aumenta. En cuanto a la renta, antes de la I Guerra Mundial, el 10% de la población europea tenía entre el 45 y el 50% de la renta nacional. En Estados Unidos, había entonces más igualdad. El top 10 acaparaba el 40% de la renta. Con datos de 2010, el 10% de los estadounidenses dispone de casi la mitad del total. Los más ricos entre los europeos contaban con el 35%. Para Piketty, este descenso es una anomalía en la tendencia debida a las dos guerras que asolaron Europa.


En cuanto a la riqueza, entendida como capital acumulado, la desigualdad es aún más marcada. En Estados Unidos, el 10% de la población posee el 70% de la riqueza, el mismo porcentaje que hace 100 años. En Europa las cosas han mejorado. Del 90% poseído por el 10% más rico se ha pasado al 65%. La diferencia se debería a la emergencia de una clase media adinerada. Lo que no cambia es que más de la mitad de los ciudadanos de ambas orillas del Atlántico se tienen que conformar con el 5% de la riqueza.

El gráfico muestra el porcentaje de renta obtenido por el 10% más rico de EEUU entre 1913 y 2012. / Alvaredo, Facundo, Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty and Emmanuel Saez (topincomes.gmond.parisschoolofeconomics.eu)
Sobre esta base, Piketty y sus colegas vaticinan que la desigualdad en los países más desarrollados aumentará en este siglo. Y lo hará porque,  mientras los rendimientos del capital se mantendrán entre el 4% y el 5%, como ha sido la constante en los últimos 100 años, la tasa de crecimiento se quedará entre el 1% y el 1,5%. Así que la brecha entre capital y renta seguirá creciendo a no ser que, como postula el economista francés, se imponga algún tipo de tasa mundial al primero.

La paradoja de la educación


Considerada tradicionalmente la herramienta más eficaz para combatir la desigualdad, la educación estaría creando nuevas desigualdades. Esa es la provocadora conclusión de otro de los estudios que componen el especial de Science. Su autor, el economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts David Autor, muestra como en las últimas décadas ha surgido una especie de clase supermedia. El fenómeno es especialmente evidente en Estados Unidos.


Relacionado con la revolución provocada por la tecnología, en especial la informática e internet, la distribución de los ingresos entre el 99% de la población menos rica se ha diversificado hasta crear grandes diferencias marcadas por la formación.


Los universitarios estadounidenses, por ejemplo, ganan hoy el doble más de lo que ganaban en 1979 en comparación a los ingresos de los que se quedaron en los estudios secundarios. Y el fenómeno es extrapolable al resto de países desarrollados. Un análisis con 12 naciones miembros de la OCDE muestra que la diferencia entre lo que gana el 10% de los mejor pagados frente al resto ha crecido entre el 25% y el 100% en los últimos 30 años.


En el caso de los países en desarrollo hay una doble desigualdad: dentro de cada uno de ellos y  respecto de los países ricos. A pesar de algunas mejoras absolutas, la brecha relativa se ha acrecentado en ambos casos en la mayoría de las naciones menos desarrolladas.


Martin Ravallion, de la Universidad Georgetown de Washington hace una revisión de los últimos datos. La reducción de los casos más extremos de pobreza absoluta no sirve para compensar hechos en principio sorprendentes: La región de América Latina es de la que más ha acortado su distancia con el primer mundo. Sin embargo, la desigualdad dentro de cada país ha crecido en ocasiones hasta en un 50%.


Pero lo más descorazonador es que este trabajo desmonta otro mito. Desde que comenzó el siglo, el mundo en vías de desarrollo ha experimentado tasas de crecimiento económico que para sí quisieran los más ricos. Sin embargo, y en contra de la ortodoxia que vincula crecimiento y reducción de la pobreza, Ravallion ha encontrado una correlación pequeña pero negativa entre ambos. A más crecimiento, mayor pobreza y desigualdad. Como se preguntaba el editorial de Science, ¿acaso es inevitable la desigualdad?
  
Fuente fotografía: http://www.thestar.com/news/the_world_daily/2014/04/meet_thomas_piketty_the_next_rock_star_economist.html

dimecres, 14 d’agost del 2013

EL ESTABLISHMENT NORTEAMERICANO INTENTA JUSTIFICAR LAS ENORMES DESIGUALDADES SOCIALES CON TEORÍAS GENETISTAS, IGUAL QUE HIZO LA ALEMANIA NAZI

El artículo de Vicenç Navarro que reproducimos a continuación, corrobora el punto de vista que Beatriz Gimeno desarrolla en el escrito titulado Ya están aquí, y que publicamos en este blog el dia 10 de agosto. En él, la autora expone, con claros ejemplos, la llegada del fascismo a las instituciones de determinados países europeos -sino de todos, tal y como nos preguntábamos en su presentación- con sus elementos más identificativos: racismo, xenofobia y sexismo, entre otros aspectos. También remarca el tímido rechazo de la opinión pública, partidos políticos e instituciones a unas actitudes y afirmaciones sumamente graves que, tal y como nos recuerda la reciente historia europea, fueron el inicio del desarrollo de un sistema que nos sumió en la barbarie.

Así, Vicenç Navarro pone de relieve hoy la peligrosa difusión en la sociedad norteamericana de determinados estudios pseudocientíficos que intentan justificar las cada vez mayores desigualdades sociales por medio de argumentos que no soportan análisis de ninguna disciplina científica. Estos pseudoestudios han sido publicados en la universidad de Harvard y con ellos se pretende que las políticas económicas aplicadas por el establishment de EEUU no aparezcan ante la opinión pública como las auténticas culpables del empobrecimiento de la mayoría de la ciudadanía, sino que sean condicionantes biológicos y genéticos los expliquen estas inequidades tan injustas. No se puede pedir más falta de respeto a la inteligencia humana.

Lee con nosotrxs...

LAS TEORÍAS GENETISTAS DE LAS DESIGUALDADES
 
Una ideología que se está promoviendo por círculos conservadores y neoliberales a fin de justificar el enorme crecimiento de las desigualdades que caracterizan los tiempos actuales (resultado de la aplicación de políticas conservadoras y neoliberales) es que estas desigualdades son consecuencia de la diversidad genética dentro de las poblaciones en las que existen estas desigualdades. Según esta postura, las desigualdades de renta se presentan como resultado de la diversidad en la composición genética de la población. Así, en un artículo publicado en la prestigiosa revista Science (“GWAS of 126,559 individuals identifies genetic variants associated with educational attainment”. Science, 21. Junio de 2013), los autores (Rietveld et al.) señalan la estructura genética de una persona y/o grupo étnico como causa de su desarrollo educativo y, a través de ello, del nivel de renta que adquiere. Y en la Universidad de Harvard, una tesis doctoral, “IQ and Immigration Policy”de Jason Richwine del Departamento de Políticas Públicas (mayo de 2009), se ha aprobado y publicado recientemente en la que se sostiene que los hispanos en EEUU, procedentes de países de habla hispana, tienden a concentrarse en las clases menos adineradas y con menos recursos de aquel país debido a su supuesta inferior estructura genética, menos desarrollada y de menor calidad –según el autor- que la existente entre la población blanca nacida en EEUU. Para demostrar sus tesis, asume que los hispanos tienen una estructura genética distinta a la de los nativos blancos estadounidenses. Y, al ver que el cociente intelectual (CI) (que es la puntuación obtenida en una prueba diseñada para medir la inteligencia) de los nativos blancos es superior a los de los hispanos, concluye que la supuesta inferioridad de los hispanos se debe a su inferior estructura genética. Es sorprendente que esta tesis haya sido aprobada en uno de los centros que tienen mayor prestigio en el mundo académico estadounidense.

Los errores y falacias de este estudio son múltiples, comenzando por asumir una estructura genética propia de los hispanos, un grupo que, más que étnico, es cultural, que se caracteriza por su enorme diversidad genética. Este supuesto de uniformidad genética, en sí, es una valoración enormemente subjetiva, con tonos racistas claros, lo cual es confirmado cuando el doctorando atribuye también la pobreza de Latinoamérica a la inferioridad genética de las poblaciones que viven en aquel continente, en comparación a la existente en EEUU entre los blancos, para los cuales el autor también asume que tienen unas características genéticas comunes. Y para llegar a su conclusión, asume también que la calidad y el desarrollo intelectual de una persona se miden objetivamente con la prueba de test del CI, prueba bien conocida por su sesgo clasista, pues mide más la habilidad de respuesta al test que el nivel intelectual, estando determinada esta habilidad por una socialización dependiente del contexto social del individuo.

Que una tesis con tanta debilidad metodológica haya sido aprobada en un centro académico como la Universidad de Harvard dice mucho del clima ideológico que se ha alcanzado en círculos del establishment estadounidense, en momentos de gran dominio neoliberal. Tal dominio requiere una teoría hegemónica, legitimadora y justificativa del enorme crecimiento de las desigualdades. Esta teoría, en la que lo social se presenta como biológico, recuerda, por cierto, a las teorías genetistas del nazismo, que hoy se enseñan sin ningún pudor en algunos centros académicos estadounidenses.

Es interesante que la protesta que este estudio ha generado en EEUU (e incluso dentro de Harvard) haya sido desechada por las autoridades académicas de tal universidad por considerarla un ataque a la libertad de conocimiento y de investigación, libertad que está, por cierto, enormemente limitada en aquel centro (y en la mayoría de centros académicos estadounidenses) como consecuencia de las enormes limitaciones en su diversidad ideológica, estando la ideología de tales centros muy sesgada hacia posturas conservadoras y neoliberales, poco sensibles al pensamiento crítico. En realidad, este panfleto (que se legitima presentándose como tesis doctoral) intenta justificar una estructura de poder que es la que financia, apoya y promueve este tipo de estudios, excluyendo a pensadores críticos de tal estructura y dando el favor, en su lugar, a pensadores que favorecen tal estructura del poder –por muy extremistas que sean.

Articulo de Vicenç Navarro publicado en su blog
Fuente fotografía: http://www.salaescena.es/blog/?p=470